El funcionario que hizo (casi) todo mal

Escribe: Germán Giacchero

No cabe dudas de que Franco Graglia no tuvo mala intención cuando decidió traer desde Buenos Aires a un joven villanovense que había sido dado de alta por Covid-19. Y que volvió a dar positivo el pasado viernes 3 de julio.

Nadie pone en discusión cualidades como su bondad y su sentido humanitario.

Pero pecó de ingenuo si pensó que su accionar no le traería consecuencias en su faz personal como en su rol como funcionario público.

No solo porque incumplió casi todos los protocolos de rigor y pasos a seguir que todas las instancias gubernamentales, incluso la municipal que él integra, vienen machacando desde hace rato al resto de los mortales bajo pena de detención, imputación y condena judicial, además del veredicto social que no suele absolver a los “culpables” de antemano.

Más allá de los resguardos que dijo y pudo haber tenido, no cumplió a rajatabla en el traslado en su auto particular con las normas de bioseguridad exigidas para este tipo de casos, no notificó a las autoridades sanitarias (COE Regional) y la llegada a la ciudad no fue dada a conocer a la comunidad villanovense, como sí aconteció en casos anteriores.

Quizás ignoró, evitó pensar o creyó que sobre él no caería el peso de la misma ley que salió a perseguir a infractores sin barbijo o “locos sueltos” en las calles sin permiso en el celular, que metió tras las rejas a miles de personas por violar la cuarentena, imputó a tantas otras y ya acopió en su haber algunas condenas contra los “rompeconfinamiento” con una celeridad inédita.

Pecó de ingenuo también, si cabe el término, porque es nada menos que el hermano del intendente de la segunda ciudad del departamento, que trabaja en conjunto con la ciudad vecina y hermana mayor en la configuración del COE Regional.

El mismo ente al que se le ocultó la información y que terminó presentando la denuncia a la Justicia que derivó en su imputación y en la del vecino que lo acompañó más de 500 kilómetros a poco más de un metro de distancia, desde la mayor zona roja del país.

Y, sobre todo, si pensó que este desliz no le iba a pasar factura y no iba a desencadenar un costo político que derivará, según algunas versiones, en una casi cantada eyección del cargo que ocupa en el gabinete que lidera su hermano mayor. El intendente que, según su propio hermano, estuvo al tanto del viaje desde el primer momento.

La mancha también decora las paredes del despacho del jefe comunal, que intentará ser interpelado por la oposición y que, por lógica, debería dar algún tipo de explicación. ¿Pensaron ambos que saldrían ilesos de esta cruzada que permaneció oculta por unos días? ¿O directamente no lo pensaron?

La cuestión no pasa por su calidad de persona y está fuera de discusión sus valores éticos y morales. No se trata de escrachar o crucificar a Graglia. Todo lo contrario. Este texto es una invitación a la reflexión.

Que los testeos que se le realicen a él y sus contactos estrechos, como marca el protocolo, arrojen resultado negativo, tampoco lo eximirá de sus obligaciones como autoridad municipal en un momento tan delicado, cuando a todos sus conciudadanos se les exige un gran esfuerzo.

Tal vez solo haya sido una acción inicial apresurada que derivó en un acto de irresponsabilidad para su rol de funcionario público.

Un acto que, a pesar de la buena acción con el prójimo, le está costando demasiado caro.

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