La Plaza, el Matadero, un arquitecto emblemático y una serie de irregularidades

El paso del arquitecto Salamone por Villa María dejó dos obras icónicas para la ciudad. La Plaza Centenario y el Matadero. Quedó trunco el proyecto del palacio municipal. Pero, detrás de estas iniciativas hubo denuncias, irregularidades y algunos funcionarios políticos terminaron en la cárcel. Conocé un poco más de esta historia ocurrida en Villa María.

Escribe: Julio A. Benítez (benitezjulioalberto@gmail.com)

Lamentablemente, la pérdida irremediable del archivo profesional y empresarial de Francisco Salamone constituye una dificultad importante en la reconstrucción de su trayectoria, en la que aparecen páginas en blanco que a veces se llenan con inesperados hallazgos.

Francisco Salamone D’Anna, el segundo de los hijos del matrimonio de Salvatore Salamone y Antonia D’Anna, nació el 5 de junio de 1897 en LeonForte, Provincia de Enna, ubicada en el corazón de la isla de Sicilia.

En 1903 emigraron a Argentina y se radicaron en un modesto barrio de la ciudad de Buenos Aires, donde la familia se completó con dos hijos más. Don Salvatore, constructor, interesó a los varones en el oficio y Francisco ingresó a la Escuela Industrial de la Nación Otto Krause y egresó en 1916 como Técnico Constructor con notas sobresalientes.

Con sólo 20 años participó en un concurso para el Panteón de Policías y Bomberos en el cementerio de la Chacarita y obtuvo mención especial sin ser arquitecto. A esa edad viajó a Europa donde frecuentó escuelas de arquitectura en Italia y Francia, logrando ser reconocido con medalla de Oro y Gran Premio de Honor en las Exposiciones de Milán y Barcelona por su proyecto de Panteón.

A su regreso ingresó a la Universidad Nacional de Córdoba y con sus hermanos Ángel, Francisco y José ya tenían el proyecto de constituir una empresa constructora.

Su ingreso a la Universidad se produjo pocos meses después de la Reforma Universitaria de junio de 1918, situación que provocó la violenta toma del Rectorado y la expulsión de la camarilla que representaba a “la antigua dominación monárquica y monástica”.

Esto permitió a las nuevas autoridades disponer, el 12 de marzo de 1919, que los egresados de escuelas industriales pudieran entrar directamente al 2º año de las carreras de: Ingeniero-Arquitecto, Ingeniero Geógrafo o Ingeniero Civil. De acuerdo a un certificado de la Universidad del 27 de diciembre de 1920, Salamone, argentino naturalizado, se recibió en menos de 2 años de Ingeniero-Arquitecto con promedio “distinguido”, según el Libro de Colación de Grados y Títulos Libro 4 – Fº.  206.

En su época de estudiante fue activo militante y elegido “Secretario de Conferencias y Extensión” que editaba la revista estudiantil, que en una de sus publicaciones y con su firma escribió sobre el tema “Datos relativos a las diferentes partes de un edificio”, con el que recomendaba minuciosamente la forma de proyectar un edificio eurítmico, bello y armonioso.

La última actuación como integrante de la revista fue en el número 39, cuando presentó el proyecto de la Iglesia de Santa Rita en Córdoba, que le fue reconocido por sus colegas, quienes dejaron constancia de que “F.S., triunfará ruidosamente, por cuanto añade a su fuente de conocimientos, plena laboriosidad y una elogiosa audacia”.

En Córdoba

Continuó sus estudios para graduarse como ingeniero civil, constituyendo luego la “Empresa Constructora Francisco Salamone, Ingeniero Civil y Arquitecto” que habría intervenido en obras privadas como el Panteón del Maestro, una casa señorial en avenida Argentina 640 (hoy Avenida H. Yrigoyen); departamentos en Deán Funes 168; el Petit Hotel en Alvear 160; un negocio en 25 de Mayo y Alvear; el proyecto de ampliación del Gran Hotel Victoria y del petit hotel de la señora Garzón Palacio.

Además, se presentó en el primer concurso sobre la ampliación de la UNC en la manzana jesuítica, entre cinco oferentes, todo esto en medio de un conflicto de intereses subyacentes entre los decanos, por lo que el jurado declaró “desiertos” los premios.

