Álvaro Garbiglia, el pibe que soñaba con ser ingeniero y terminó construyendo un satélite

Álvaro Garbiglia, oriundo de Chazón, es uno de los ingenieros que participó en la creación del satélite argentino SAOCOM 1B, lanzado al espacio el domingo pasado. Desde su lugar, cuenta cómo llegó a formar parte del proyecto y las posibilidades que representa este avance aeroespacial para el país.

Escribe: Germán Giacchero

El título es una exageración. Eso, seguro, pensará Álvaro Garbiglia, el ingeniero electrónico de 40 años que participó en la creación del último satélite lanzado al espacio por Argentina. Lejos de los flashes, de bajo perfil y poco acostumbrado a las entrevistas, las consultas periodísticas lo tienen a maltraer en los últimos días.

No es para menos. Es uno de los protagonistas de este hecho casi inédito o, al menos, poco usual. No se lanzan satélites todos los días. Menos en plena pandemia, que retrasó un poco la salida. Junto con sus compañeros de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), entre tantos otros, sumó su esfuerzo para que el segundo SAOCOM ya esté en órbita. Menuda tarea, claro.

La exposición social y mediática de su papá Ernesto, intendente de Chazón durante más de dos décadas y dirigente reconocido en el radicalismo, es inversamente proporcional a su deseo de aparecer en las noticias. Pero, no le queda otra. Después de un par de días movidos, dialogó con EL REGIONAL y compartió algo de lo que sabe. O de lo que podemos llegar a entender.

Si hay algo cierto en el título es que quería ser ingeniero. Electrónico, para ser exactos. Lo aeroespacial no estaba en sus planes. Participar en la construcción de un satélite, ni ahí. Tenía cierta inclinación por la robótica, pero la vida lo llevó por otro carril impensado.  

“Un compañero mío siempre decía que su sueño era trabajar en la Nasa. Al final, se recibió de ingeniero, pero terminó en Brasil dirigiendo una agencia de modelos. Yo no tenía muchas pretensiones y terminé trabajando al lado de técnicos de la Nasa que vinieron a Argentina”, comenta entre risas.

El ingeniero posa con la antena construida en la provincia de Córdoba. Es el lado que mira hacia la Tierra.

Garbiglia comenzó a estudiar en 1998 en la Universidad Nacional de Córdoba. En 2004, comenzó a involucrarse en el tema aeroespacial, casi por azar. Llevaba un año y pico de egresado, cuando en 2006 empezó a participar en el proyecto SAOCOM, que derivó en la puesta en órbita en 2018 del 1A, el antecesor del lanzado días atrás desde el legendario Cabo Cañaveral.

“En ese momento, las empresas que vendían los componentes aeroespaciales no estaban en internet como ahora, que hasta te los mandan a tu casa si querés. Hubo muchos cambios en el proceso para desarrollar el satélite. Toda la tecnología que usamos en ese momento hoy está totalmente evolucionada”, comenta sobre los cambios en estos 14 años.

SAOCOM significa Satélite Argentino de Observación con Microondas. “En este proyecto participé desde el principio en el diseño, en los requerimientos, luego, en la fabricación, en las etapas de validación del proyecto”, indica.

“Comencé a crecer en la parte profesional, empecé a tener gente a cargo para la fabricación de los equipos que van en la antena que toma la imagen de la Tierra. Hace 6 años empezamos a fabricarlos. Eso fue para el 1A. En el 1B pasamos a estar a cargo de la antena completa”, explica.

El SAOCOM 1B permitirá obtener datos sobre la humedad del suelo, tipo o densidad de la vegetación y el monitoreo de posibles catástrofes climáticas como las inundaciones.

Álvaro y el resto del equipo que construyó la antena del satélite en Córdoba.

Llega el momento de más preguntas. El ingeniero nativo de Chazón responde de la manera más simple posible.

¿Qué tiene el SAOCOM de particular respecto de los satélites de observación más comunes?

“La mayoría tiene una cámara, un sensor óptico, con distintas complejidades. En el nuestro, el sensor es un radar que envía señales a la Tierra, las recibe, analiza y en base a eso se arman las imágenes. La ventaja que nos da es que independientemente de las condiciones climáticas o si es de día o de noche, podemos tomar imágenes del planeta. Eso no lo pueden hacer los demás. Puede penetrar hasta medir la humedad del suelo, por ejemplo”.

