Comercios y sus horarios: ¿¡Camino a una lenta agonía!?

Escribe: Miguel Andreis

“Firmo contrato para que la cuarentena termine el 15 de septiembre…” expuso un alto funcionarios del Gobierno de la Provincias de Buenos Aires. Una definición que sonó bastante incómoda a los oídos del ciudadano común. Por decirlo con mayor puntualidad, el de aquel que debe subsistir en un océano de turbulencias silenciosas que le fueron cambiando la vida hasta condenarlo a un desmoronamiento en su vida económica, familiar y social.

En este ámbito podemos encerrar -perdón por la palabra- a comerciantes pequeños y medianos, seguramente que no se salvarán aquellos de una escala más alta.

Los responsables de manejar nuestras vidas son los integrantes del Centro de Operaciones de Emergencias (COE). Dicho ente se creó en el orden nacional, provincial y municipal, luego de la declaración de la Pandemia del CoronaVirus.  Más allá que no se oculta a las personas que los integran, no están dentro del GPS del ciudadano común. Desconocen quién o quiénes bajan las órdenes para que ellos -nosotros- hagamos lo que nos imponen. Son quienes en nombre de la ciencia estructuraron la cuarentena y los manejos de la misma. Seguramente con aciertos y errores.

La fatídica paralización

Desde entonces con este mandato del “aislamiento social obligatorio” nos conminaron a un auto encierro que va para los noventa días y, con las expectativas que se pueda extender más. Juzgar ahora los resultados finales sería impropio. No obstante, el mayor golpe a la economía de todos los tiempos los estamos atravesando en este momento. El después puede ser más gravoso aún.  Ya sea por una exacerbación de las medidas adoptadas, incluyendo la paralización por tanto tiempo del aparato productivo, o respondiendo a fines que podrían estar más allá de la cuarentena propiamente dicha. Si bien aún no se tienen cifras ciertas de las empresas, comercios y negocios que ya no volverán a abrir sus puertas, y menos aún las cifras de desocupados, se calcula, para final del patético año, que la pobreza alcanzará a la mitad de la población y un poco más también.

Viniendo a la geografía de nuestra aldea, es decir Villa María, no vamos a ser la excepción.  Lo llamativo y, que cuesta entender, es el por qué se sigue con un horario comercial que va en contra de nuestros hábitos y costumbres. Insisten con el de 9 a 17 hs. Algunos rubros cierran una hora más tarde. Las voces de un gran número de comerciantes indican que se trabaja, es decir se vende, en un promedio de tres a cuatro horas. El definir tal horario no ayuda ni establece más protección de aislamiento.

Una larga agonía…

Simplemente -lo que no es nada simple- se termina perjudicando al propietario del comercio que observa con desesperación, dos cosas, lo incierto de su futuro, y que las medidas adoptadas se transforman en una larga agonía, y segundo, que la “caja” diaria está en menos de un 40% de lo que se vendía anteriormente. Desde el gobierno responden que seguirán con este esquema, hasta septiembre. ¿? Uno de los factores es inocultable, no hay dinero en los bolsillos -a pesar de lo que la máquina de fabricar ilusiones no se detiene-, y por otro el pánico que se ha sembrado, hace que mucha gente ya se haya acostumbrado a continuar con el encierro. No salen.

El volver de 8 a 12 y de 15.30 a 17.30 hs, ¿¡no sería hora de probarlo¡? El impuesto hasta el momento no alcanza. Por qué no intentar algo nuevo. Retroceder para avanzar.  Encerrarse en un criterio no deja de ser temerario. Quizás, si alguna vez llega la hora de rever definiciones, posiblemente para muchos, ya sea tarde…

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