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[Argentinadas] «Showtime»: Y la vida continúa… todo tan superficial
Asistimos a la banalización de la vida, la política, el desarrollo, la comunicación, hasta la paz mundial parece chiste.
Escribe: Raquel Baratelli
Nuestra realidad es tan irreal como cinematográfica. Pasamos de una película de terror, en la que el mundo se dirime entre armas nucleares y caprichos territoriales que sobrepasan el entendimiento, a parodias locales entre gobernantes y políticos, que juegan a ver quién es más grosero, en pulseadas absolutamente inútiles para el desarrollo de la “libertad” de las personas que cada vez estamos más lejos de vivir una vida sin sobresaltos.
Entre la cinematografía más consumida por estas latitudes, la peli de la guerra de los 12 días que acaba de ser producida por la gran potencia del norte, en la que no faltó la gran participación del paladín de la justicia, quien con su arrogancia tozuda y engestada intervino en la disputa de dos gatos locos, uno de ellos, Irán, el engendro del mal en sí mismo, el otro ese pequeño país llamado “Israel”.

Con armas ultrapoderosas, exclusivas del país que gobierna el paladín, las que jamás serían usadas en todo su potencial, que sólo se fabricaron para disuadir conflictos bélicos, el país del norte destruyó el centro mismo del mal y sin provocar daños personales, dio fin a la lluvia de misiles cruzadas entre los territorios beligerantes.
Con la posterior reprimenda a los mal portados, la guerra, que podría haber derivado en la destrucción total del mudo, cesó. Y a otra cosa mariposa.
Por otra parte, la parodia local tiene un poco más de ribetes, más que una peli de ficción es una serie que va incorporando capítulos y más capítulos, en los que los protagonistas van y vienen, se separan se juntan, entran en pánico o en trance, se convierten en los malos o pasan a ser buenos según mida la audiencia, pero en definitiva el objetivo oculto es el mismo… sobresalir y quedar en boca de todos como el más intolerante, torpe y grosero.

Visto así, los shows con más rating del momento parecen cuestiones inofensivas. El asunto es que mientras se filman y se producen los shows, los actores de reparto son reales y los escenarios quedarán destrozados a la espera de superhéroes de verdad, que breguen por la vida y la supervivencia de los actores secundarios sin los cuales ninguna ficción es posible.