Esto produjo una virulenta y extensa reacción de Salamone y del ingeniero Ricardo Blanco, que fue publicada por “La Voz del Interior” en agosto de 1921, que decía: “El jurado ha consumado una obra propia solamente de vagabundos inclinados tan sólo a la destrucción, inclinación hija del odio y de la incapacidad”.

Pese a lo acontecido por el episodio citado anteriormente y borrando del membrete el título de “Arquitecto” continuó presentándose en cuanto proyecto hubiese, y se trasladó a Valle Hermoso haciéndolo ya como “Ingeniero Civil”. Entonces, se produjo un corte radical con todo lo anterior… fue el inicio de una nueva etapa, más distendida, seguramente más feliz.

En Valle Hermoso, que fue un emprendimiento inmobiliario iniciado en los años veinte, lugar conocido como la estancia “San Antonio de Punilla”, fue comprada por Pedro Figueroa, con quien Salamone incursionó en obras ubicadas en los nuevos Barrios Villa Dominador y El Rincón y el Cine de La Castellana, además de una hermosa casa de tejas, a la que llamó “Villa Finita”, en homenaje a su esposa doña Adolfina Croft (austríaca), con quien tenía 4 hijos.

También fue allí donde quiso comenzar como político, participando en unas elecciones internas para representar por la UCR al Valle de Punilla en el Senado Provincial, con suerte adversa.

Fue entonces que se dedicó a volcar sus excelentes habilidades como dibujante en la realización de caricaturas de personajes con una impronta cubista, dando lugar, por la fuerte geometrización del diseño de los rasgos, a denominarlas como “arquicaricaturas”, actividad a la que se dedicó luego, junto con su actividad de ingeniero civil.

“Arquicaricaturas”, las creaciones artísticas de Salamone.

Salamone en Villa María, 1933-1935

 La crisis profesional Salamone en los primeros años de la década del treinta, en un marco de crisis nacional e internacional, lo puso seguramente en la búsqueda de su oportunidad, dado que, en Córdoba, gobernada por los conservadores, para revitalizar la economía habían dispuesto la insoslayable importancia de la obra pública, para la que tuvo influencia la “Exposición de Industria y Comercio del año 1931”, realizada en el Parque Sarmiento.

Se desconocen las razones por las cuales vino a Villa María, una ciudad donde Eugenio Parajón Ortiz había iniciado su segundo mandato municipal en febrero de 1932, quien se mostró activo en mejorar la vista de la ciudad y entre otros proyectos de envergadura, propuso un nuevo palacio municipal en donde había funcionado el Mercado Colón, demolido en 1928.

Es aquí donde aparece Salamone, quien en el membrete ya había colocado nuevamente “Arquitecto” y a quien se le comisionó proyectar el palacio, iniciando una intensa relación contractual con el municipio, a pesar de que este no contaba con una oficina técnica.

En 1933 presentó un ambicioso anteproyecto con aires no muy lejanos al ecléctico Palacio de las Bellas Artes del italiano Adamo Boari, construido en el DF de México, demasiado costoso, por lo que se le encomendó a Salomone que proyectara una plaza en vez del nuevo palacio municipal (Ord.380.34) y diseñara un nuevo modelo de matadero (Ord. 395) del 2 de julio de 1934.

El proyecto presentaba al edificio con entrada por calle Buenos Aires y salida por calle Santa Fe con salón de actos en la planta baja.

La Plaza Centenario

La realización de la Plaza Centenario fue adjudicada a la empresa del Ingeniero José Licciardi e hijos de Luis Constantini, que ya contaba con antecedentes en parquizar y equipar espacios públicos.

El resultado de los trabajos realizados en dicho espacio, fueron, sin lugar a dudas, una hermosa expresión de urbanismo artístico en lo que se refiere a lo construido en material, fuentes decoradas con plantas, varios y bien ubicados canteros cuadrados y triangulares con mucho verde, bellas columnas de luces, bancos blancos y cómodos, vistosas veredas con sus mosaicos formando figuras romboidales, arcos con siempre verdes, etc.

Plaza Centenario en la década de 1950.

Lo demás fue una expresión sencilla y notable de innumerable cantidad de plantas de coloridas y perfumadas flores. Como podemos apreciar en la foto de portada de nuestro archivo del año 1939 (habían transcurrido 4 años desde su inauguración) los árboles de la planta de tilo, de poco follaje, fueron colocados sin entorpecer la vista de la belleza  de la plaza, que fue inaugurada el 12 de octubre de 1935.

