La Guerra del Hielo: la Antártida en la mira del poder mundial

El doctor historiador Pablo Fontana, profesor de la Universidad de Buenos Aires, donde cursó sus estudios, en su libro “La pugna Antártica” (Ediciones Guazuvira) trata la historia del sexto continente como teatro de operaciones y caja de resonancia de la geopolítica global.

Escribe: Julio A. Benítez (benítezjulioalberto@gmail.com)

“En la época del Virreinato del Río de la Plata, a comienzos del siglo XIX, barcos rioplatenses comenzaron a ir a las aguas subantárticas para cazar focas a palazos. Como esos barcos no querían competencia, no dejaron rastros de sus viajes por eso los historiadores no tenemos certezas documentadas, pero existe un registro de 1818 de un barco que zarpó de Buenos Aires hacia aguas que iban “más allá de Tierra del Fuego”.

Nathaniel Palmer, un capitán ballenero norteamericano, llegó a las islas Shetland en 1820 y por eso algunos lo llaman “el descubridor de la Antártida”, pero en su diario, Palmer relata que “llegó persiguiendo a unos foqueros de Buenos Aires que habían estado antes allí”.

La primera explotación sistemática la hizo un encumbrado miembro de la oligarquía porteña: fue don Eduardo Tornquist, quien instaló una factoría ballenera en la Isla Georgia del Sur en 1904, con el nombre de “Estación Grytviken – Compañía Argentina de Pesca”, que llegó a tener cine, iglesia, cancha de fútbol, hospital y cementerio. Producía mil barriles diarios de aceite.

En 1906 comenzaron los conflictos con el Reino Unido, cuando llegó un barco de guerra británico, cuyo capitán obligó a bajar la bandera argentina e izar la suya: los impuestos los comenzaría a cobrar la Corona. Según algunas versiones, esto habría ocurrido con los cañones ingleses apuntando a la isla.

Revolución bolchevique

En 1920 ocurrió en dicha empresa una insólita (la segunda) “Revolución Bolchevique”, que se produjo en nuestro territorio, cuando los trabajadores exigieron cobrar en moneda argentina, entre otras mejoras. Al no recibir respuesta, decidieron tomar el poder de la isla, proclamando “la Primera República Socialista fuera de Rusia”.

El poder lo tuvieron por unos diez días, momento en que por casualidad llegó un crucero de guerra británico, cuyos marines sofocaron la rebelión. Los líderes huelguistas fueron expulsados con destino a Buenos Aires… Lo increíble es que todo esto ocurrió poco antes de lo que se conoció como la “Patagonia Rebelde” y poco después de la “Semana Trágica”.

Interés nazi

En 1938 comenzó a mover sus fichas hacia la Antártida nada menos que el Tercer Reich desde Alemania, dos años antes de la convocatoria a la “Conferencia Polar Internacional de Bergen” (para 1940).

Muchos países reactivaron entonces sus reclamos de soberanía para no tener que pagarles más impuestos a Inglaterra para cazar ballenas. Argentina y Chile crearon sus comisiones antárticas y los británicos se activaron luego de su impasse de la Primera Guerra Mundial.

Hasta ese momento, Argentina era el único país con presencia permanente desde hacía 40 años en la Antártida, con el observatorio meteorológico en las Islas Orcadas del Sur. Mientras tanto, Alemania había anexado Austria y se sentía en el aire que podía estallar una nueva guerra mundial, algo que Francia e Inglaterra trataban de frenar, aceptando esa primera invasión de Hitler y en ese contexto, éste envío su primera expedición en 1938/1939 para sentar soberanía.

Para tal propósito, el líder nazi envió un barco catapulta con dos hidroaviones de Lufthansa, disfrazado de expedición científica con el interés de anexar parte de la Antártida y no tener que pagar impuestos balleneros a Noruega y Gran Bretaña.

El capitán del barco, de apellido Ritscher, hizo lanzar desde los hidroaviones unas jabalinas con la esvástica estampada, que se clavaron en el hielo y una llevaba la bandera nazi, que no fueron útiles, pues se fueron hundiendo en el hielo. Pero el interés geopolítico de los alemanes, en esos momentos, iba más allá de la caza de ballenas.

La base argentina Marambio es parte de la estrategia para la soberanía en la Antártida.

Puja con Estados Unidos

Ocurría que los canales de Suez y de Panamá eran custodiados por los aliados, el único cruce seguro para ellos, en caso de guerra, entre los océanos Atlántico y Pacífico, debía ser por aguas subantárticas, donde sus islas servirían como centro de abastecimiento.

Pero ese país no había hecho ninguna expedición antártica en los últimos 100 años, por lo que el presidente Roosevelt instaló con urgencia, en 1939, para ganarles de mano, dos bases en el mismo lugar donde el capitán Ritscher había clavado las jabalinas, ya desaparecidas.

