La ciudad que nos abraza a todos

Villa María – 153º Aniversario

 

Escribe: Germán Giacchero

Villa María es la ciudad de todos. O, al menos, de muchos más que solo de los que nacieron a orillas del río Ctalamochita. Los nativos villamarienses ya no tienen los derechos exclusivos.

Si a un lugar lo hace su gente, su identidad reserva un sitial de honor para el río, el anfiteatro, la costanera y otros símbolos tan propios de la ciudad. Pero, no alcanzan para dar cuenta del ADN que tapiza sus calles.

Antes de que fuera mi lugar en el mundo, Villa María siempre estuvo cerca, por cuestiones de afectos, relaciones familiares, distancia geográfica y razones comerciales.

Y así como es mi lugar, lo es de muchos otros que llegaron y arriban desde todas partes.

Es que Villa María ya no es solo ella. Es una amplia porción de tierra, ilusiones y gente que se agolpa por placer, necesidad, trabajo, diversión y caprichos de la geografía y la política en las puertas y las calles de la vieja comarca de don Manuel Anselmo Ocampo. Su fundador, de quien se dice que nunca la conoció de verdad.

Hoy, devenida en una ciudad-región, una Gran Villa María, con tremendo potencial cultural, artístico, productivo, educativo, sanitario y mucho más. Todo eso, a pesar de un contexto temporal desalentador, que alguna vez acabará.

Más que por el río más bravo, la Costanera más larga, el anfiteatro techado, el subnivel, la ruta pesada, los bulevares, el festival de Peñas, la noche, su belleza, su imagen de ciudad modelo y demás símbolos de su identidad, Villa María se define hoy por su naturaleza múltiple.

Por los aportes de miles y miles de personas que viven, pasan, se quedan, se atienden, hacen negocios, se educan, se curan, se enamoran, se van, vuelven, dejan huellas.

Hace rato que dejó de ser la ciudad de antaño, de los villamarienses solitos. Ya es la ciudad, el pueblo de todos, o, al menos, de muchos.

Profesionales, trabajadores y vecinos de todas las edades, personas reconocidas y destacadas, dirigentes y funcionarios, son y se sienten villamarienses, aunque hayan nacido en otras tierras o sean hijos de padres que abrazaron a esta ciudad como propia.

Ocurre desde hace años, pero se ha acentuado con el paso del tiempo.

El ser villamariense tiene cada vez más un ADN compartido, múltiple, regional, integrador y abierto, que desconoce los límites de los cuatro bulevares, la autopista, el río y los barrios. Y que impregna con una nueva esencia la vida en la ciudad.

Con todo lo positivo y negativo que eso conlleva.

Con las dudas y temores que nos despierta.

Con las expectativas y proyectos que esta ciudad maravillosa, a pesar de sus debilidades, sus desigualdades y sus transformaciones no siempre consensuadas, siempre nos invita a soñar.

La ciudad que alguna vez abrazamos y que hoy nos cobija bajo su cielo, nos acepta en su suelo y nos abraza contra su pecho.

¡Salud, Villa María! ¡Feliz cumpleaños!

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