Quien te ha visto y quién te ve…

Escribe: Raquel Baratelli

Antes no corrías ni el bondi pero hoy necesitás salir a correr; tomabas una birra en la vereda del kiosco, hoy te es imperioso tomarla en un bar; jamás una peluquería, ni qué hablar de la barbería, ahora es la muerte si no vas; pisabas un shopping en contadas ocasiones, nunca un restaurante fino, pero hoy rogás que abran.  

Pasaste la vida frente a la tele en el sillón pero ahora, justo ahora sentís la necesidad imperiosa de hacer aladeltismo, senderismo, treking de montaña, andar en trineo, hacer kiteserf, hipismo, pelota paleta, rafting, ciclismo… cómo nos cambia la vida, viejo.

Cuánto sentido cobra hoy la recomendación refranesca “No dejes para mañana…”. Toda una vida creyendo que nunca es tarde, que siempre hay una segunda oportunidad, pero la vida te da sorpresas y no siempre son las mejores. Haberlo sabido antes y la descocíamos con los deportes de aventura; la de horizontes nuevos que hubiéramos explorado si hubiéramos sospechado que teníamos los días contados antes de que nos tocara vivir en carne propia una de las distopías recurrentes del cine sobre el fin de la humanidad a manos de un virus mutante.

Ahora, ni ir a llorar al campito podemos, a bancársela, chicos, por suerte la esperanza es lo último que se pierde, ya vendrán tiempos mejores, siempre que llovió paró, no hay mal que dure cien años.

Cuánta sabiduría la de nuestros abuelos, encerrada en la famosa frase “todo tiempo pasado fue mejor”. En fin, de algo hay que hablar y siempre habrá un refrán o frase popular que llene los vacíos, eso sí, aquello de que no hay mal que por bien no venga no se aplica.

¡Vaaamo, todavía! Que no decaiga que no está muerto quien pelea, unidos venceremos…y la mar en coche.

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