En esos momentos por esas heladas aguas aparecieron varios barcos corsarios, con sus armas ocultas, que los nazis mandaron por el mundo disfrazados con banderas de otros países.

El episodio más impresionante fue la captura por parte del barco alemán Pinguin, de dos flotas balleneras completas de bandera noruega, cuando la noche del 13 de enero de 1941 se acercó a gran velocidad con las luces apagadas y al llegar encendieron un reflector, apuntando con sus cañones.

Los alemanes subieron a cubierta de los dos barcos noruegos principales, los cuales entregaron el mando. De tal forma, los nazis se hicieron de 20.000 toneladas de aceite, 10.000 de combustible y se llevaron los barcos balleneros, más otros once arponeros, para transformarlos en barcos caza submarinos.

Inglaterra comenzó a patrullar la zona y a partir de aquel episodio destruyó a cañonazos la factoría ballenera de la isla Decepción, por temor de que cayera en manos nazis. Además, los australianos minaron los puertos de las islas Kerguelen o de la Desolación, donde los alemanes se habían abastecido y muchas de esas minas aún permanecen allí.

Reacción inglesa

En plena guerra, el parlamento inglés analizó el avance argentino en la Antártida y reaccionaron bajo el análisis de que, si no hacían nada en esa zona, terminaría pasando lo mismo que en las islas Orcadas del Sur, donde flameaba la bandera argentina desde hacía 40 años, eliminando todo argumento inglés de soberanía.

Entonces, instalaron en 1944 sus dos primeras bases permanentes. La excusa fue que la operación era contra los alemanes, algo no creíble ya que los corsarios se habían ido de la zona en 1941… En verdad fue contra el avance argentino, algo que se comprobó cuando se desclasificaron los documentos de los diálogos en el parlamento inglés. Es que así funcionaba y funciona la geopolítica internacional.

En 1947 Perón, después de 43 años, instaló dos nuevos destacamentos navales, uno en Melchior y otro en la pequeña isla Decepción, que tiene forma de herradura, enfrentando a una base británica. Así comenzó a caldearse el ambiente diplomático.

La corona inglesa reaccionó enviando dos fragatas para controlar a los argentinos y Perón envió en 1948 a nuestra flota de mar a las islas Shetland: dos cruceros, ocho destructores, y buques de transporte instalados frente al destacamento británico.

Ahora sí, todo se recalentó, los ingleses enviaron un crucero de guerra que tenían en Sudáfrica junto con dos fragatas, pero cuando ellos llegaron los argentinos ya se habían retirado.

Así comenzó una demostración de fuerzas, que preocupó al gobierno norteamericano, temiendo el estallido de una guerra entre el Reino Unido y Argentina. Todo se solucionó con la firma de un acuerdo entre Argentina, Chile e Inglaterra, en el que se comprometían a no enviar a esa zona buques de guerra mayores a una fragata.

Enfrentamientos con Gran Bretaña

En 1952 llegó desde Las Malvinas un buque británico para instalar una base en Bahía Esperanza, donde Argentina tenía un destacamento. Los argentinos les advirtieron que no desembarcaran, pero lo hicieron. Entonces un marino argentino hizo disparos al aire con su ametralladora, que obligó a la retirada de los recién llegados.

Esa situación creó otro intercambio diplomático muy fuerte entre ambos países, que se saldó cuando Argentina alegó que el marino había disparado malinterpretando las órdenes. Pero documentos desclasificados de la Cancillería argentina confirman que el soldado cumplió con su deber.

En 1953 Argentina instaló un refugio en la isla Decepción. Y ese mismo año llegaron buques de la corona y lo destruyeron, lo mismo que otro refugio chileno y se llevaron prisioneros a dos marinos argentinos. Perón y el presidente chileno Ibáñez del Campo reaccionaron con la firma de un documento declarando que, si volviera a repetirse una agresión de ese tipo contra Chile o Argentina, ambos países iban a responder de manera conjunta y violenta, estrechando lazos antárticos contra Inglaterra.

En el libro fuente de esta nota, podemos observar que todo se fue desarrollando con escenas dignas de niños “mojándose la oreja”, como cuando en 1942 un buque argentino instaló banderas y actas de soberanía en varios lugares. Los británicos pasaron en 1943 y retiraron todo, devolviéndoselo a nuestro país con una nota que decía: “Con gran sorpresa de Su Majestad, hemos encontrado esto en nuestro territorio antártico”.

Pero no era ningún secreto que Argentina había colocado esas cosas, ya que fue publicado en todos los diarios… entonces los ingleses habían leído la noticia… y un mes después de esa generosa devolución, pasó otro barco argentino y retiró los objetos demarcativos que los británicos habían dejado en el mismo lugar.

Ambiente recalentado

En 1947 Estados Unidos envió a su Task Force 68 con 4.700 hombres, la expedición más grande de la historia antártica, que fue una gran maniobra militar donde probaron alta tecnología de guerra, quizás pensando en un enfrentamiento con los soviéticos en el Polo Norte.

