El intendente Eduardo Accastello encabezó la presentación del Congreso Internacional...Leer más
El gobernador Martín Llaryora, junto al intendente de la ciudad...Leer más
En el sector, maquinaria pesada de Vialidad Nacional trabaja en...Leer más
En un contexto nacional marcado por la caída del empleo...Leer más
Durante el sábado y domingo se realizó una nueva edición...Leer más
Son especificamente 110 personas mayores que asisten a la Pileta...Leer más
[Historias] Oscar “Bicha” González, memorias de un “Kaiser” del Sudeste cordobés
Nacido futbolísticamente en Ballesteros, fue campeón en los `90 con San Carlos de Noetinger, Sportivo Unión de Ordóñez y Talleres de su pueblo, donde se retiró en 1998. Está considerado uno de los defensores más refinados en la historia de la Liga Belvillense.
Escribe: Iván Wielikosielek
Lo vi jugar por primera vez en los años ochenta, cuando él tenía poco más veinte y yo apenas diez. Y la jugada que recuerdo se repetiría siempre con maravillosa precisión.
Un pelotazo al vacío para el pique de unos delanteros enormes de Sarmiento o del Bell; fuertes como toros y rápidos como caballos, más parecidos a jugadores de rugby que de fútbol.
Sus tapones de fierro dejan una nube de tierra mientras los centrales de mi equipo van al cruce lentos y pesados. Y sé que no van a llegar; que la alimentación y la preparación física no es igual en Leones o en Bell Ville que en este suburbio de la liga.
Sin embargo, del fondo surge un defensor nuevo; casi desconocido. Visto desde lejos, parece un adolescente. Es flaquito y liviano. Y uno pensaría que se escapó de la hora de la escuela para infiltrarse en la primera. Pero va temerariamente hacia el mismo objetivo que aquellos vikingos de la soja.
Y entonces ocurre el prodigio… Porque muchos de los “rugbiers” caen al piso, dejando más polvo que en un choque de hacienda, mientras aquel muchachito sale de la nube de tierra limpio y con la pelota al pie; la camiseta adentro del pantalón y la elegancia en el porte. Y levantando la cabeza, se la entrega redonda al “cinco”.
Fue en esas tardes cuando “El Bicha” empezaba a convertirse en símbolo del club, en ídolo del pueblo, en una de sus leyendas…

Una mañana en Ballesteros
Cuarenta años después, el hombre que me espera en el medio de la calle y me hace señas es exactamente el mismo. Porque a los 65 años, Oscar Hugo González (en Ballesteros nadie lo conoce por esos nombres) sigue teniendo el cuerpo y la agilidad de un muchacho, de aquel que durante dos décadas se calzó la “dos” o la “tres” de Talleres.
“No, macana, pero pasó el tiempo…”, me dice en la vereda de la mañana cuando le digo que lo veo en estado. Y luego me hace pasar a su casa; una vivienda «de plan» ubicada al oeste de la calle Juan Domingo Perón.
“A esta casa la levanté yo, ladrillo por ladrillo –me dice orgulloso- Mirá, a los únicos albañiles que llamé, fue para que me ayudaran con el techo, porque ahí se me hacía más difícil… Pero fuera de eso…”.
El “Bicha” está con el pantalón y la remera de pintor; con las manchas de rodillo entre el pecho y la espalda. Y entonces le pregunto si se va a trabajar.
“No, recién vuelvo… Hoy arranqué a las cinco por el calor… Pero cuando terminemos la nota, sigo… Estoy en la casa de Drapata, frente a la estación”, me dice.
“Contáme cuándo empezás, entonces, con el fútbol y la pintura…”.
“Las dos cosas empezaron más o menos juntas… Porque a los diez años ya jugaba en el Baby con mis hermanos, el “Quico” y el “Chipaca”; y a los trece ya había empezado a pintar también con el “Panceta”, el “Gordo Pintor” y el “Palomo” Rodríguez, que me llevaban de ayudante… Después entré a la fábrica de cadenas. Y cuando salía, seguía con los trabajos de pintura… Así que tengo más de cincuenta años con el pincel…”.
