El discurso en el Congreso: un candidato en campaña

Escribe: Cristina Pablos

Comencemos por la llegada de CFK al recinto; sin barbijo, contrariando todos los protocolos impuestos por el Ejecutivo. Por eso pudimos ver una sonrisa, tipo a la de La Gioconda, amable, distendida y con un suave balanceo corporal con la música del himno. De vez en cuando le daba una palmadita a Alberto en el brazo, como diciéndole “tranqui, que vas bien, Chirolita”.

En las afueras del Congreso, poca gente, como había pedido el presidente, muchos carteles y un grupo de mujeres con un cartel que decía “Alberto genocida” por promulgar la legalización de la IVE.

El presidente, desde el helicóptero, se trasladó en un auto de la custodia presidencial que, dicho sea de paso, debe $600 mil por multas en CABA.

Desde el saludo que Alberto Fernández hacía, sacando su mano por la ventanilla, haciendo la V de la victoria (no de la vacuna) ya se intuía a quién iría dirigido su discurso y, efectivamente, así fue, le habló a su propia gente, especialmente a la jefa.

Se lo notó menos agresivo que en Méjico o en Yapeyú, pero parecía un chico dando un examen; hasta interrumpió su alocución, contestando a alguien de los presentes: “Sí, me enorgullezco de ser peronista” (no dijo kirchnerista). Yo, al menos, escuché un mensaje con cero humildad y autocrítica. Del plan de vacunación ni habló.

Un discurso con muchos proyectos, pero sin ningún plan para lograrlos, quedaron sólo en una expresión de deseo. Siempre, como acostumbra, echándole la culpa de todos los males a Macri (que alguna parte tiene): en un discurso de más de 1.600 palabras, fue Macri la que más mencionó, mientras que corrupción, inflación, inseguridad o narcotráfico no se escucharon, sí dijo que autorizaría el cannabis para uso medicinal.

Hizo uso del vocabulario inclusivo (todes, niñes). Abundó en críticas a la oposición, a los medios “hegemónicos”, a los intelectuales que hablaron de “infectadura”, a los banderazos, pero se olvidó de mencionar los piquetes, el velorio de Maradona y las marchas de los pañuelos verdes y celestes.

Invitó a desterrar el odio en un discurso que lo atravesaba. Mintiendo, nuevamente, con que quería una Argentina unida, lástima que sus palabras agrandaron la grieta. No se olvidó de mencionar a los “arrepentidos pagos”, ni de la tragedia del Ara San Juan (siempre revolviendo en el mismo fango).

Sus últimos 20 minutos se los dedicó a la Justicia, especialmente a la Corte Suprema; haciendo gala de su poca caballerosidad, sin nombrarla, aludió a la juez Highton de Nolasco, diciendo que ya tendría que estar jubilada. Los amonestó porque no pagan impuesto a las ganancias: ¿él y CFK lo pagan?

Dijo que el Congreso asumirá el control del Poder Judicial: ¿no es Alberto Fernández profesor de Derecho? ¿Y la división de Poderes? Amenazó con una querella criminal a Macri por haber tomado tanta deuda del FMI, con unas expresiones que también involucran al Fondo. ¿Nadie le dijo al presidente que dos de tres partes de ese préstamo eran para pagar deudas asumidas por CFK?

Habló de federalismo sin hacer ninguna alusión al autoritarismo formoseño; para practicar el federalismo hace falta equidad en el trato con TODAS las provincias, ya sea en el reparto de vacunas como de fondos.

Instó a la unión nacional, al finalizar, en un discurso que invitaba a todo lo contrario.

Yo, particularmente, no sentí que fuera MI presidente el que me hablaba. Me pareció más un candidato en campaña.

1 comentario en “El discurso en el Congreso: un candidato en campaña”

  1. Es todo negocio político, la oposición también lo hace, pero…, en una de esas el pueblo se cansa y ya no acepta más sanata barata, el hablar mucho sin decir nada termina mal, y no estamos muy lejos de que se nos venga un gran disturbio entre los argentinos, y esta casta de políticos y sindicalistas de tres al cuarto que mal (desde siempre) hemos sabido elegir, no va a ser excepción en la salvación.-

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