Mientras tanto, el conflicto angloargentino iba en ascenso, cuando en 1948 dos corbetas argentinas y una británica se encontraron en la herradura de la isla Decepción. Pero el episodio tuvo un final casi surrealista, ya que después de tratar el asunto de manera, digamos amigable, cada uno armó su equipo de  fútbol y jugaron un partido sobre el hielo, que según “ellos” ganaron 10 a 2 y terminó la cuestión, haciendo un trueque de “whisky” inglés por “carne argentina”.

En 1955 el explorador argentino general Hernán Pujato descubrió un sector inexplorado de la Antártida, del cual tomó posesión como parte integrante de nuestra soberanía, que ya estaba consolidada con miles de kilómetros cuadrados.

Es necesario que se sepa que los ingleses tomaron esas tierras como propias y hace pocos años se las “obsequiaron” a la Reina de Inglaterra, un episodio que ronda lo surreal. Es la misma mirada eurocéntrica que el colonialismo cree tener justificada desde hace siglos.

Acuerdo internacional

En 1959, cuando Perón y Churchill ya no estaban en el poder, y el aceite de ballena perdía importancia, se firmó el tratado del “Año Geofísico Internacional”, gracias al cual los países comenzaron a vivir allí en solidaridad.

Pero, además, a raíz de los informes científicos, las naciones concluyeron en que la explotación de los recursos minerales antárticos resultaría demasiado cara y no era viable. Los soviéticos ya habían entrado con bases científicas muy avanzadas y la India propuso una internacionalización de la Antártida. Esto último terminó acercando posiciones, incluso entre Argentina e Inglaterra, ante la posibilidad de que los países que ya estaban allí perdieran sus derechos.

El futuro

Interrogado el autor del libro “La Pugna Antártica”, doctor Pablo Fontana sobre cuál es su visión del futuro geopolítico de la Antártida de acá a 50/100 años, sostuvo: “Creo que van a existir grandes cambios, dado que en determinado momento la escasez de diferentes recursos a nivel mundial y el avance tecnológico va a hacer rentable la explotación de sus recursos minerales… Además, escaseará el agua y allí están las más grandes reservas de agua dulce del planeta.

-En tratamiento esta situación, es lógico pensar que se respetará el Protocolo de Madrid, el que especifica tolerancia para ver la manera solidaria de una solución pacífica… Pero, ¿si una gran potencia militar decide no respetar dicho tratado?… ¿Quién la frenará?

-Antártida es el último rincón de la tierra que nos queda por arruinar. La guerra de las Malvinas dejó bien claro un detalle del que nadie se ha percatado. Comenzó en territorio subantártico de la Isla de San Pedro, en las Georgias del Sur y terminó en territorio también subantártico de las Islas Sandwich del Sur, donde los ingleses destruyeron una base argentina y la guerra se frenó ahí, “a medio grado de latitud del Tratado Antártico”, no la continuaron hacia las Islas Orcadas del Sur, donde tenemos una base, ni al resto del continente antártico… Por lo que pienso que dicho Tratado tiene vigencia.

-Son miles los científicos que van a la Antártida, como una suerte de soldados de avanzada en un extraño frente, arietes en pugnas geopolíticas con raíces muy profundas, incluso secretas. El Reino Unido, por ejemplo, vendió su base Faraday a Ucrania en 1996 por una libra, situación que algunos opinan que este desprendimiento es para dejar a otros países y debilitar la postura argentina.

-Esos soldados ucranianos estaban del lado de Rusia y cuando se dio el golpe de estado en el 2014 pasaron a jugar para la OTAN. Yo estuve recorriendo la base ucraniana Bernadsky, donde uno de los científicos tenía en su cuarto una bandera del nacionalismo de su país junto a una esvástica. Tal vez sería del partido Svoboda, una fuerza de choque nazi, que ejecutó la parte violenta de aquel golpe de estado en Ucrania, apoyado por Estados Unidos y la OTAN.

-Suena raro, pero la Antártida, un continente sin países ni habitantes, es pensada por algunos como modelo para la colonización de Marte. Un argentino que trabaja en la NASA estuvo en la base Marambio probando trajes para poder usar en dicho planeta. El Instituto Antártico Argentino realiza, en la Base Belgrano II, estudios de la psicología del hombre en situaciones de frío extremo como banco de pruebas para llegar a Marte. Resumiendo, primero van a arruinar la Antártida y, en caso de que la tercera guerra mundial sea por el agua, la cuarta guerra será ¡por Marte!

-Pienso, creo que hay que ser optimista, pues se hacen grandes esfuerzos por cuidar la paz y el medio ambiente”.

Fuente anexa: “APIE” – “Asociación Profesional de Ingenieros Especialistas” – Humberto Primo 525 – CP. 5000 – Córdoba – Argentina

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