“Me contabas del Baby…”
“Sí, yo jugué para Credimar de los diez años hasta los catorce; porque en ese tiempo no había fútbol infantil en los clubes, sino que al Baby lo hacían por los barrios… Y en ese tiempo, nosotros teníamos un equipazo y ganábamos todos los campeonatos… Esa es la verdad… Además de mis hermanos, jugaba el Jorge Dekimpe, el “Chiquitin” Hafford, y hasta llegó a jugar la “Quecona” Merlini de Bell Ville… Yo ya jugaba de defensor y nos dirigía el «Negro» Martínez…”

“¿Y Talleres?”
“En Talleres debuté a los catorce años en la cuarta… Fue en la cancha vieja de Ordóñez, y jugué en las inferiores hasta que me fui al servicio militar. Cuando volví, debuté en la primera. Eso fue en el ´81, en la cancha de San Martín Marcos Juárez. Desde ese entonces, siempre fui titular; marcador de punta por la izquierda… También jugué de “cuatro” y de “seis”; pero terminé jugando de “dos” cuando salimos campeones con Talleres en el ´93”.
Encuentro cercano con Luis Galván
Le pido un breve repaso de su carrera, porque alguna tarde de los ochenta, al “Bicha” lo dejé de ver en el club.
“Es que en el ´85 me fui a Talleres de Bell Ville, donde me dirigió Emilio Barco; y en el ´88 a Central con mi hermano el “Chipaca”. En el ´89 pasé en Progreso de Noetinger y tuve la suerte de jugar con Luis Galván y Víctor Ocaño, que ya estaban grandes… En el ´90 me crucé de vereda y me fui a San Carlos. Y ahí salimos campeones con el “Coquito” (Martínez) y el “Perro” (Arbarello)… Fue el primer título de San Carlos y mío. En el `92 jugué en Sportivo Unión de Ordóñez con el “Chipaca” y salimos campeones también. Y el último título y el más lindo, fue el de acá en el ´93… Las tres finales que jugué, las gané… Tuve esa suerte…”
“No saliste campeón con el Progreso de Luis Galván, pero sí con el clásico rival que no trajo ninguna estrella…”
“Es que vos podés tener un equipazo, pero si no tenés un buen grupo, en el fútbol no llegás a nada. Y esos dos equipos de Noetinger fueron dos ejemplos… Con Progreso, teníamos muchos nombres, pero éramos todos de afuera y algunos venían recién los viernes… Además de Galván y de Ocaño, estaba Biler de Villa Nueva, Montenegro de Córdoba, la “Mamita” Bustos y el Mario Marroncle de Bell Ville… Es difícil cuando no se entrenan todos juntos… Como será que ni siquiera nos clasificamos…».

“Tenés un récord porque ganaste no sólo el primer título para Ordóñez sino también para Ballesteros…”
“¡Sí, no lo había pensado, pero tenés razón! Y lo curioso es que en ninguno de los dos equipos jugué de “tres”… En Ordóñez estaba de doble cinco, con dos volantes por afuera; y en Talleres jugué de “dos”…
“¿Cómo eran esos “lagartos” y aquellos “albiazules”?
“En Ordóñez no había un equipazo, pero había un grupazo; como te dije antes. Eran increíbles… Si había que ir a pelear, íbamos a pelear todos. Y si teníamos que ir a comer un asado, íbamos todos también… Y tuvimos un gran técnico; el “Cacho” Basualdo… En Talleres, en cambio, tuvimos las dos cosas juntas… Y otro gran técnico que fue Verdenelli…”
“¿Cómo es eso?”
