Esos raros pelados nuevos: moda, necesidad y prejuicio social

Cuando escribí esta nota, hoy con algunos agregados, tenía unos años menos, pero bastantes pelos más que ahora sobre mi cabeza. Claro que, desde entonces, poco y nada ha cambiado en la materia. La moda de los pelados se acentuó con el paso del tiempo, un poco por gusto y otro tanto por necesidad. Sin embargo, a pesar de las promesas de la ciencia, la cosmética y los charlatanes, la calvicie no encuentra remedio y sigue siendo resistida por hombres y mujeres.

Escribe: Germán Giacchero

Sin pelos en la cabeza. Es el raro privilegio que compartieron con disgusto Aristóteles, Luis XIII, Julio César y el padre de la medicina, el griego Hipócrates.

El emperador romano ocultaba su calvicie -o por lo menos trataba- detrás de una corona de laureles, mientras que Hipócrates creó una poción que sólo lo dejó más calvo que antes.

El rey francés lo hizo más fácil: obligó a sus súbditos por decreto a llevar largas pelucas rizadas. Fue cuando estos postizos se pusieron de moda.

Cualquiera de ellos hubiera visto con envidia la pretendida insolencia con que lucen en pleno siglo 21 sus cabezas rasuradas desde estrellas de Hollywood como Bruce Willis hasta eximios deportistas que, como David Beckham, embolsaron millones sólo por pasarse una Gillette sobre el cuero cabelludo.

Pero, sea por necesidad, rebeldía, dinero o por una simple elección de vida, ostentar el cráneo al estilo Homero Simpson se ha convertido desde hace algunos años en el último grito de la moda. O, en todo caso, para ser más precisos, el último “cabezazo”.

Y pelados sobran por todos lados, famosos y no tanto. Desde el Indio Solari y Gustavo Cordera, hasta el Pelado López y el Pelado de Crónica TV, pasando por el chef Germán Martitegui, el actor Vin Diesel y el exbasquetbolista Michael Jordan, entre tantos otros.

¡Pelados del mundo, uníos!

¿Invasión de skinheads (cabezas rapadas) desideologizados?, podría preguntarse alguien. Poco probable. La alopecia o calvicie no reconoce fronteras, religión o condición social: afecta a más de la mitad de los hombres y en el 95% de los casos se trata de una condición genética. ¡Pelados del mundo, uníos!

Las estadísticas más alarmantes indican que dos de cada tres varones y una de cada cinco mujeres sufren de pérdida del cabello. Cada persona posee en forma aproximada más de 100 mil pelos que se renuevan constantemente, pero con la calvicie se llegan a perder ¡100 cada día!  Vayan sacando cuentas.

Lo peor del caso es que el proceso es irreversible y, por más remedios y soluciones mágicas que hayan aparecido desde la antigüedad, sólo existen algunos fármacos que retardan la caída.

Claro que siempre se puede recurrir a distintos tipos de artilugios para ocultar incipientes o frondosas peladas. Hay un surtido mercado de ofertas anticalvicie: algunas más serias, otras más disparatadas, pero todas con el mismo inútil resultado final.

Ni la ciencia, con sus implantes pelo por pelo y sus estudios que van desde los intentos de regeneración de los folículos capilares hasta la comprobación de supuestas condiciones de los pelados como hombres dominantes, exitosos y sexis; ni la cosmética con sus tónicos milagrosos; ni los tantos charlatanes que pululan por doquier le han podido encontrar una cura definitiva al mal de muchos, consuelo de algunos y despreocupación de otros.

El tradicional peluquín y diversos tipos de postizos son los más utilizados, junto con los implantes o injertos de cabellos en la zona afectada. Se dice -muy a pesar de algunas adolescentes y señoras maduras- que artistas como Julio y Enrique Iglesias, el “Puma” Rodríguez, Al Pacino y Ben Affleck hicieron uso de las bondades de estos productos.

Y, aunque todavía son muchos los que se resisten a los embates de la calvicie, otros ya se han resignado a perder el pelo -tal vez no las mañas- y adoptan el look en boga. “Si no puedo ser peludo, al menos pelado”, afirman.

Intolerancia encubierta

Paradójicamente, portar un cráneo desprovisto de cabellos es un estilo impuesto por  aquellos que menos deben preocuparse por la pérdida de su melena. Moda que los pelados históricos han aprovechado para presentar en sociedad y reconocer sin tapujos su calvicie. Claro que, ahora, con tanto pelado suelto resulta complicado diferenciar entre aquellos que lo hacen por gusto o de mala gana.

Esta práctica se repite sobre todo en los varones jóvenes, grupo etáreo cada vez más afectado por la alopecia. Incluso, se han dado casos de calvicie prematura en adolescentes de 15 ó 16 años. Los especialistas señalan que en esto influyen el medio ambiente, el estrés y el factor genético. Y, por qué no, los efectos físicos y psicológicos de la pandemia, la cuarentena y las crisis de todos los colores que nos acompañan desde hace lustros.

Pero, lo que a simple vista se muestra como una simple tendencia acentuada por los medios de comunicación, la moda y las renovadas costumbres socioculturales, en realidad esconde un nuevo prejuicio de una sociedad que se muestra incapaz de soportar los “defectos” físicos y que, por eso, trata de disimularlos.

Así, aunque parezca algo extraño, una cabeza desnuda no es más que un disfraz socialmente aceptado para ocultar lo evidente, que sos pelado o te estás quedando.

No es más que una máscara que encubre una calvicie natural con unos pocos pelos locos -y de supuesto mal gusto- y expone una pelada aceptada por el resto de la sociedad.

De todas formas, aún en la adversidad, se puede optar por estar prisionero de la moda o aprovecharse de ella, o bien disfrutar sin problemas de la vida. Es preferible disponer de poco pelo sobre el marote que escasa materia gris en la sesera.

Aunque esta nota ocupó toda una página, dicen que la vida de un pelado puede ser narrada con sólo cuatro palabras: “Había un vez… cabellos”. Y si alguien se sintió molesto por alguna apreciación, no se preocupe. Quien esto escribe aparece entre los que se les caen varios cabellos por día.

Y, más temprano que tarde, retornará al look que impone la tendencia de (parafraseando a Charly García) esos “raros pelados nuevos”.

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