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Una de las creadoras del concepto de “espectro autista” ahora cuestiona su alcance
La reconocida investigadora británica Uta Frith, sostiene que la definición se amplió demasiado y que eso puede dificultar el diagnóstico. Propone revisar el concepto y diferenciar grupos dentro del espectro. Sus planteos ya generan debate entre especialistas y organizaciones de personas autistas.
Una de las investigadoras más influyentes en la historia del autismo volvió a poner en discusión la manera en que se entiende y diagnostica esta condición. Uta Frith, psicóloga británica de 84 años y profesora emérita del University College London, sostiene que el concepto de “espectro autista” se amplió tanto que corre el riesgo de perder utilidad clínica.
En un editorial publicado en agosto de 2026 en la revista científica Psychological Medicine, Frith analiza cómo cambió la definición del autismo desde mediados del siglo XX y plantea que el aumento de los diagnósticos requiere revisar los criterios actuales.
Una definición que se fue ampliando
Según Frith, el autismo fue originalmente entendido como una condición asociada a dificultades importantes en la interacción social, la comunicación y determinados patrones de comportamiento. Con el paso de las décadas, la definición se amplió para incluir personas con diferentes niveles de lenguaje, inteligencia y necesidades de apoyo.
El actual concepto de trastorno del espectro autista (TEA) permite el diagnóstico en personas de distintas edades y capacidades. Además, los criterios actuales contemplan características como diferencias en la respuesta a estímulos sensoriales y permiten considerar síntomas presentes actualmente o registrados a lo largo de la historia de la persona.
Para Frith, esta ampliación hizo que dentro de una misma categoría quedaran reunidas personas con perfiles y necesidades muy diferentes.
“El espectro ha colapsado”, sostuvo la investigadora en una entrevista publicada por Tes, donde planteó que podrían existir subgrupos más específicos y clínicamente útiles.
El foco en los diagnósticos en adolescentes y adultos
Uno de los puntos que más debate genera es su mirada sobre los diagnósticos realizados durante la adolescencia y la adultez.
Frith sostiene que existen diferencias importantes entre quienes reciben un diagnóstico durante la infancia y quienes llegan al diagnóstico muchos años después. Según su análisis, el segundo grupo creció de manera especialmente marcada y está compuesto en buena medida por adolescentes y mujeres jóvenes.
La investigadora cuestiona además el peso que actualmente tienen los relatos subjetivos durante las evaluaciones y plantea que debería reforzarse la observación clínica. También pone en discusión el concepto de masking o “enmascaramiento”, utilizado para describir estrategias mediante las cuales algunas personas autistas ocultan o compensan determinadas dificultades sociales.
No hay un biomarcador que determine el diagnóstico
Otro de sus argumentos es que actualmente no existe un análisis de sangre, estudio de imágenes o biomarcador único que permita determinar si una persona es autista. El diagnóstico se realiza a partir de la evaluación clínica y de la historia del desarrollo y el comportamiento.
A partir de esto, Frith sostiene que resulta necesario aumentar la precisión de las evaluaciones para evitar que otras condiciones o características personales sean interpretadas como parte del espectro autista.
Una propuesta que genera controversia
Sus planteos, sin embargo, no son aceptados de manera unánime.
La National Autistic Society del Reino Unido cuestionó su propuesta de dividir el espectro en subgrupos. La organización señaló que las investigaciones sobre subtipos todavía están en desarrollo y que, por el momento, esas categorías no tienen una aplicación clínica establecida. También advirtió que una nueva clasificación podría aumentar el estigma o dificultar el acceso a apoyos.
Otros especialistas también defendieron la importancia de reconocer las distintas formas en que puede manifestarse el autismo, particularmente en mujeres y personas que reciben un diagnóstico en etapas posteriores de la vida.
Por eso, el planteo de Frith no implica que exista actualmente un consenso científico sobre que el “espectro autista” haya perdido validez. Lo que abrió es una discusión sobre hasta dónde debe extenderse la categoría, cómo deben realizarse los diagnósticos y cómo distinguir entre perfiles que pueden presentar necesidades muy diferentes.
El debate toca cuestiones que van más allá de una etiqueta: diagnóstico, acceso a apoyos, educación, investigación y la manera en que millones de personas comprenden su propia experiencia.
Fuente: clarin.com