“Como en el ´93 no nos clasificamos con Ordóñez, me volví a Talleres para jugar el Clausura. El “Raspia” (Casabona) y yo vinimos de refuerzo. Unos meses antes, habían vuelto el “Coquito” Martínez y el “Cabezón” Flores. Y a eso tenés que sumarle los chicos del club; el Carlitos Villalba, el “Negazo” Cepeda, el “Keko” Brusa, el David Albiero y el “Gallego” Ballsells al arco… Éramos todos del pueblo, sólo que muchos nos íbamos a jugar afuera pero ese año coincidimos todos… Y mirá lo que conseguimos…”
“¿Fue el mejor equipo en el que jugaste?”
“No, el mejor fue el Talleres del ´82. Llegamos al triangular final con Sarmiento y Complejo de Posse, pero perdimos. En ese equipo jugaba el Daniel Pucetti de 6, el Jorge Marusich de 8, el “Zurdo” Esquivel de 5, el “Quico” de 10, el “Ricardito” Oviedo de 7, el Germán Barrionuevo de 9 y el “Güara” López de 11… Como será que ese año vinieron de refuerzo el Elio (Fuentes) y el “Chipaca” y estaban en el banco… Nunca volví a jugar en une quipo como ese… Y fuera de Esquivel, todos eran del pueblo también…”
Talleres, el semillero más pobre del mundo
“¿Por qué Ballesteros saca tan buenos jugadores y después se van?”
“Porque acá nunca se pagó bien… En el ´82, nosotros jugamos gratis, y en el ´93 también… Acá en Ballesteros, siempre se jugó por la camiseta, no por la plata… Pero uno se las tenía que arreglar para vivir… Nunca me voy a olvidar cuando pasé a Progreso. Me recibió un abogado para hacerme el contrato y me dijo: “al precio ponélo vos”. Te lo juro… En los otros pueblos y ciudades de la liga, además de mutuales, hay gringos que ponen mucha plata… Parece que acá en el pueblo, a los gringos del campo no les gusta el fútbol (risas)”.
“¿Tuviste problemas para irte del club?”
“No, porque el Julio Kiehl siempre se portó siempre muy bien con nosotros… Siendo presidente, nos dio el contrapase a todos… Acá jugamos gratis hasta el ´85 y después nos fuimos a otro lado… Para que te des una idea, en el ´91 había 11 jugadores de Ballesteros en distintos clubes de la liga… Fueron los tiempos dorados de nuestro fútbol… Hoy no hay el interés por el fútbol que había antes… Mi hijo el Ivo, tenía unas condiciones bárbaras… Con decirte que se lo llevaron a Belgrano… Pero no le dio bola y se volvió…”
“¿Cómo es que llegaste a jugar de «dos» siendo menudito?”
“La clave está en tener un buen «seis» adelante… Y yo lo tuve al Jorge Muñoz, que iba siempre sobre el nueve y no lo dejaba mover. Pero si pasaba, yo estaba rápido y bien entrenado; y siempre llegaba a los cruces…”
“Un líbero de tus características era, precisamente, Luis Galván… ¿Nunca te dijo nada?”
“No, pero sin querer me dejó uno de los mejores elogios… No me lo dijo a mí, pero se lo dijo al “Grupi”, uno de los que ponía plata en Progreso. Me enteré hace poco. Luis Galván le dijo: “mirá que he jugado en muchos lugares, pero marcador de punta como ese chico González, nunca he visto…” Son esas cosas que te llenan de orgullo cuando pasa el tiempo…»


“Como lateral, eras de los que iba…”
“Sí, de mitad de cancha en adelante, yo era un delantero más. Iba y venía y llegaba siempre. Lo que me faltaba de físico lo reemplazaba con manejo de pelota. Y acá en Talleres, tuve la suerte de jugar con el “Lalo” (Ceballos) uno de los mejores jugadores de la liga. Él me habilitaba siempre para que subiera. Pero después tenía que bajar en tiempo récord… En San Carlos estaba tan bien físicamente, que el relator Eladio Arregui, me había puesto de sobrenombre “El Relojito”… Y así me dicen todavía en Noetinger; el “Relojito González”… Allá no soy el “Bicha” (risas)
Partido de las Estrellas; “Quico” en el cielo con diamantes
“¿Cómo siguió tu carrera después del título con Talleres?”
