Padre Ignacio, el cura de los milagros: Una historia para no perder la esperanza

Misas por televisión, Vía Crucis virtual y nada de peregrinaciones masivas es el presente del padre Ignacio. Pero, antes de la pandemia, sus cruzadas anuales llegaban a reunir a 250 mil personas que lo visitaban para recibir su bendición. Cada fin de semana  en la ciudad de Rosario se concentraba una multitud llegada de distintos puntos de país con el mismo fin: que el Padre Ignacio les hablara o los tocara con sus manos para aliviar dolores, dar paz a almas turbadas y mentes afiebradas.

El fenómeno del cura sanador fue contado en 2011 en primera persona para el semanario EL REGIONAL de Villa María por un periodista santafesino, oriundo de Chañar Ladeado, quien también asistió a su parroquia para encontrar respuestas personales. Hoy, recordamos en el nuevo formato de EL REGIONAL la nota que tanta repercusión generó a lo largo del tiempo.

Escribe: Lic. Román Cavaglia (*)

La primera vez que fui del Padre Ignacio lo hice por una cuestión personal. Un trastorno de ansiedad me jugaba una mala pasada y decidí ir a la misa y recibir la bendición. No iba por algo terminal y sentí cierto alivio, tal vez producto de la misma fe, aunque también, a fuerza de ser sincero, quedé impresionado con la cantidad de gente que iba a “curarse”.

Ese día llegué alrededor de las 17 horas y me fui de la iglesia después de las 23.30 horas. Terminé muy cansado, como la mayoría, pero con la sensación de haber hecho “algo importante, y haber visto y vivido algo nuevo”. En ese momento, no sabía que un mes más tarde volvería a ir por algo mucho más grave.

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“Lo que cura es la fe en Dios”

Van por sus palabras. Por sus manos. Por su sonrisa. Por su carisma. Van en busca de una sanación. Cada fin de semana en la ciudad de Rosario se concentra una multitud que llega de distintos puntos de país con el mismo fin. Personas  con tumores, gente en silla de ruedas, parejas que no pueden procrear, personas que ya no caminan, no ven, pero que tienen depositada la fe en alguien que les da la esperanza y la fortaleza de una fe capaz de revertir las adversidades que suele dar la vida.

Cada visitante lleva un problema distinto, la mayoría, de salud, y en busca de una salida. “Yo no curo, lo que cura es la fe en Dios, es el señor”, dice el  responsable de semejante devoción. Quien semana tras semana recibe a esta multitud con los brazos abiertos: el Padre Ignacio Peries. Es tanta la gente que concurre, que en la parroquia otorgan turnos para casos especiales.

Desde la Avenida Circunvalación, yendo hacia el puente Rosario-Victoria se ve apenas un cartel que indica la bajada al Barrio Rucci. Un tanque de Aguas Santafesinas es la mejor señal para divisar el lugar donde se emplaza la Parroquia Natividad del Señor. Allí, y a lo largo de todo el barrio, miles de fieles llegan cada fin de semana para recibir la bendición del Padre Ignacio.

Quien vaya un sábado o domingo a este lugar se encontrará con lo que, literalmente, es un “desborde” de gente. Al menos cuatro o cinco horas antes de la misa suele haber  extensas colas de  gente que concurre  provista con banquitos, viandas, mates, y todo tipo de provisiones para pasar el tiempo antes de la misa.

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Poco después de mi visita al Padre Ignacio, me enteré que, según la primera resonancia realizada en el Instituto Gamma de Rosario, a mi hermano Sergio le habían detectado un tumor en la cabeza. Una lesión de la cual se tenía que operar de manera inmediata, sin saber los resultados finales.

El neurocirujano había diagnosticado un tumor tras ver una mancha de unos 40 milímetros  de longitud en la resonancia. Incluso le dio turno para realizar la operación en la semana siguiente. No se garantizaba el éxito de la intervención: no se sabía qué podía pasar, ni cómo podía salir.

Ante este panorama, me ganó la desesperación. Llamé a un amigo y él me impulsó a que lo llevara urgente del Padre. “Tengo una conocida que fue y está bien ahora”, me dijo alentándome. Ese sábado partí urgente a Rosario, pasé a buscar a mi hermano por Zavalla, el lugar donde reside, y fuimos a la parroquia. Conseguí un turno para que lo viera el padre personalmente el lunes. Según le había dicho el cirujano, el miércoles o jueves  siguiente lo tenían que operar.

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Las bendiciones

La cola avanza lentamente desde las 18, cuando se abre la puerta de la parroquia nueva, construida en la parte trasera, ya que la capilla principal quedó chica para albergar semejante marea humana. Quienes pueden, entran, y los que no, presencian la misa en un patio, donde los altoparlantes reproducen la voz de Ignacio.

Una vez finalizada la misa, el padre comienza con las bendiciones, que suelen durar hasta la una de la mañana, luego de que todos reciban la imposición de manos y los procedimientos que deberán hacer en sus casas. Oraciones y tratamientos con agua bendita y limón suelen estar dentro de las recomendaciones habituales.

Al costado de la parroquia un dispensario de agua bendita llena de bidones a los fieles que salen de la iglesia con la fe de que su vida o la de sus seres queridos cambiarán. Con la esperanza que la “mano del Señor” les de la fortaleza para superar los obstáculos de la vida.

Los que más lo necesitan

Al término de la ceremonia central, la voz de un colaborador anuncia que se entregarán turnos para que el padre vea en forma personal a aquellos que tienen una enfermedad grave. La advertencia es determinante, se debe constatar la enfermedad y solamente tendrán turnos para ver al padre una vez al año.

