7 de junio: Día del periodista: De lo que poco se conoce…

1938, año en que quedó instituido el «Día del Periodista» en todo el país. El hecho tiene como disparador en el marco de homenaje, a la fecha de aparición del primer número, en el año 1810, de la «Gazeta de Buenos Aires», órgano de prensa y vocero de la Revolución de Mayo, creado e inspirado por Mariano Moreno. La conmemoración anual de este día, destinado a «afirmar la libertad de prensa sin la cual no se concibe un periodismo digno y eficaz», fue adoptada por el Primer Congreso Nacional de Periodismo, reunido en Córdoba, entre el 25 y el 27 de mayo de 1938.  La particularidad de aquel encuentro fue la delegación de periodistas villamarienses, que asistieron representando a la ciudad y en nombre del Centro de Periodistas de Villa María. Los asistentes locales desplegaron un activo protagonismo. Los escribas que asistieron fueron: Eneas Alvarez Igarzabal, Juan José Hernández Arregui, Gregorio Parra y Armando Castillo. Sumándose a los nombrados, como oyente, un joven dinámico y hacedor, nos referimos a Victoriano Godoy.  Precisamente, se debe a una iniciativa del villamariense Alvarez Igarzabal, la propuesta de crear la Federación Argentina de Periodistas, que representó durante varias décadas a los hombres de prensa de todo el país. De esos hombres emerge la idea de establecer el 7 de como Día del Periodista. Como dato aleatorio, el 7 junio de 1956 se impuso el nombre de «Periodistas Argentinos» a una de las calles de la ciudad de Villa María.  Síntesis de un trabajo de recopilación realizado por Bernardino Santiago Calvo en su libro “La ciudad y sus barrios. Precisamente Dino Calvo fue por varios años presidente del Centro de Periodistas Lucio Capdevila, hoy usado como sede de una delegación de hinchas de fútbol del Club San Lorenzo de Almagro.

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De ayer a hoy. Los parecidos

La primera vez que los periodistas argentinos decidieron tener un día en el calendario tuvo una clara intención: señalar un parto. Lo que así nacía era una visión del rol político y social de la comunicación y sus actores, que hoy conviene recordar porque las circunstancias se repiten burdamente. Por entonces, lo que aquellos periodistas pretendían era un marco legal acorde con las transformaciones que habían convertido la producción de la noticia es un negocio monumental e impune, amparado en protecciones y prebendas que se justificaban con el escudo de la libertad de expresión. Aquellos periodistas se hicieron entonces una pregunta clave: ¿son las empresas las que garantizan ese derecho social? ¿O se amparan en él para defender sus privilegios?  Para responder este dilema, el Círculo de la Prensa de Córdoba organizó un Congreso Nacional de Periodistas que se llevó a cabo en la capital mediterránea el 25 de mayo de 1938. La invitación tenía objetivos concretos: evitar “las formulaciones líricas” y obtener “resultados prácticos”. El trabajo de los delegados dio como resultado el borrador del Estatuto del Periodista –que lograron imponer seis años después- y la consagración del 7 de junio como la fecha marcada en el calendario para pensar qué representa “la libertad de pensamiento”, tal como definió uno de los principales impulsores del encuentro, el periodista Octavio Palazzolo. Las dos cosas fueron resultado del cambio de paradigma con el que aquel Congreso enfrentó la cuestión: el Estado garantiza la libertad de expresión cuando protege la labor de los periodistas y no a las empresas.

El cambio que representa esta mirada es producto de dos cuestiones centrales: una definición clara sobre la identidad del periodista profesional y una coyuntura histórica tan excepcional como la de hoy. Así se proclamó el Día del Periodista y se redactó el Estatuto profesional. Cómo se logró que se convierta en ley es otra historia que también se parece a lo que se está vivencia en la actualidad.

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