Sofrosis: Los gays que acompañaron a Cristóbal Colón

Historias de la Villa

Escribe: Miguel Andreis

La Sofrosis suele ser un motivo de polémica. En realidad, deberíamos preguntarnos qué no se torna en motivo de disputa. Digamos que la Sofrosis no es otra cosa que (la supuesta) regresión a vidas anteriores.

¿Tuvimos vidas anteriores? Quien más habló reiteradamente e impuso socialmente esta temática, fue Fabio Zerpa. Están quienes creen y los que descalifican estas prácticas. No obstante, en no pocos lugares del mundo se la usa como una terapia psicológica para aquellos con problemas irresueltos en cuanto a su existencia.

Consiste, en que el conductor de este tratamiento, lleve con palabras, a la persona en un estado Alfa, como entredormido, pero no en el contexto de hipnosis. Más aún, aseguraba el mismo Zerpa, que en la ciudad de Córdoba había una persona que llegaba a recordar 15 memorias anteriores.

El ovnitólogo refirió en una entrevista el seguimiento que tuvo con el padre del General Antonio Agustín Lanusse, quien superaba en el repaso de esas extrañas relaciones, unos doce pasos anteriores por la Tierra, en ocasiones como hombre, en otras como mujer.

Claro que quien más nos sorprendió con sus relatos en cuanto a esas regresiones, fue el Gordo Oscar Vázquez Carrillo (SIC), conocido en nuestra ciudad por ser un destacado media línea en el rugby local. De esas personas a las que se las señala como un varón en todos los términos.

Ya veterano subsistía con un precario kiosco de café y masas frente a la Escuela José Ingenieros. Dueño de un humor tan formidable como particular, narraba que nunca había sido tan feliz, pero tan feliz como cuando allá a finales del mil cuatrocientos integró el viaje con Colón.

Un viaje formidable

Él fue parte de la tripulación de la carabela Santa María. Venían en representación de los Reyes Católicos de Castilla y Aragón, reinos españoles (realizó cuatro famosos viajes desde Europa a América en 1492, 1493, 1498 y 1502), pisando tierra, luego definida como americana, el 12 de octubre de 1492, en una isla de las Bahamas llamada Guanahan.

Le ponía datos finos. Describía que la mayoría de los tripulantes eran expresidiarios. Delincuentes de todo tipo. Él, también. “Gente dura y ansiosa de amores rápidos”, reflexionaba el Gordo.

“Desde adolescente comencé a sentir atracción por el calor de otros hombres. La cárcel es un buen lugar como para no irse más, sin embargo, aquél viaje fue lo más gozoso y complaciente que pude hallar en el repaso de todas mis vidas anteriores. ¡¡Éramos dos putos en toda la dotación!!”. Portugueses y africanos maravillosos. Dotadoooos y servicialeeees. Cristóbal, de vez en cuando, también buscaba disfrutes. Podía actuar indistintamente. Le encantaba usar las polleras cortas”.

Asegurando que la suerte y la buena fortuna estuvo con él en esa mágico expedición. ¡El otro gay, era un español muy peludo, que odiaba bañarse, pero, además, no todos se animaban a intimar con el liberado! Le decían el “manco capador”.  

Había perdido una de sus manos en un combate y allí le colocaron un gancho. Filoso. Intimidante. Peligroso, ya que en ocasiones de éxtasis le venía algo así como convulsiones. Los daños del puntiagudo gancho podían ser irreparables en las circunstancias del placer. Se había llevado varios testículos en la punta de su curvo y filoso hierro.  Claro que cuando mi labor se desbordaba por abundancia de demanda, él tenía su propia clientela. Sinceramente nunca fue una competencia seria, lo que me volvía más atractivo. En todo caso, menos peligroso. Fueron momentos de éxtasis inolvidables… en ninguna de mis otras vidas, en ninguna, volví a tener tantas extremas satisfacciones”.

Cuando al Gordo rugbier se le preguntaba cómo había descubierto tales y extrañas circunstancias, respondía convencido, ¡¡Gracias a la Sofrosis!!… “Se los recomiendo muchachos, si no sabés lo que fuiste en vidas anteriores, ¡cerrá la trucha antes de opinar!”.

Frente a tal definición, siempre aparecía la pregunta: ¿¡Gordo, si te fue tan bien con aquellos ensayos, seguí participando!? “Nooo, – respondía- en mi actual comportamiento tengo cierto rechazo a los negros, a los musculosos… Pero además muchachos, dónde voy a conseguir un Colón y sus carabelas para repetir tan maravillosas experiencias…”.

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