González y Acevedo rechazan nuevos aranceles para prestaciones de salud...Leer más
Los procedimientos se realizaron entre el 23 y el 26...Leer más
En el marco de la Ley Provincial N.º 11.023, más...Leer más
El procedimiento se realizó durante la madrugada en un local...Leer más
La propuesta se realizó el domingo 25 de octubre y...Leer más
La iniciativa municipal busca fortalecer las herramientas para la búsqueda...Leer más
[Opinión] Final de ciclos sindicales agotados
En estos últimos años hemos venido transitando en la República Argentina, el proceso final de ciclos sindicales agotados. El ejemplo más visible es la C.G.T. nacional.
Escribe: Abogado Carlos Cafure
El ejemplo más visible es la C.G.T. nacional, que luego de Salud Ubaldini y Hugo Moyano al frente de ella, se convirtió en el hazme reír de todos los gobiernos de turno (incluyendo el de Milei).
Funcionó como una cáscara vacía de contenidos y sin peso de ningún tipo, con dirigentes que se olvidaron de la función que debían ejercer, para manejarse como militantes de distintos sectores políticos de turno.
A nivel provincial en Córdoba observamos un movimiento alarmantemente obrero tibio e intrascendente, que no solo ha perdido derechos laborales en materia salarial y jubilatoria de sus afiliados, sino que además tiene mala imagen también ante la sociedad.
Organizaciones sindicales históricamente combativas, hoy tienen al frente de ellas a personas que lejos de elaborar planes de luchas en serio y lograr resultados concretos, se dedican a hacer caravanas en autos, carpas en plazas y ahora también ollas populares.
Dan vergüenza ajena.
Qué bajo se ha caído.
¿Cuántas décadas hacen que en Córdoba no se hace un paro provincial?
¿Cuántas décadas hacen que no se logran nuevos derechos o bien como mínimo, que se deroguen leyes que perjudican a trabajadores y jubilados provinciales?

En épocas realmente difíciles, los cordobeses tuvimos la dicha de contar con grandes dirigentes gremiales de la talla de Agustín Tosco, Atilio López y René Salamanca (todos de distinto color político partidario en su corazón), pero que en la función sindical a los únicos que defendieron fueron solo a los trabajadores, que tan dignamente siempre representaron.
Hablamos de sindicalistas queridos hasta por el pueblo en su conjunto.
Por otro lado, se observa no solo aquí sino también en otros puntos del país, a personas que llevan décadas integrando conducciones sindicales de forma ininterrumpida, casi como patrones de estancia y obturando a través de diferentes formas, la posibilidad de que nuevos cuadros emergentes puedan llegar a la conducción de ese sindicato.
Resulta una contradicción absoluta con el sistema republicano que tenemos en Argentina, que no existan límites en los mandatos de los cargos sindicales y que no se fije legalmente un período obligatorio de alternancia para poder volver a postularse a un cargo gremial.
Se aplica esto en la política partidaria, por ejemplo, para cargos de Presidente, gobernador o intendente.
¿Por qué no se establece de igual forma en la Ley de Asociaciones Sindicales y de manera obligatoria en todos los Estatutos Orgánicos Sindicales?
Hay sindicalistas que cumplieron la edad jubilatoria y que aun así pretenden seguir atornillados en cargos gremiales.
Hay que ponerle un límite legal también a esta situación. Persona que cumple la edad jubilatoria, debe quedar automáticamente fuera de la posibilidad de integrar un nuevo Consejo Directivo.
En tiempos de gobiernos de extrema derecha que dicen ser libertarios, pero también de otros que dicen ser peronistas y demuestran no serlo, los trabajadores y los jubilados están huérfanos de instituciones sindicales que verdaderamente los defiendan.
No hay C.G.T., ni lucha.
No hay sindicatos que tengan la contundencia de anunciar paros provinciales, entre otras medidas de acción directa.
Todo lo que está aconteciendo frente a nuestros ojos, es el final de ciclos sindicales agotados, que gritan por una urgente renovación generacional y dirigencial en la C.G.T. y en organizaciones gremiales.
Las mismas necesitan empezar a ser conducidas por los mejores cuadros que existan, por gente preparada y capacitada, con independencia política, dejando de lado tanto a burócratas, a pichones de burócratas y sobre todo sin más olor a naftalina dentro de ellas.