[Historias] Cambiar de padre

Bruno Conti, era un tano extremadamente travieso. Vago e imaginativo como pocos y siempre dispuesto a enganchar a quién se le cruzara. La cuestión era sobrevivir sin importarle los medios.

Escribe: Miguel Andreis

En las décadas del cincuenta y sesenta era muy común que en pleno centro de la villa, por la avenida Irigoyen, y cerca de la estación de colectivos, se movilizaran incontables vendedores ambulantes, ofreciendo los productos más impensados. Muchos de los “ofertadores” oficiaban de grupines en los remates que se realizaban semanalmente. Eran los encargados de levantar los precios del objeto en subasta donde la principal clientela se nutría de los campesinos de la zona o los que se bajaban del tren.

Por allí solía verse a un hombre con una víbora enroscada al cuello, con una valija cargada de chucherías que eran desde relojes que funcionaban, en el mejor de los casos, dos días, hasta pelapapas inmanejables para los adquirientes. Nada que sirviera. Bruno formaba parte de aquella banda de embaucadores. En la calle Buenos Aires abrieron una sucursal de una importante zapatería de Buenos Aires. El encargado y los vendedores eran porteños y poco conocían de la ciudad y sus habitantes.

Eiii “Carpi” ¿no querés ganarte unos mangos?

Bruno se encontraba seco de raíz. Apenas unas monedas en el bolsillo no alcanzaban para nada. O tal vez para muy poco. La preocupación de andar sin efectivo no hubiera significado nada si no fuese que ese fin de semana se casaba la hermana del Toro Furlán, chaqueño que vivía en Villa Nueva. Conti, precisamente, presumía a la amiga de la novia. El traje se lo prestó un pariente de Chichín Donoso, aquel famoso lustrabotas que quedara curco por una sífilis mal curada. El problema se presentaba con los zapatos. No podía llegar a la fiesta con los tenía ya que de abajo andaban bastante flojos de suela, cartón con cartón y a esquivar los puchos. El Carpincho, que vivía con la madre y cinco hermanos, apenas con siete años, se ganaba la vida vendiendo rabanitos y atados de acelga.

Es mi salvación, pensó Bruno al verlo. “eiii Carpi, ¿querés ganarte unas chirolas?. Y además te compro un helado. Te espero esta tarde en la parada de los mateos. Eso sí, lávate bien y pónete las mejores pilchas”.

Las mejores pilchas del Carpincho no variaban mucho de las que portaba. Con las solitarias monedas que le quedaban en el bolsillo le compró (a cambio del helado) dos enormes masas a don Carmelo, parado con su carrito frente a Baravalle.

Enfilaron para la zapatería de la calle Buenos Aires; “Vos entrás conmigo, te sentás y te quedas piola. No hables ni te muevas” le indicó Bruno, que poseía una parla de gran convencimiento. Bien perfumado y con saco Conti era todo un señorito. Los solícitos vendedores se entrecruzaron para atenderlo. “Carpi” se sentó en un rincón y comenzó a devorar las masas. “Mire, le impuso una tonada bonaerense, estoy de paso y ando buscando unos lindos timbos. Vamos a un casamiento a Oliva, sabe…”.

Una manera económica de comprar

Una y otra caja bajaban de la estantería. Veinte minutos de minuciosa selección; a cada rato le dirigía unas palabras a Carpi como para hacerlo participar de la elección. Bruno se dirigió al encargado diciéndole: “Tengo a mi señora en el auto estacionado en la esquina y me gustaría mostrárselos para ver cuál le gusta. Por favor acompáñeme. Al pibe lo dejo acá” señaló mientras apilaba en un rincón a los timbos viejos y se cargaba tres cajas. “Vaya nomás, faltaba más. Del chico nos encargamos nosotros”

Pasaron diez minutos, veinte y salieron afuera para ver qué le ocurría al comprador que no regresaba. A la media hora ya dieron una vuelta a la manzana. Llegaron a lo Fenés y Berrini a preguntar… Carpincho inmutable y ajeno a la secuencia, jugaba con un calzador. El encargado, que no disimulaba su incomodidad, ya fastidiado preguntó: “Oíme pibe ¿Adónde se fue tu papá?” “Qué sé yo, respondió, mi vieja cuenta que se fue con otra mina hace mucho”. “Pará, pará, cómo que se fue con una mina si vos viniste con él”. “No. Ese no es mi viejo, es un tipo que me dijo que si lo acompañaba a comprarse zapatos y me regalaba unas masas”…

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