El arquitecto también recibió el encargo de diseñar la parquización (Ord. 395/34) de las plazas Independencia y San Martín, más ramblas, bulevares y la pavimentación de la “polvorienta” ciudad (Ord. 421/35), obras que también fueron cuestionadas por los vecinos por los altos costos, por lo que las licitaciones fueron anuladas.

Críticas actuales

Con respecto a la Plaza Centenario actual, hemos conversado con el arquitecto Carlos Alonso, quien no disimula su disgusto por la cantidad de frondosos árboles, bellos algunos, pero cuyas raíces están levantando las veredas, un detalle no vistoso y además peligroso para los paseantes, que ven desfigurado lo que fue el principio de la plaza Centenario, un amplio espacio visual para todos sus costados.

Además, el profesional critica el haber plantado allí el roble del recuerdo de la tragedia de Guernica… No era el lugar apropiado para poner un árbol tan frondoso en uno de los ángulos del espacio central que en su momento mostraba hermosas plantas con bellas flores.

El matadero

Ahora comienza la historia de la obra del nuevo matadero municipal, que, para cubrir los gastos, se emitieron letras y cuya amortización se realizaría en cuotas mensuales de m$n.5.000,oo hasta cubrir el importe total al que ascendiera la propuesta que en su oportunidad se aceptara, emisión que afectó a diversos rubros y rentas del municipio.

Usando las facultades conferidas, el intendente por decreto del 5 de junio de 1934 llamó a licitación para adjudicar su construcción,  cuyo costo no fijó la ordenanza, que decía simplemente “Queda facultado el D.E. para aceptar la propuesta que, a su juicio, crea más conveniente, teniendo en cuenta la solvencia moral y material de la firma licitante”. Tal increíble autorización fue, sin duda, la “puerta habilidosamente preparada” para introducir en ella las más graves irregularidades.

Finalmente, tras astutas maniobras ante el Concejo Deliberante, el intendente por decreto del 17 de junio de 1934 adjudicó la construcción a la empresa Agenor Villagra en la suma de m$n doscientos setenta y nueve mil noventa y ocho pesos con 70/100 (m$n. 279.098,70), situación que dio lugar a muy agitadas discusiones en el seno del bloque mayoritario del Concejo, con el señor Frossi a la cabeza, quien luego renunció indeclinablemente a su banca, en nota que dejaba traslucir severos cargos.

El intendente y el Concejo se alarmaron ante tal actitud, procurando que retirara su renuncia, pero no lo consiguieron e insistió en ella, al sancionarse días más tarde la ordenanza que autorizaba la ornamentación de la plaza “Centenario”, considerando que esas dos obras se realizaron con “un apresuramiento inconcebible”.

Los planes en marcha continuaron y había que buscar el lugar para construir el matadero, para lo cual el señor Carlos Urquijo, el 11 de mayo de 1934, ofreció permutar un terreno de su propiedad ubicado “en el camino a Cárcano” frente a las playas del F.C.C.A., por un lote municipal de una hectárea ubicado en la parte Sudoeste del viejo matadero (AVM.DE. -copiador 47 -1934/35. Folio 10).

Aceptado el ofrecimiento del señor Urquijo por ordenanza del 19 de mayo de 1937, el intendente designó al escribano Rafael A. Quiroga para que realizara la escritura correspondiente y poco después se inició la construcción.

Irregularidades y excepciones

Larga serie de decretos, resoluciones y notas resueltas por el intendente Parajón Ortiz se sucedieron en un desconcertante desorden desde agosto de 1934 hasta el 22 de febrero de 1936, por las que se dispusieron tantas y tan importantes ampliaciones y modificaciones de planos y pliegos de condiciones que añadieron enorme cantidad de trabajos “no previstos”, que hicieron casi triplicar el costo original de m$n.279.098,70.

La comisión investigadora nombrada por el Concejo Deliberante que sucedió a Parajón demostró que el costo de aquella obra en la parte ejecutada hasta aquella fecha ascendía a m$n. 1.135.000,oo (Un millón ciento treinta y cinco mil m$n).

Los decretos emitidos alcanzaron a más de treinta, que fueron un “excepcional suceso” que no tiene comparación alguna en los anales municipales, si se exceptúan las ornamentaciones arquitectónicas y florales de la plaza Centenario.

