La dictadura del cero: ¿el número de la felicidad o puro verso?

Está de moda. El cero pegó onda desde hace rato y marca tendencia. Sí, como las bikinis cada vez más diminutas en verano, los barbijos en tiempos de hostiles pandemias y los saltos inflacionarios en Argentina. Convertido en ícono de la cultura light, no hay otro que goce de tanto reconocimiento social. Pero…

Escribe: Germán Giacchero

Tolerancia cero. Pobreza cero. Cero interés. Cero calorías. Primavera cero (cero ganancias).

Aunque sea un número fulero para los apostadores en una ruleta de casino, revele el rojo de una cuenta bancaria, desnude las penurias de unos bolsillos flacos o exponga la cruda realidad de un marcador nulo en un partido de fútbol, el cero pasó de ser un dígito despreciado durante siglos a un niño mimado en la actualidad.

La cruzada a favor de esta cifra, una metáfora de la nada, el vacío y el infinito, o el punto de partida o de llegada a algo, vino de la mano de la política, aunque su trascendencia mayúscula fue a “cocochito” del imperio de la cultura light.

La publicidad y el marketing aportaron lo suyo y son los máximos responsables para que en la redonda figura del cero se condense grandes aspiraciones de felicidad del ser humano.

Concebido como un fin en sí mismo, el cero se ha transformado en caballito de batalla para proyectos políticos de toda calaña y de gran trascendencia mediática. Lo hizo en la recordad propuesta para combatir el delito del ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, denominada “Tolerancia Cero”, como también en las iniciativas de algunas ONG para promover políticas de transparencia en los gobiernos: “Discrecionalidad Cero”, de Poder Ciudadano, fue una de ellas.

Tolerancia Cero también es el concepto utilizado en muchas naciones para combatir desde el tabaquismo hasta los celulares en las aulas, pasando por el no uso del barbijo.

El cero sedujo, además, desde el programa social implementado en enero de 2003 por el presidente brasileño Duda da Silva, llamado “Hambre Cero” (Irónicamente, también es el nombre de algunas dietas) hasta en la promesa nunca lograda de “Pobreza Cero” del macrismo.

Propuestas que suenan utópicas, pero nada pretenciosas si se toma en cuenta que el planeta produce alimentos para más del doble de personas que lo habitan. Y la redistribución de la riqueza continúa siendo una materia pendiente.

También se ha oído hablar de los planes de “Basura Cero” en distintas ciudades del país. Y cómo olvidarse de la política del “Déficit Cero” implementada por Cavallo en tiempos de Fernando de la Rúa, poco antes del abismo de diciembre de 2001.

Por lo visto, si se toma en cuenta el grado de cumplimiento de esos objetivos, el cero como guarismo de la felicidad va a tener trabajo para rato entre políticos y gobernantes.

El cero no engorda

En un plano más terrenal, nuestra vida cotidiana se alimenta con píldoras felices cuyo principal componente es este número mágico. Pensemos nada más en el 0 Kilómetro, en las cuotas con 0% de interés, y sobre todo en la tremenda maquinaria publicitaria detrás de los productos diet o light.

Aunque su trazo pinta idea de imagen regordeta, el cero es todo un símbolo de la cultura de la delgadez. Gaseosas (Coca Zero y Sprite Zero, con cero azúcar ofrece cero límites), galletitas, yogures, postres y todo lo que uno pueda imaginarse prometen cero calorías, cero colesterol y cero grasas. ¡La panacea para obesos, glotones o fanáticos del abdomen chato! Hasta inventaron una birra que también viene con (casi) cero calorías.

Hoy, esos productos representan una saludable (vaya paradoja) fuente de ingresos para fabricantes y comercios. Claro que, en el mayor de los casos, ese cero posee un valor relativo, de acuerdo con las cantidades ingeridas. Cuando se mira la letra chica de los envases, la tabla nutricional, el cero suele venir acompañado de algunos centésimos y si sólo se ajusta a una porción determinada.

Entre estos alimentos, uno ha obtenido desde hace bastante tiempo las preferencias del público, bombardeo publicitario y marketinero feroz mediante. Se trata de la marca que desde su mismo nombre postula que para Ser (existir) en esta sociedad se debe consumir sus productos. Para parecer primero y, luego, ser.

Incluso, el cero más famoso, el que más persiste en la memoria, de todos los que andan dando vueltas, es el que dibujaron en el aire cuchara en mano modelos y actrices bellas y sin problemas de peso como Araceli González, Florencia Peña, Nancy Duplaá o Verónica Lozano.

Más allá de la tendencia y la moda, la dictadura del cero casi nunca suele cumplir con su promesa de felicidad. Más bien, se trata de pura ilusión elaborada sobre la base de costosos estudios de mercado y de psicología social, delirios o utopías políticas que terminan en promesas vacías, más los aportes insuperables de los aparatos de propaganda.

Con tanto cero dando vueltas, que se haya convertido en símbolo de estos tiempos no resulta casual. Lo peor que nos puede pasar, va más allá de que alguien nos califique como “un cero a la izquierda”.

El mayor temor es que el cero revele, en verdad, nuestra condición mental como sociedad. Agravada aun más ahora por los embates de la pandemia y una cuarentena que se está haciendo demasiado pesada.

Tanto que dejarán, definitivamente, a varios bolsillos, economías, estados de ánimo y de salud completamente en cero.

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