Sin anestesia: El que apuesta al peso pierde

Escribe: Julio César Nieto

La dirigencia política siempre advierte sus señales de debilidad cuando la macroeconomía le es adversa.

En 1981, el ex ministro de economía Lorenzo Sigaut, inmortalizó una de las frases más “célebres”: “El que apuesta al dólar pierde”.

Días después, la devaluación llevó a la crisis financiera de 1981/82 que culminó políticamente con la caída de la Junta Militar tras el agravante de la Guerra de Malvinas.

De análogo modo, y salvando las distancias, días atrás el presidente Alberto Fernández volvió a referirse al dólar y les pidió a los argentinos que “se acostumbren a ahorrar en pesos” con el objetivo de dejar la moneda extranjera para la producción.

Lo paradójico, al igual que lo ocurrido con la gestión anterior, fue el salto térmico en el humor social, cuando en los datos presentes en la Oficina Anticorrupción (ver: https://www.argentina.gob.ar/declaracionesjuradasdefuncionarios) las últimas declaraciones juradas disponibles, muestra que sólo cinco de los ministros del actual Gabinete no declaran dólares en su patrimonio.

La economía es un hervidero, y trasciende la pandemia, ya que nos ubicamos en los peores lugares de la región, no sólo reflejado en caída histórica en la actividad económica, la creciente inflación, crisis de deuda o las pérdidas de reservas en el BCRA; sino que además, se le agrega el nuevo índice de pobreza que marcó un semestre con 40,9% de pobres, casi dos millones más que la medición anterior.

En un informe reciente de Statista, arroja, sin contabilizar a Venezuela, que Argentina es el país de la región en el que más se devaluó la moneda durante la pandemia.

El peso argentino sufre crónicamente un declive cada vez mayor.

Para tener una idea, desde 1883 a la fecha le fueron extirpados trece ceros. Así, por ejemplo, un peso actual equivale a 10 billones de un peso de 1883. Lo que muestra que el precio del peso cayó por un tobogán.

A esta merma, contrario a lo sugerido por el Gobierno, se le suma la caída en los plazos fijos en pesos, donde, según la consulta Invecq, perdieron contra la inflación en 54 de los últimos 70 años.

La caída en la demanda de dinero, consecuencia de la falta de transparencia, confianza y credibilidad es un agravante más en los indicadores en rojo que va dejando la pandemia y que el Gobierno no sabe cómo pilotear.

El ahorrista promedio, que puede o no entender los engranajes del mercado financiero, sabe por discernimiento que apostar al peso, representa lisa y llanamente un “suicidio” financiero.

El corolario es, fue y será siempre el mismo: si quiere ahorrar, huya del peso.

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