[Historias] Cuando la quiniela clandestina era “dueña de la ciudad”

Del archivo del periódico Centenario Nº 33 del 28 de febrero de 1970 rescatamos este texto. Veamos qué ocurría en nuestra ciudad respecto de un flagelo de la época, la quiniela clandestina.

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

“El juego es un mal endémico que subsiste a través del tiempo enquistado con mayor o menor intensidad en la economía de los pueblos, que, en la medida del aumento de la población se hace más difícil su erradicación.

En Villa María, ciudad no muy grande, la QUINIELA se enseñorea abiertamente sin que hasta la fecha la labor policial haya dado resultados concluyentes, excepto según los partes diarios, la detención esporádica de simples levantadores.

Nadie ignora quienes son los responsables de la permanencia y expansión de tan execrable vicio, engendro que aprovecha la debilidad, ilusión o necesidad de los apostadores, para terminar llenando las arcas de los BANQUEROS, quienes hasta la fecha desarrollan sus actividades sin traba alguna, no están fichados, conocen sus domicilios y teléfonos.

Esta situación hace que los comentarios de la calle en nada preocupan a las autoridades, ya que no toma el asunto de raíz atacando el mal en sus bases de origen, LA BANCA, eso se espera ocurra definitivamente.

La prostitución

Otra lacra imperante en Villa María, la PROSTITUCIÓN, los que explotan LA TRATA DE BLANCAS, existiendo la ley de Profilaxis Social, los clandestinos proliferan en la ciudad, en consecuencia, ha llegado el momento de preguntar ¿QUÉ PASA, que poder tiene esta gente que vive al margen de la ley?

¿O es que son INTOCABLES de 1970 con varita mágica para no ser molestados?

Además, y como noticia extraoficial del chusmerío en general, se habría establecido otro BANQUERO DEL JUEGO, recién llegado y que correspondería a su identificación como “Tito, el rosarino”, quien trabaja por ahora en la calle.

Cuando usted vea a alguien desconocido que camina por el centro moviendo la cabeza como una lechuza, es él, que observa la presencia de la policía, que todavía no lo conoce… y tal vez, como pasó siempre, no lo conocerá nunca.

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