Grandes tragedias: el barco que se hundió antes de zarpar

Escribe: Julio A. Benítez (benitezjulioalberto@gmail.com)

“El naufragio del “Titanic”, ocurrido el 14 de abril de 1912, y el hundimiento del “Lusitania” tres años después, causaron estupor a comienzos del siglo veinte.

Sin embargo, apenas a diez semanas de la tragedia de este último buque, una nueva catástrofe naval volvió a horrorizar a los estadounidenses, cuando lo que iba a ser un apacible crucero fluvial se convirtió en otro naufragio. Los barcos fluviales son las embarcaciones que pueden navegar únicamente en ríos o lagos.

El 24 de junio de 1915, la compañía “Western Electric” había decidido organizar una excursión en barco desde Chicago hasta un pequeño parque situado en el lago Michigan, para los empleados y sus familias, y había fletado cinco buques para transportar a más de siete mil personas.

A partir de las siete de la mañana, comenzaron a subir a bordo del Eastland los pasajeros que habían sido asignados a ese buque, un total de 2.573 personas. Dicho barco estaba diseñado para albergar a unos dos mil quinientos pasajeros, además de la tripulación.

Los momentos previos a zarpar eran de emoción. En la cabina principal, una banda de música, igual que aquella que tocaba en el Titanic, amenizaba el tiempo de espera mientras subían los pasajeros.

Minutos de muerte

La llovizna que refrescaba aquella mañana de julio había hecho que muchos niños y sus madres buscasen refugio bajo la cubierta, aunque los más atrevidos se agolpaban en la misma intentando encontrar un buen sitio de travesía. Todo parecía listo para poner el barco en funcionamiento y comenzar el crucero fluvial hasta el parque del lago Michigan.

Entre las 07.10 y las 07.15 de la mañana, con el Eastland prácticamente lleno, comenzó a ladearse ligeramente, aunque al principio nadie se alarmó por esta circunstancia. Sin embargo, unos minutos después, a las 07.23 ya el buque estaba más escorado.

La inclinación propició que el agua comenzase a entrar por las pasarelas abiertas y llegase hasta la sala de máquinas, que la tripulación, sabedora de la calamidad que se avecinaba, abandonó dicho lugar para salir a la cubierta del barco.

A las 07.28, el Eastland se encontraba ya inclinado en un ángulo de 45 grados, provocando que en el interior del buque se desplazaran violentamente los muebles, sembrando el pánico entre los pasajeros y a las 07.30 estaba ya completamente ladeado sobre las aguas del río.

Había girado tan rápido que no se pudo hacer nada para seguir los protocolos de salvamento. Los más afortunados pudieron subirse encima de la barandilla de estribor y caminar por el casco del barco hasta tierra firme. El resto se vio atrapado en una pesadilla.

Rescate y horror

Un reportero del “Chicago Herald” relató así el trágico momento: “En un instante, la superficie del río estaba negra, con gente luchando, llorando, asustada, ahogándose…”. Los que estaban en la orilla no daban  crédito a lo que veían y muchos intentaron socorrer a los náufragos. Se vivieron escenas de verdadero horror en un lugar de apenas seis metros de profundidad.

A las 8 de la mañana, la mayoría de los supervivientes habían sido sacados del río y estaban siendo atendidos por los sanitarios, pero quedaba la parte más dura… rescatar los cuerpos de aquellos que no habían tenido tanta suerte.

Llegó enseguida un cuerpo de buzos para comenzar la penosa tarea de sacar los cuerpos atrapados en las entrañas del barco y, hacia el mediodía, comenzaron a subirlos ante el estupor de aquellos que estaban presenciando la escena.

Poco a poco, los cadáveres fueron llevados a un recito cercano perteneciente al ejército, donde se colocaron en filas de 85 cuerpos para que se pudiese proceder a su identificación.

Cerca de la medianoche se permitió el ingreso de los familiares para el reconocimiento. A medida que el improvisado y enorme depósito de cadáveres se fue llenando de personas buscando a sus familiares, los llantos de dolor invadieron la noche de Chicago.

En apenas media hora, el desastre había arrojado una horrenda estadística. En el naufragio habían perecido 844 pasajeros, superando la cifra de víctimas del Lusitania con 785 muertos. Pronto se creó una comisión de investigación para esclarecer los motivos de esa tragedia y, tras los funerales de las víctimas, se iniciaron las pesquisas.

Qué ocurrió

Harry Pedersen, capitán del Eastland, el ingeniero jefe Joseph Erikcson y otros miembros de la tripulación fueron detenidos y llevados a declarar sobre lo ocurrido. El mismísimo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, se interesó por el caso y mandó al secretario de Comercio, William C. Redfield, para que se hiciese cargo de la investigación.

Durante los veinticuatro años que duró el litigio, se investigó acerca de lo sucedido y, finalmente, la muerte del ingeniero jefe, Erikcson, proporcionó el chivo expiatorio perfecto, al declararlo culpable del mal manejo de los tanques de lastre situados en la bodega para enderezar el barco y evitar el desastre. Los restantes implicados fueron absueltos.

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Fama de mala suerte

Construido en 1902 para realizar travesías fluviales, el Eastland había adquirido fama de barco de “Mala Suerte”, cuando en 1904 casi se hundió con tres mil personas a bordo. La mala fama aumentó, cuando en 1906, de nuevo, estuvo a punto de zozobrar. Pero no fue la mala suerte la que produjo esta tragedia, sino que fue otro el factor que puede resultar irónico.

Tras el naufragio del Titanic, en el que se comprobó que no hubo salvavidas suficientes, el Congreso debatió la necesidad de aumentar el número de botes. Algunas voces se alzaron para alertar que ese sobrepeso podría ser perjudicial para los barcos fluviales. Sin embargo, el presidente Wilson, en 1915, firmó la “Follete Seaman’s Act”, una ley en la que se materializaba dicho proyecto.

El Eastland, diseñado para llevar seis botes, cargaba once, más treinta y siete balsas salvavidas, sin que se hubiera realizado un estudio previo acerca de cómo afectaría ello al sobrepeso del barco. Paradójicamente, esta obsesión por la seguridad de los pasajeros fue lo que produjo que el barco se inclinara hasta zozobrar, atrapando en sus entrañas a personas que tenían planeado un día de excursión.

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Fuente: “Tragedias de grandes buques”, es.gizmodo.com,

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