Impuestos a la riqueza: el remedio peor que la enfermedad

Escribe: Julio César Nieto

Según el último informe de la Secretaría de Hacienda de Nación, el déficit fiscal se multiplicó por diez en lo que va del año, llegando a un rojo de $251.287 millones.

La declinación en los recursos tributarios potenciados por el cada vez más elevado gasto social como consecuencia de la cuarentena, retrotrajo un proyecto de comienzos de año que el Gobierno dejó encajonado por su polémica y cada vez más cuestionada presión fiscal: el denominado “Impuesto a la Riqueza”.

El diputado Carlos Heller, presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, presentó en la semana, el proyecto donde pretende grabar a los contribuyentes con un patrimonio superior a los $200 millones.

La idea del llamado “Aporte solidario extraordinario”, propone alícuotas del 2% al 3,5% para aquellos patrimonios declarados por encima de los $200 millones. Lo que alcanzaría a unas 12.000 personas, para lograr recaudar unos $300.000 millones por año.

Infierno fiscal

El sistema tributario de un país, que debería tener como única finalidad recaudar los fondos necesarios para que el Estado pueda funcionar y llevar adelante sus funciones básicas, se ve acechado desde hace años por una presión fiscal cada vez más asfixiante.

En 2020, según el IARAF, los argentinos pagaremos 165 impuestos, dos más que en el 2019; posicionando a nuestro país en el podio de presión tributaria a nivel global.

Presión impositiva sobre empresas.

De esta manera, una pyme argentina que paga todos sus impuestos -en promedio- da pérdida, demostrando la grave situación para las empresas (quienes muchos de sus dueños se incluyen en la presunta lista de los 12.000) a la hora de incentivos para producir o invertir.

¿Bajar los impuestos para recaudar más?

La afirmación lógica que dice que, si cobras más impuestos, recaudas más, no necesariamente obedece y se aplica a la teoría económica.

El economista norteamericano Arthur Laffer, demostró en los años ‘80, que dicha afirmación es errónea y que en determinadas circunstancias bajar los impuestos puede hacer subir la recaudación fiscal.

La curva que demuestra que no todo es como se piensa.

La lógica es la siguiente, como se ve en la gráfica, una menor tributación puede, si la economía se encuentra en el lado descendente de la curva, aumentar la recaudación sea para incentivar la actividad, la inversión y el consumo.

El ejemplo de nuestros vecinos

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, es un claro ejemplo de esta idea. Apenas asumió el cargo, acordó no implementar nuevos impuestos para financiar la debacle económica provocado por el coronavirus, logrando así incentivar a muchos empresarios o emprendedores argentinos, entre ellos Marcos Galperín (Mercado Libre), para apostar nuevas inversiones al otro lado del Río de la Plata.

Días atrás, por ejemplo, el Congreso duplicó el plazo de gracia para no pagar el impuesto a la renta y al patrimonio, que se suma al DNU por el que se redujo la exigencia de inversión, logrando así un plazo de “vacaciones fiscales”, a fin de incentivar la inversión, el ahorro y el consumo y de hacer frente a los coletazos pospandemia.

La evidencia empírica demuestra que los impuestos confiscatorios siempre generan lo contrario al efecto deseado.

La evasión o elusión, en un país azotado por una crisis de deuda con estancamiento e inflación, no lo conducirá a salir de ese cono de sombras donde se encuentra atrapado una vez más.

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1 comentario en “Impuestos a la riqueza: el remedio peor que la enfermedad”

  1. Los políticos argentinos se destacan en todo, por eso estamos como estamos, y vamos al abismo. Se terminaron las recetas mágicas, y agarrémonos todos después de la pandemia, si es que podremos hacerlo (será más difícil que orinar tosiendo).-

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