[24 de Marzo – 45 años] Memoria, Verdad, Justicia… y Aprendizaje

El ejercicio de la memoria en tiempos de pandemia debe ser más intenso y saludable que nunca. Un nuevo 24 de marzo asoma como una fecha marcada a sangre y fuego en el calendario nacional contra el olvido, salpicada por las heridas del pasado y los interrogantes del futuro.

Escribe: Germán Giacchero

Con apenas unos días de diferencia, el almanaque desahoga dos fechas dolientes para millones de argentinos. A la del 24 de marzo, con el aniversario número 45 del nefasto golpe cívico-militar, se suma la del próximo 2 de abril, con Malvinas en el horizonte brumoso y lejano.

Más allá de que para algunos solo representen excusas para un nuevo feriado, la mayoría entiende y respeta a su modo el significado y el legado de esos dos huecos en la pared de la historia nacional.

La oscuridad, la tragedia y los espasmos del terror de 1976, más la irracionalidad, la inconciencia y el dolor maldito de una guerra que nunca debió ser. Y que estira sus tentáculos de miseria, locura y muerte entre miles de veteranos y familiares de víctimas del fuego cruzado, el hambre y una vida entregada por la patria.

No por trillada y repetida hasta el hartazgo, la célebre frase deja de tener valor. Menos en tiempo agitados por una pandemia que nos obliga a reflexionar, a aprender de los errores cometidos y a replantearnos la manera como queremos seguir viviendo.

“El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Y a nosotros nos queda mucho trabajo por hacer todavía.

Para que Nunca Más, sea, definitivamente, Nunca Más.

Memoria selectiva

Verdades a medias, justicia parcializada y memoria selectiva es lo mismo que nada. El ejercicio de la memoria debe ser de tiempo completo. No sirve de nada la recuperación del patrimonio del recuerdo de un pueblo si se hace de manera selectiva, haya o no intencionalidad manifiesta en esa acción. Peor aún, si se lo hace para falsear, tergiversar u ocultar hechos, información, datos, historias.

Memoria, Verdad y Justicia son los tres ejes que deben refrescarnos y educarnos para el futuro. Tanto como las atrocidades cometidas por la sangrienta dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976, como por sus nefastas consecuencias, algunas de las cuales se extienden hasta hoy. Cuarenta y cinco años después. La mentira, la injusticia y el olvido son tres pecados que no nos podemos permitir.

Pero tampoco podemos darnos el lujo de coquetear con verdades a medio camino, una justicia paralizada, indolente o injusta y una memoria gelatinosa, que se acomoda según la ley del más fuerte y se desliza cómoda por las oficinas de los mandamases de ocasión.

Hay que pedirle más respuestas al pasado y forcejear menos con los interrogantes abiertos del mañana.

Como dijo Eduardo Galeano, “El pasado dice cosas que interesan al futuro”. Y solo desde el presente, con los aprendizajes del ayer, se puede planificar un mejor futuro.

Claro que, siempre es más simple decirlo, que hacerlo.

Pero, valdrá la pena intentarlo.

Puentes y abismos

Cuando todo esto pase, quedará la memoria. Como una vigía implacable de nuestros actos para sentirnos orgullosos o avergonzados de lo que hemos hecho.

Para sentir que hemos aprendido algo. O que la vida y la cruda realidad no nos han enseñado nada.

Para saber si nos volvimos mejores personas, menos individualistas, más solidarios, menos posesivos, más humanos. O aún nos queda mucho por mejorar, aprender y crecer.

Para entender que las grietas pueden convertirse en cicatrices si sellamos las diferencias.

O pueden crear más abismos si seguimos dinamitando los pocos puentes que nos quedan.

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