Historias: Un encuentro de vecinos de nuestra región con Maradona, el médico de la selva

Julio Benítez, nuestro habitual colaborador, cuenta una vivencia personal relacionada con el encuentro con una persona que conoció al doctor Esteban Laureano Maradona, el “Médico de la Selva”. Y trae a colación el presente que recibió un exintendente de una localidad de la región.

Escribe: Julio A. Benítez (benitezjulioalberto@gmail.com)

Tuve ocasión, hace varios años, de mantener una conversación con el señor Hugo Rubén (Titi) Osa Aldecoa, con residencia en la estancia “La Salada”, ubicada entre Pozo del Molle, Arroyo Algodón y Los Zorros.

“Titi” me manifestó que había conocido al honorable doctor Esteban Laureano Maradona, el “Médico de la Selva”, a quien visitó en su domicilio de Rosario, cuando se estaba reponiendo, ya de regreso de su fecunda labor comunitaria.

En aquel momento le pregunté: “¿Cuál fue el motivo que tuvo usted para conocer al doctor Esteban Laureano Maradona?”.

Esta fue su respuesta:

“La relación con el doctor Maradona comenzó cuando un sobrino mío, José Ignacio Unzueta Osa, conoció a Lucila Maradona, sobrina nieta del famoso médico, de cuya relación nació Agustín (El niño de la foto, junto a su mamá).  

A partir de este punto, me proporcionó el nombre, domicilio y teléfono de otro sobrino nieto del doctor Maradona, el abogado doctor José Ignacio Maradona, domiciliado en Alta Gracia, con quien me comuniqué telefónicamente y ante mi presentación y el motivo de mi llamada, fui atendido amablemente y muy agradecido por querer publicar la honrosa trayectoria de su tío abuelo.

Después nos comunicamos por correo electrónico, por medio del cual me hizo conocer una parte desconocida de la historia de su tío abuelo:

‘En 1986, cuando él había cumplido 91 años, el gobernador de la provincia de Formosa, doctor Floro Bogado, se comunicó para informarme del mal estado de salud del anciano, que estaba en la Terminal de Ómnibus, sin aceptar ayuda para su traslado, diciendo ‘Me vuelvo para morir en mi provincia’.

Fui a buscarlo y lo llevé al domicilio de mis padres, el médico veterinario José Ignacio Maradona y Amelia Berra Aleman, en Rosario. En el viaje me pidió ir a un hospital público… ‘Dónde van los pobres’, dijo.

Fue atendido en el Hospital Provincial de Rosario y una vez de alta lo trasladé a su domicilio, en calle Castellanos 321 de dicha ciudad’.

Fue allí donde Osa Aldecoa y su familia lo visitaron, tal cual se observa en la foto principal de esta nota.

El mismo lugar donde el Médico de la Selva doctor Esteban Laureano Maradona falleció el 14 de enero de 1995, a pocos meses de cumplir los 100 años”.

Los Zorros

“Por otro lado, el exintendente de la localidad de Los Zorros, doctor Julio Piamontesi (1987/2015), tuvo el privilegio de contar como preciado recuerdo con un presente firmado por el doctor Esteban Laureano Maradona”.

Piemontessi (izquierda), en una imagen de 2015, exintendente de Los Zorros.

Quién fue el Doctor Maradona

Parecía una parada más, pero la modorra del convoy se sacudió por los gritos y las manos que se levantaban con más angustia que con aires de bienvenida, clamando, sin mucha esperanza, por un milagro… ellos sabían que en ese tren viajaba un médico… ¡¡¡Por favor, doctor!!!! Gritaban a coro…

¿Qué pasaba? Una mujer estaba por dar a luz, pero el feto estaba mal ubicado, hacía varias horas que tendría que haber nacido el bebé, situación que el doctor Maradona resolvió con buen resultado para la mamá y su niño… pero el tren no pudo esperar… él quedó allí, en medio de la selva.

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En Esperanza, provincia de Santa Fe, el 4 de Julio de 1895, nació Esteban Laureano Maradona. Estudió en la Universidad Nacional de Buenos Aires y en el  año 1926 recibió el título de médico, con Diploma de Honor. Fue filántropo, escritor, historiador, fundador de escuelas, entre ellas de la primera bilingüe del país.

Definió su vida como “Un continuo aprendizaje y una continua superación de desafíos”. Entregó medio siglo de su existencia atendiendo a los aborígenes del norte de nuestro país. La fecha de su nacimiento, como justo homenaje, fue instituida como “Día del Médico Rural”, por Ley 25448 del 27 de julio de 2007.

Ese abnegado profesional era uno de los 14 hijos de Waldino Maradona y doña Petrona Encarnación Villalba Sosa, una familia enraizada en esas tierras; su infancia transcurrió, en gran parte, en la estancia “Los Aromos”, propiedad de sus padres,  en las barrancas del río Coronda y cuando Esteban era adolescente, se trasladaron a la ciudad de Buenos Aires.