¿La prevención de catástrofes es una de las posibilidades que ofrece?

“Por medio del tratamiento de las imágenes, lo que se obtiene con su antena de 35 metros cuadrados es una cantidad de información que dependiendo de cómo se procesa es el producto que se obtiene. Depende de lo que quieras analizar: si te interesa la humedad del suelo, lo procesás de una forma; si estás en una costa y querés ver la temperatura del agua, lo analizás de otra forma.

Respecto de la prevención de inundaciones, lo que podés medir es qué tan saturada de agua está la superficie de la Tierra en un lugar. Y si ves con otros satélites que va a llover donde la tierra no tiene la capacidad de absorber agua, ese sitio se va a inundar”.

Infografía que muestra las partes y aplicaciones del SAOCOM 1B (Gentileza Clarín)

¿Qué representa para el país este lanzamiento y cómo nos ubica respecto del resto del mundo?

“Son varios los países que tienen este sistema de obtención de imágenes por radar, como Japón, Canadá, Italia. El tema es que de la frecuencia de trabajo de este radar depende el tipo de imágenes que se obtienen. ¿Por qué no hay muchos de este tipo? Porque cuando la frecuencia con la que trabaja es más baja, la antena es más grande, es más costoso el satélite y también ponerlo en órbita. Te lleva más tiempo el desarrollo y es más difícil.

Los dos SAOCOM se construyeron en colaboración con la Agencia Espacial Italiana. En el mismo tiempo que nosotros fabricamos dos, ellos construyeron cuatro. Pero, en otra frecuencia más alta, que les permitía que sus satélites fueran de un tercio del tamaño del nuestro, que pesa unos 3.500 kilos, muy por encima de la media de cualquier satélite estándar que está en los 300 kilos. El costo del lanzamiento tiene que ver con los kilos de masa que vas a llevar al espacio. Son pocos países los que se animan a hacer satélites como los nuestros. Japón es uno de ellos.

Tienen la ventaja que al ser de frecuencia más baja poseen mayor poder de penetración para obtener más información. El hecho de trabajar en conjunto con los italianos nos permite compartir información y obtener otros tipos de productos. Por ejemplo, aplicaciones para medir la profundidad de la nieve en lugares donde puede haber posibilidad de avalancha”.

¿Puede tomar información de cualquier parte del mundo? 

“Por la órbita en la que está, la misma que el 1A, puede tomar imágenes de cualquier lugar. Vamos a poder tomar una imagen del mismo sitio cada 8 días. Con el otro satélite es posible cada 16 días.

Claro que falta para que comience a cumplir su función. La puesta en marcha lleva un proceso largo, ya que cada vez que se prueba una parte, debe estar conectada con una estación terrena, y la conexión es de 15 minutos para intercambiar información.

Tenemos convenios en Noruega, Italia y Perú, con estaciones terrenas para comunicarnos con el satélite y realizar las maniobras. Está funcionando todo bien, ya se ha desplegado completamente. Ahora viene las pruebas de calibración de las imágenes. En el 1A nos llevó seis meses. Una vez calibrado, puede comenzar a realizar su trabajo”.

Pero, los proyectos no se terminan acá…

“Estamos trabajando en el proyecto SABIA Mar, que inicialmente se iba a hacer con la agencia espacial brasileña. Es un satélite de observación, para las costas, los límites marítimos, y se prevé su lanzamiento para 2022. Lleva otro tipo de cámara, no del tipo radar, sino óptico, para observar el mar y las costas”.

Para el final, le pedimos una reflexión al pibe de un pueblo del interior del interior que soñaba con ser ingeniero y que sin proponérselo terminó trabajando a la par de ingenieros de la Nasa.

“Creo que por más que uno no tenga un objetivo muy ambicioso, si uno realmente le pone esfuerzo y ganas a lo que hace, puede lograr cosas importantes. Yo logré mi crecimiento personal y profesional, y los vínculos que fui creando y las personas que conocí, más allá de los avances de la tecnología, son de lo más importante que conseguí. Yo jamás me imaginé que podíamos llegar a terminar un satélite de este tipo. Sin embargo, lo hicimos. Los logros vienen solos, si se pone esfuerzo y ganas”.

  • Mirá el video del lanzamiento, por si te lo perdiste:
Fuente: Telam

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