Los turnos especiales se les dan a aquellas personas con enfermedades complicadas y como condición se establece ser familiar directo y poder constatarlo con el DNI o fotocopia de la libreta familiar.

En la semana, se realiza la ceremonia especial para los que urgen de una sanación o padecen una enfermedad terminal. Los casos de cáncer suelen ser los más frecuentes, aunque también son muchos los testimonios de mujeres que no podían conseguir su embarazo y tras ir “por un milagro” finalmente lo lograron.

El Padre los recibe en la misma parroquia y poniendo sus manos y cabeza sobre la zona del cuerpo afectada puede “percibir” las enfermedades y dar un tratamiento. Miles de testimonios dan cuenta de una sanación.

  • Bendición del Padre Ignacio para los enfermos:
Video publicado por la Parroquia Natividad del Señor, el 1 de mayo de 2020.

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Ese lunes llegué al barrio Rucci con mi hermano. Había unas cien personas que fueron congraciadas con el turno con el Padre. Todas con enfermedades graves o muy graves. Recuerdo cómo una pareja de Buenos Aires llevaba a su niño de cinco años que arrastraba un problema de células tumorales en su columna. “Tenemos toda la fe en el padre”, decían mientras contaban la anécdota de una pareja amiga que no podían tener hijos y tras la imposición de manos del padre, concretaron su sueño.

Allí también encontré a una amiga de San Jorge (Santa Fe), que llevó a su padre que había quedado cuadrapléjico tras un accidente. Y si bien no pretendía una curación, tenía fe en que el sacerdote podría darle una mejoría.

Ese día, el Padre Ignacio vio a mi hermano. Tras apoyar sus manos y un ángel de porcelana en su cabeza, me llamó y delante de él dijo: “No veo que lo que tengas sea un tumor, parece que tenés una mancha en la cabeza por un golpe, pero las convulsiones que tuviste pudieron ser por un shock emocional”. Yo estaba perplejo. “Me tengo que operar el miércoles padre, ¿qué hago?”, le preguntó Sergio, que a esa altura no parecía entender nada.

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¿Quién es, de dónde viene?

El padre Ignacio Peries Kurukulasuriya nació en la aldea de Balangoda, Sri Lanka (Ceilán), el 11 de octubre de 1950. Después de terminar el secundario viajó a Madras, India, para estudiar distintas religiones. Más tarde ingresó en el seminario de Londres, donde se unió a la Cruzada del Espíritu Santo, una orden de la Iglesia Católica Apostólica Romana creada en 1966 por el sacerdote irlandés Thomas Walsh en Salamanca, España, y de la que hoy es líder en el mundo.

En 1979 Ignacio llegó a Argentina, donde debutó como sacerdote en la vecina localidad de Tancacha, Córdoba, y al poco tiempo, en diciembre de ese año, desembarcó en Rosario. La ciudad que años más tarde terminaría por acogerlo con tanto reconocimiento a su carisma como para proyectar esa fama al resto del país.

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“Bueno, si quieres operarte, está bien, pero hagan una interconsulta con otros profesionales para saber bien antes de abrir”, nos dijo el Padre Ignacio. Y remató con: “Quedate tranquilo, que no corrés riesgo de vida”.

Salí de ahí contento, feliz, aunque la alegría me duraría poco. En la semana, la interconsulta con otros dos profesionales dijeron lo mismo. Es un tumor, coincidían los médicos,  y uno de ellos vaticinó que podría ser maligno. La determinación de los médicos era hacer la biopsia para saber de qué se trataba esa lesión.

Rápidamente tomamos la decisión de hacerla. Pasaron unas semanas antes de saber el resultado. “No se trataba de células tumorales”, indicaría finalmente el informe. “No sabemos qué es lo que tiene tu hermano”, repetía el medico desorientado. “Pero quedate tranquilo que un tumor no es”. Los estudios se repitieron en Buenos Aires. Todos, con el mismo resultado.

Así, después de haber vivido tres meses en un verdadero infierno, supe que el más acertado en sus palabras fue el padre Ignacio. La vida de mi hermano ya no corría riesgo, como él  había dicho. Y hoy se encuentra desarrollando sus actividades normalmente. Tan impresionante, como real. Fue nuestro caso, pero también se cuentan por miles.

Todos hablan de él

En la actualidad sus cruzadas anuales llegan a reunir 250 mil personas que peregrinan desde Alberdi hasta el Parque Independencia. Nadie puede dejar de hablar de sus sanaciones, de sus curaciones, de sus milagros.

Él, con un bajo perfil, la mirada serena y las palabras justas asegura que es nada más que un intermediario. “Yo no curo, lo que cura es la fe en Dios, es el señor”, repite una vez más.

Nadie lo cree, por supuesto. Mientras tanto, decenas de miles de argentinos ya han encontrado una respuesta en él, el Padre Ignacio, a quien llaman, sin dudar, el “cura de los milagros”.

(*) Licenciado en Comunicación Social y periodista. Colaborador de EL REGIONAL Diario Digital.

  • Mirá el documental sobre el Padre Ignacio:
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2 comentarios en “Padre Ignacio, el cura de los milagros: Una historia para no perder la esperanza”

  1. Padre Ignacio buenas noches; realizo una consulta acerca de mi sobrino es una persona de 34 años es ingeniero pero no trabaja, he consultado parasicologos y me dicen que tiene un Karma Negativo, y que le han hecho un mal. Consulto a usted que le esta pasando a este joven que esta en un callejon sin salida, ademas pasa el tiempo pasa la vida.

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