Luego viajó a Resistencia donde instaló su primer consultorio en 1927, y en 1930, cuando fue derrocado Hipólito Yrigoyen, sin ser un partidario radical, se dedicó como simple ciudadano a defender al obrero explotado en el Puerto de Barranqueras y comenzó a dar una serie de conferencias en plazas y salones sobre democracia y la nueva ley de accidentes del trabajo, posición que le costó inmediatas persecuciones con la asunción del general Uriburu.

Fue candidato a diputado por el Partido Unitario, pese a que la política le parecía un verso, sosteniendo que:

“Los políticos dicen una cosa y hacen otra, desvirtuando la democracia para hacer demagogia en nombre de ella”. (Sic)

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Hacia 1932, esa persecución le obligó a refugiarse en Paraguay, con apenas una valija con ropa, un revólver 38 y su diploma de médico, justo en el momento en que se iniciaba la Guerra del Chaco Boreal.

Como médico, ofreció sus servicios a las autoridades de Asunción, para atender a los heridos de “Esta contienda desatada por desinteligencias de los que gobiernan” (sic). No le  creyeron, pese a que ofreció sus servicios para curar a  los heridos de ambos bandos, expresando que “El dolor no tiene banderas”. Pese a su buena voluntad, y ante la sospecha de que fuera un espía argentino, fue detenido.

Una vez libre lo enviaron, en un barco, directamente al campo de batalla. Después, al distinguirse por los nobles servicios prestados, fue nombrado Jefe del Hospital Naval de Asunción y allí redactó por vez primera el “Código de Saneamiento Militar”.

 El gran historiador de Paraguay don Scala Pussineri dejó sentado en uno de sus libros que “El doctor Maradona donó todos sus sueldos para los huérfanos y los heridos que dejó la guerra”.

Allí conoció a la irlandesa Aurora Ebaly, de 20 años, sobrina del presidente paraguayo, con quien se comprometió, pero el romance fue efímero, pues la joven falleció el 31 de diciembre de 1934, víctima de la fiebre tifoidea.

El doctor Maradona habría sido el puente de unión para que una comisión europea se pusiera en contacto con las autoridades de Bolivia y Paraguay, para firmar la paz, pero él negó tal intervención.

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Nunca olvidó a Aurora, lo que posiblemente haya sido el motivo de su regreso, viajando en barco hasta Formosa, con la intención de tomar el tren y visitar a un hermano que era intendente de la ciudad de Tucumán, y, luego, continuar a Buenos Aires, a fin de visitar a su madre.

Y así fue, cuando viajaba en ese tren, que se detuvo en ese paraje, vio a  cientos de brazos que pedían un médico. Cuando miró los ojos de esas personas, aborígenes de las cercanías, tobas, pilagás, matacos, mocovíes, criollos, inmigrantes, le pareció que eran como espectros en fuga, miserables, desnutridos, muy enfermos, que concurrían a los poblados a canjear plumas de avestruces, arcos, flechas y otras artesanías por ropas y alimentos.

En ese lugar, denominado “Guaycurú” fundó una población, que el gobierno bautizó como “Estanislao del Campo”, donde su corazón se conmovió tanto que latió con ellos, ante su dolor y su desamparo. Hizo muchísimo, no es fácil resumirlo, el lector sabrá llenar los espacios cotidianos que mediaron en más de 53 años de vivir en la selva, para acercarse a ellos y ganar su confianza, demasiado herida, y asimismo poder atenderlos, curarlos, oírlos, aprender sus lenguas y costumbres hasta ser aceptado por las tribus.

Y en los montes y las tolderías se escribió el capítulo más admirable de este hombre de extraordinaria riqueza y fuerza espiritual, volcada en amor hacia el prójimo más necesitado. Su labor no se circunscribió solamente a la asistencia sanitaria, convivió con ellos, compartió su dolor, se interiorizó de las múltiples necesidades que padecían y trató de ayudarlos en todos los aspectos que pudo: económicos, culturales, humanos y sociales.

Les enseñó a fabricar ladrillos para que construyeran viviendas dignas. Obtuvo del gobierno del Territorio Nacional de Formosa que se les adjudicara una fracción de tierras fiscales. Allí, reuniendo a más de cuatrocientos indígenas, fundó una Colonia Aborigen, a la que bautizó “Juan Bautista Alberdi”, en homenaje al autor de las “Bases de la Constitución Nacional”, tierras que fueron oficializadas en el año 1948.

En este lugar, además, creó la primera escuela, y fue su primer maestro, sin cobrar ningún sueldo.

Tres veces fue propuesto para el “Premio Nobel” y otras distinciones nacionales e internacionales, pero rechazó una por una, diciendo “No me interesan los honores, solamente el bienestar de mis queridos aborígenes y los más necesitados, hijos de nadie”.

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