Controles a los precios y congelamiento de tarifas: ¿sirven para algo?

Escribe: Julio César Nieto

Los cientos y un baches de la economía generó la desesperación del Gobierno por evitar o contener el alza en las tarifas en medio de la cuarentena. La bomba inflacionaria, aún no debe explotar. 

El DNU 690/2020 firmado por el presidente Alberto Fernández, entre otras cosas, declara la “esencialidad” y congelamiento de tarifas tanto para internet como telefonía móvil, hasta el 31 de diciembre. 

El proyecto reabre, el debate inacabado por la eficiencia (o no) en los controles de precio. 

Hace 4000 años

Un prolijo trabajo escrito por los historiadores y economistas Robert Schuettinger y Eamonn Butler, nos enseña que en el Código de Hammurabi (primer conjunto de leyes de la historia descubierto en 1901), el rey de Babilonia, enumeró una serie de leyes a fin de fomentar el bienestar entre su población.

En dicho descubrimiento se encontró la milenaria maña de los gobernantes en controlar precios y salarios, lo cual data de más cuatro siglos antes de Cristo. 

El libro que habla de los 4 mil años de controles de precios y salarios.

La historia se repite 

En nuestro país, la evidencia empírica del último medio siglo en Política Económica, tiene muestras más que suficientes de que los controles de precios o tarifas fracasaron en su iniciativa como respuesta para combatir la inflación.

Pasó con el peronismo (Perón, Isabelita o CFK), el radicalismo (Alfonsín), los militares (Onganía o Videla) e, inclusive, con Cambiemos.

Los controles de precios pueden tener un efecto en el cortísimo plazo, pero más temprano que tarde, dichos controles terminan generando el efecto inverso al deseado. La historia no registra casos positivos en el transcurso del tiempo. Se usa y se usó siempre como manotazo de ahogado.

A modo de reflexión final, y como ya ejemplificó el gran intelectual cubano-argentino, Armando Ribas, es preciso recordar que durante la Revolución Francesa cuando subía el precio del pan le cortaban la cabeza a los panaderos, y mientras más cabezas de panaderos cortaban, más subía el precio del pan. 

¡Téngase presente!

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