¿Por qué tanto odio?

Escribe: Cristina Pablos

Estamos viviendo una “ola de odio” que nunca imaginamos nos pasaría a los argentinos, tan solidarios. Después de haber librado tantas batallas por la libertad y la igualdad.

Hay familias a las que la ideología o, mejor dicho, el fanatismo, ha separado. Yo misma he perdido buenos amigos por no aceptar mi pensamiento diferente. En la calle, ahora las víctimas silenciosas son las estatuas y monumentos públicos; las decapitan, las lesionan, las arruinan.

Estamos viendo algo que, al menos yo, nunca había visto: se roban los picaportes de los edificios (si son de bronce, mejor), los porteros eléctricos, o la baranda de madera de una iglesia en pleno centro porteño. Se vandalizan las tumbas.

Lo que sucede es que vemos el odio en nuestra clase política, en los dirigentes cuando se tiran con los muertos del Covid o en la mismísima presidente al cortarle el micrófono a un opositor en el Senado y, a la siguiente sesión, cuando le dio la palabra y él se dirigió a ella diciéndole que, con lo que había hecho, le cortaba la voz a 40 millones de argentinos, ¿qué hacía la señora?, leía distraídamente unos papeles sin siquiera mirarlo (bueno, eso es mala educación además de odio).

También se ve el odio en los menos favorecidos, incitados por un dirigente como Grabois, a tomar tierras ajenas. ¿Por qué no se preocuparon, durante los 70 años que fueron gobierno, en darles a los pobres, en vez de planes, viviendas dignas con todos los servicios?

Para referirme a la masiva marcha del 17 A (sobre todo en contra de la reforma judicial a medida) quiero decirle al jefe de gabinete que les pidió “perdón a los médicos por no haber podido evitar la marcha” (y el contagio) dos cosas: en la marcha también había médicos y ¿por qué no les pagan sueldos dignos? Les dan, como limosna, un bono de $5000 que la mayoría no recibió cuando a las personas adictas les dan $8.500 (¿?).

Al presidente quiero decirle (ya sé que a mí no me escuchará) que no hay peor sordo que el que no quiere oír. No sólo dijo “los que marchan casi nunca tienen razón” (dígaselo a las organizaciones sociales que hacen piquetes diariamente) y que “no lo doblegarán” sino que, a manera de provocación, al día siguiente mandó el proyecto de reforma a la comisión que lo estudiará y, en el Senado Parrilli le agregó un artículo que no sólo ataca a los medios de comunicación, sino que silencia a toda una sociedad con derecho a informarse.

Referido a la conversación telefónica sostenida con el expresidente y con dichos muy fuertes, sean o no ciertos, no es de caballeros hacer pública una conversación privada mantenida con un ex 5 meses después.

Siento que el presidente está desorientado, tironeado por dos antagonismos, aunque yo lo veo muy decidido por cuál se inclina. Tengan cuidado, no jueguen con fuego, pueden terminar calcinados.

La sociedad argentina maduró lo suficiente como para impedir el rumbo hacia Venezuela.

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