[Historias] La hazaña de unir Buenos Aires con Nueva York en auto… hace casi 100 años

Escribe: Julio Alberto Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

En un automóvil modelo Campeón de la marca Chevrolet, los hermanos Andrés y Adán Stoessel,  acompañados por el mecánico Humberto Tontini y su ayudante Carlos Díaz, partieron desde la localidad de Arroyo Corto, cerca de Pigüé, provincia de Buenos Aires, el 15 de abril de 1928,  para iniciar el viaje que por muchas décadas  fue el más extenso realizado por el hombre, en auto, por arenales, bosques, barros, montañas, salinas, desiertos, ríos, lagunas y todo lo que se les cruzara en el camino.

Y no era un viajecito sencillo, de paseo o para ir a pescar o cazar. Ellos querían llegar nada menos que a la ciudad de Nueva York, viaje en el que les pasó de todo: robos, inundaciones y detenciones por falta de papeles.

Al vehículo lo compraron en la agencia de ventas de dicha marca de la empresa Faure Hnos., de la localidad de Pigüé, con motor 4 cilindros en línea, de 2.800 c.c., potencia 25 H.P. y 2.000 rpm., y, además de otros elementos, cargaron 43 cubiertas de repuesto.

Está todo acreditado en el libro y en el filme “Expedición Argentina Stoessel” y el diario regional “El Mensajero”, de Pigüé, que manifestó en un excelente resumen de esa epopeya y como justo homenaje: “El éxito ha coronado el deseo de estos bravos muchachos, y es orgullo para nosotros por ser los primeros expedicionarios que han salido de Argentina y llegado con el mismo automóvil, sin valerse de otros medios que un buen Chevrolet”.

“Y más aún, si la misma quedó allá lejos, suspendida en la noche de los tiempos,  están esas historias que, por oral, por  la cobertura de los periódicos de la época o la reconstrucción a través de una obra literaria en forma de cuento, llegaron a tener cierta trascendencia, como la de los caballos criollos “Gato y Mancha” que llevaron al intrépido suizo Aimé Félix Tschiffely de Buenos Aires a Nueva York en 1925, que también fue una epopeya tan real como descabellada”.

32 mil kilómetros

La de los hermanos que salieron tres años después, desde el interior de la provincia de Buenos Aires para llegar a La Gran Manzana es menos popular, pero no por eso es menos sensacional y bien podría haberse perdido una vez callados sus protagonistas y contemporáneos (familiares, amigos y gente del pueblo) de no ser por el libro que narra semejante travesía: “32.000 kilómetros de aventuras” escrita por los propios viajeros y una película que ellos mismos registraron durante el viaje.

Primera escala en Rosario, luego hacia el NOA, Bolivia, Perú, donde Díaz abandonó la travesía por motivos “de amor y trabajo” y lo reemplazo un tal Escuderoni. En Trujillo unos bandoleros le llevaron todo lo que pudieron, menos el auto, tal vez no sabían manejarlo.

Al arribar a Quito (Ecuador) ya habían recorrido 9.517 kilómetros en unas 460 horas “útiles” de viaje. En Colombia y a fuerza de machete debieron abrirse paso en la selva rumbo a Cartagena. A Venezuela la atravesaron de noche, para pasar inadvertidos porque era una época turbulenta y fértil para constantes revoluciones.

Al cruzar un arroyo, el auto quedó sepultado bajo agua y lodo y tuvieron que desarmar el motor y dejarlo secar. Transitaron la Nicaragua del “Sandinismo”, territorio hostil topográfica y socialmente hablando. Fue tanto el barro, que tardaron 24 horas para hacer apenas 124 kilómetros.

Un hecho curioso y digno de destacar es que registraron imágenes de Managua, antes de que la capital de Nicaragua fuera destruida por el gigantesco terremoto ocurrido el 31 de marzo de 1931.

En Tegucigalpa, Andrés cayó enfermo 15 días por la fiebre tropical, se salvó de milagro, y para completarla cuando llegaron a México les robaron las cintas de filmación. Y como siempre se puede estar peor, los detuvieron en un control aduanero por no tener patentes el auto y debieron aclarar ante un juez para justificar la falta de documentación; para poder seguir viaje, ese trámite los atrasó 8 días.

En algunas ciudades pudieron exhibir lo filmado hasta el momento y vender copias, lo que les permitió recaudar algún dinero para seguir solventando la travesía.

En Estados Unidos

Arribados al país del norte, visitaron Washington y en la Casa Blanca los recibió el vicepresidente Charles Curtis, porque el presidente Herbert Hoover estaba ausente.

En el destino del raid, pasaron unos días disfrutando de las luces de Manhattan y luego también se dieron el gusto de pasar por Detroit, para visitar la casa matriz de General Motors, donde fueron recibidos por las autoridades de la compañía, que los agasajaron y les mostraron la fábrica, laboratorios y campos de prueba.

Estiman que en total gastaron 6.000 galones de combustible, el equivalente a 22.700 litros. Y también hicieron historia en infraestructura vial porque ciertos trayectos del itinerario de los viajeros sirvieron para el posterior trazado de la Ruta Panamericana.

“Nos despedimos de nuestro Chevrolet, infatigable y heroico compañero de pruebas que, desde aquel momento, tenía reservado un lugar en el Museo de GM de Detroit”, pero lamentablemente no se tienen noticias de su paradero.

Volvieron en un vapor y continuaron su vida en el pueblo, donde vivieron el resto de sus vidas, seguramente relatando a hijos, nietos, amigos y vecinos las innumerables anécdotas de tan formidable travesía.

De los cuatro participantes del inicio, solo los dos hermanos completaron la hoja de ruta.

Mirá el video completo:

Fuente del texto: La Nación

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