Estudiantes y bomberos: una vida entre exámenes y los peores incendios

Escribe: Germán Giacchero

 Por herencia o “mandato” familiar. Por haber vivida una experiencia traumática con el fuego. O, simplemente, por la vocación o el impulso por ayudar a los demás. Pueden ser estas y tantas más las razones por las que alguien abraza la sacrificada labor de bombero. Sin horarios, ni honorarios, como reza el lema que los identifica.

Los hay de todas las edades, profesiones y oficios. Es un universo prácticamente copado por hombres, aunque en los últimos años las mujeres vienen ganando terreno e, incluso, ocupan puestos jerárquicos.

Más allá de la familia, las ocupaciones y la vida cotidiana en general, nunca dejan de ser bomberos. Y el deber puede llamar en cualquier momento. Como ocurre cada invierno, cuando azotan los incendios forestales en las serranías cordobesas.

Es entonces que delegaciones de distintos cuarteles de la región parten a distintos puntos de la geografía serrana para colaborar en las numerosas batallas contra el voraz fuego que intenta consumir todo lo que encuentra a su paso.

En EL REGIONAL ya hemos reflejado los hechos y las historias que grafican esta loable entrega por los demás.

Estudian y ayudan

Entre las filas bomberiles hay jóvenes que en su vida diaria son estudiantes universitarios. Pero cuando el deber los llama, también están entre quienes se calzan el traje, las botas y el equipo necesario para asistir y socorrer en lo que haga falta.

Combinan exámenes parciales y finales con las prácticas en el cuartel; a las clases virtuales en la “Facu” o la “Uni” suman sus aprendizajes como bomberos, y hasta han llegado a estar en la primera línea de combate contra el fuego serrano. Que tienen todo de real y nada de virtual.

En este espacio vamos a exponer la historia de tres estudiantes universitarios de Villa María y la región, que también se desempeñan como bomberos. No son los únicos, claro. Pero son el reflejo del espíritu comprometido de muchos jóvenes con la sociedad.  

Sofía Haldemann

Ana Sofía Haldemann fue la protagonista de una de nuestras portadas. Una foto donde se la ve realizando maniobras en pleno incendio serrano se viralizó y llegó hasta medios nacionales.

Cumplió 35 años el 22 de agosto pasado. Oriunda de Bell Ville, estudia Licenciatura en Diseño y Producción Audiovisual en la Universidad Nacional de Villa María (UNVM).

Se incorporó al Cuartel de Bomberos de Villa María el año pasado, después de estar ocho años como bombero en su ciudad natal. “Soy una mujer bombero”, así le gusta definirse.

En su caso, lo de ser bombero es algo casi natural, una cuestión de familia. Su padre, Federico “Perico” Haldemann, sigue en actividad en el Cuartel de Bell Ville. “Fede”, su hermano, también fue bombero hasta hace poco tiempo. Como si fuera poco, conoció a un villamariense, que también resultó ser bombero.

Ella, con una simpleza y una entrega conmovedora, lo resumió así: “A mí lo que me motivó a ser bombero es ayudar a la gente, no encuentro muchas más explicaciones”.

Agustín Barra

Estudiante de Agronomía en la UNVM, tiene 22 años, es de Las Junturas y pertenece al cuartel de su pueblo. Ingresó a los 9 años como aspirante menor, a los 16 pasó a ser aspirante mayor, y a los 18 anos cumplió el sueño de ser bombero.

“Como todo nene que quiere ser bombero, subir a la autobomba, ponerse ese traje tan bonito, yo puedo decir que cumplí el sueño de serlo”, dice a EL REGIONAL.

En su caso, el motivo principal para enrolarse entre los servidores públicos fue “ayudar a cualquier persona que por desgracia necesite de nuestro servicio, que mediante la capacitación y práctica podemos hacerlo eficaz”.

Días atrás, el Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Básicas y Aplicadas enfatizó su posición como “estudiante comprometido” por su participación en los incendios de las sierras cordobesas.

“Resulta trascendental destacar la labor de nuestro estudiante en una actividad tan comprometida”, indicaron desde el Instituto.

“De la experiencia en las sierras destaco el tremendo compañerismo entre colegas de las distintas regionales. Me sorprendió mucho el trabajo de los aviones hidrantes y otro de los factores que me emociona es el apoyo de la gente. Te da fuerzas y aliento para seguir adelante”, finalizó.

Victoria Lerda

Victoria tiene 18 años, es estudiante de Bioquímica en la Universidad Nacional de Córdoba y se desempeña como bombera voluntaria en el cuartel de Ticino, la localidad donde vive.

Su acercamiento a este oficio solidario fue por un suceso particular. “Después de lo que pasó con mi casa, que se quemó, me interesó unirme para ayudar a los demás, poder prevenir, hacer charlas sobre RCP, que es importante. Hace dos años que estoy en el cuartel”.

“Desde que estamos en cuarentena y estudiando a distancia he participado en algunos siniestros. Uno de los casos fue cuando en medio de un trabajo de la Facultad debí abandonar porque nos convocaron para sofocar un incendio. El profesor entendió porque sabía que era bombera”, contó.

En el cuartel donde participa tiene un compañero que también se encuentra estudiando, Agustín Pérez. Además, una compañera de curso oriunda de Ordóñez también actúa como bombera en su localidad.

No son los únicos casos, claro. Solo tres ejemplos que demuestran el compromiso, la solidaridad y la entrega personal en beneficio de los demás. En una época donde a los jóvenes se los acusa, precisamente, de la carencia de muchos de esos valores. Presentes por su condición de bomberos, pero, sobre todo, por su calidad humana.

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