Un ejemplo, el precio de los caños que forman la verja externa del matadero fueron cobrados a treinta y ocho pesos moneda nacional, cuando el valor en plaza era de diez pesos el metro. 

En dicha construcción se culminó con los decretos del 22 de enero y del 22 de febrero de 1936, expedidos ambos por el intendente Parajón, por los que se autorizaron precios arbitrarios para materiales y trabajos “extras”, es decir, no considerados en la licitación. De tal manera resultó imposible seguir paso a paso el proceso total de los verdaderos gastos abonados.

Febril actividad se desarrolló en las reparticiones municipales y en el mismo Concejo Deliberante durante las postrimerías del período del doctor Parajón Ortiz… Mucho apresuramiento para firmar las ordenanzas 478 del 14 de febrero de 1936 por la que se autorizaba la recepción de las predichas obras, que es su fecha de inauguración, y la 483 del 21 del mismo mes, por la que se acordó la concesión por quince años para explotarlo al “Frigorífico Chaqueño Argentino”.

En la sanción de todas aquellas ordenanzas se procedió con increíble temeridad. Los daños causados al municipio resultaron cuantiosos y no fue de los menores el que originó la investigación y los costosos trámites que demandó la misma.

A pesar de todo, el matadero fue una obra bien lograda por la administración dirigida por el intendente Parajón, dado que ese edificio podía dar grandes beneficios económicos si se lo explotaba  racional y debidamente. Las maquinarias se importaron desde Alemania.

Otros trabajos

El último trabajo en nuestra ciudad de Salamone fue la ampliación del hall central del cine Alhambra en el edificio de la Casa España y luego proyectó en la localidad de Las Varillas, el edificio municipal, construido por la empresa del ingeniero Felipe Goldemberg, que fue inaugurado el 22 de marzo de 1936.

Pero el servicio profesional más importante realizado por Salamone a la Municipalidad de Villa María fue la realización y el armado oficial del catastro, nivelación y estudio de los desagües de la mayor parte urbana, indispensable para proceder a la futura pavimentación.

Además, se mencionó que algo tendría que haber compartido en el proyecto para construir la Asistencia Pública, obra realizada por la empresa de don Abraham Ruiz, pero no existe documentación de que así haya ocurrido.

El paso final

Durante su estadía en Villa María, Salamone se hospedó en el Palace Hotel y su oficina estaba en calle Buenos Aires 1042, U.T. 434.

Luego se trasladó a Buenos Aires, provincia gobernada desde el 18 de febrero de 1936 por el conservador don Manuel Fresco, en la que realizó sus más monumentales obras, en las más importantes ciudades de esa provincia.

Las sospechas de que hubo corrupción para realizar las obras durante la anterior administración, obligaron al sucesor en la Intendencia, señor Emilio Seydell, a llevar los cuestionamientos a la Justicia y varios concejales terminaron en la cárcel. No así el ex intendente ni tampoco Salamone, quien tuvo que resignar el 50% de sus honorarios adicionales.

Fuentes:

  • “Historia de la Ciudad de Villa María” – Autor José A. Pedernera – Año 1970 – Impreso por “Leonardo Impresora S.C.A” – México 2220/30 – Buenos Aires.
  • Libro “Francisco Salamone” – Editado por la: “Asociación Argentina de Ingenieros, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y el Departamento de Arquitectura del Diario Clarín” – Impreso por Arte Gráfico Editorial Argentino – Año  2014 – Buenos Aires.
  • Libro “Historia de Villa María y sus Barrios” – Autor Bernardino S. Calvo –Diciembre 1988.
  • Libro “Memorias de un Arquitecto de las Pampas” – Autor Arquitecto Carlos Alonso – Impreso en Talleres Gráficos de Ediciones C.C.- Año 2019 – Villa Nueva – Córdoba.
  • Otros datos y fotografías, del archivo del autor.
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3 comentarios en “La Plaza, el Matadero, un arquitecto emblemático y una serie de irregularidades”

  1. Interesante artículo. Deseo señalar, respecto a su supuestas obras en Valle Hermoso, sólo hay hipótesis no verificadas con documentos ( catastrales, notas administrativas, información y relevamiento de obras. Aún falta investigar más la obra de Francisco Salamone (1922-1934). Cordiales saludos

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