“Jugué seis meses en Matienzo de Monte Buey y en el ´94 volví a Progreso hasta el ´97. En el 98 volví a Talleres, jugué el Interliga y me fracturé los ligamentos… Y entonces dejé… Podría haber jugado hasta los cuarenta, pero dije basta. Estuve tres meses con el yeso hasta la cintura… Me acuerdo que había chocado con Noselli, del Atlético de Leones. Noselli había jugado en Belgrano y era muy grandote y muy bueno… Y esa fue mi última jugada… Hoy podría estar en el Senior, pero como tuve problemas del corazón, ahora juego a las bochas… Y salgo a trotar todos los días cuando termino con la pintura…”
Veo que el “Bicha” mira la hora. Las paredes de Drapata lo esperan, junto al rodillo y la escalera que dejó allá, bajo la temperatura de la noche.
Y entonces, antes que se termine la nota, le pregunto por la muerte de su hermano.
“Lo del Quico es algo que no me lo puedo explicar todavía… Aunque había dejado el fútbol Senior hacía unos meses, estaba muy bien físicamente… Andaba en bici, caminaba, salía a trotar… Yo estuve con él un día antes de fallecer… Me lo encontré en la ferretería y me dijo que al otro día se iba al médico… Le hicieron dos endoscopías en un mismo día y falleció… Nunca nos explicaron por qué… Sólo que se empezó a sentir mal y cuando se lo llevaron, le salía sangre de la nariz…»
El «Bicha» hace una pausa, un breve réquiem para su hermano fallecido. Y continúa.
«El “Quico” es uno de los mejores jugadores que vi en mi vida… Y no te lo digo porque sea mi hermano… Está entre los tres máximos goleadores de la liga junto con Marroncle y el “Gringo” Quinteros… Tuve la suerte de que jugáramos los tres hermanos juntos en Talleres en el ´81 y el ´82… Nos llevamos dos años entre los tres y yo soy el más chico, nacido en el ´60… Y todavía me acuerdo de esos días…”
Y yo también me he quedado pensando en el pasado; y que en la misma jugada que imprimió al “Bicha” en mi memoria (y acaso en la de todo el pueblo) fue la misma que lo sacó de las canchas. En la primera salió jugando limpio, como un «káiser» del sudeste; pero en la otra chocó y quedó tirado para siempre.
Sin embargo, hay un “bonus track” y el «Bicha» me lo cuenta cuando le pregunto si tiene alguna camiseta de Talleres para sacarle una foto.
“Tengo la del 2006… La del cumpleaños 140 del pueblo… Para esa fecha, nos volvimos a juntar los campeones del ´93. Fue a instancias del doctor (Mario) Bauk, que era intendente y armó un “Partido de las Estrellas”. El “Perro” Arbarello vino con sus amigos de San Lorenzo; el “Conde” Galetto, el “Pampa” Biaggio, el “Panchito” Rivadero, el “Diablo” Monserrat… Y se sumaron Víctor Sotomayor, el “Tula” Curioni y “Chocolate” Baley al arco… También vino “Falucho” Laciar… Todos habíamos dejado de jugar hacía tiempo; pero nos volvimos a entrenar para ese partido… No sabés la cantidad de gente que había en la cancha… Al final, ganamos 3 a 1 con goles del “Coquito”, el Cabezón” y el “Quico” y después comimos un asado todos juntos en el club… Fue como haber salido campeones de nuevo…”
Y entonces, sacándose la musculosa llena de pintura, el “Bicha” se vuelve a calzar aquella mítica número “dos” albiazul del 2006. Y agarrando una pelota (la número cinco dorada que le regalaron Los Lagartos en el ´92) lo retrato en el porche de su casa.
Esa misma casa que levantó con sus manos y que está impecable como él cuando jugaba; saliendo de un cruce con la cabeza levantada para habilitar al “Lalo” y que Luis Galván vuelva a decir «marcador de punta como ese chico González, nunca he visto…».