La realidad que no se muestra….

La cuarentena… ¿Exacerbación de una medida?

1 de Mayo. Uno de los días más emblemáticos que tiene la humanidad. Estoy sentado frente al teclado ante la duda si contar o no de lo que fui testigo en el la jornada de ayer. Sé que esto molestará a muchos. Especialmente al fundamentalismo del poder.

Un mensaje de texto proveniente México, un amigo que ha quedado varado en dicho país. Había llegado mucho antes que esto de la pandemia se fuera extendiendo a lo largo del mundo.

Sabiendo que como comunicador poseo un permiso para movilizarme en la ciudad, me pide que vaya a ver a un amigo de él -que yo no conocía-. Una persona de unos cuarenta años. Hace unas semanas le había dado un ACV. Su vivienda, muy precaria se ubica en donde termina el barrio Los Olmos. No fue fácil hallarlo. A quien buscábamos, sobrevive de changas y tiene a su cargo un hermano con discapacidad. Áspero panorama. La misión era llevarle algunos medicamentos, además de otras cosas. Cruzamos la ciudad y, puedo jactarme de conocerla bastante, a esta no la tenía registrada, me conmoví. No solo por la pobreza que nos esconden. De la que no se habla. Sino que por los distintos barrios que atravesamos para dar con su paradero, la cuarentena no existe. Esto lo puede comprobar cualquier lector comprobándolo por sí mismo. No hablemos de tapa bocas, máscaras o barbijos. De guardar distancia aún menos. La vida en esos lugares, digamos enormes cantidades de barrios, no sabe del aislamiento. No existe. En algunos por el hacinamiento en que viven.  6 o 7 en una pieza. Están afuera o adentro le da lo mismo, sino que una gran porción de esos vecinos viven de trabajos informales; sin recursos y con una estigmatización paralizante. Nadie respeta nada. Tampoco como sociedad los hemos respetado a ellos. Cada vez nos encontramos con mayor exclusión hacia el abismo.

Buscando gente

Encontramos a Claudio, aún con todo ese mal busca algún laburito para que los platos no se conformen en tazas de verde líquido y algún bollito de pan, si ese día ha tenido fortuna de hallar, aunque sea, pasar una bordeadora de pastos para ganarse dos mangos. Está contento porque ya puede mover uno de los brazos y piernas que le habían quedado paralizados.

Lo llamativo es que todos los negocios, comercios, en su mayoría pequeños y no tanto, estaban abiertos y con gente. Respetaban el de ingresar por orden de llegada. No más de dos (en caso de que el lugar así lo permitiese), manteniendo las distancias. Bastará recorrer arterias como la Mendoza o Sarmiento, para observar que por allí nada está cerrado. Por allí se ven rostros semi tapados. TIENEN QUE SOBREVIVIR… y me alegró que se atrevieran a romper con un cerco que se lo pusieron al centro. Casi un desatino de indiferencia para los que, en ese corazón de la ciudad, al que le hace falta, al menos varios by pass, lo han condenado. Es casi fantasmal ver los ingresos de negocios llenos de facturas de servicios a medio asomar bajo la puertas. Las empresas nunca dejaron de enviarlos. Gran parte de los que habitan el centro han quedado condenados a la extinción comercial. Unos y otros, pero principalmente el gobierno, los confina, casi como si existiera un dejo de resentimiento, a perder lo logrado en años y años de esfuerzos no siempre reconocidos.

Observar y conocer antes de juzgar

Las dos imágenes son chocantes. En Villa María, afortunadamente no tenemos, hasta hoy muertos por el COVID 19; citarán a la mujer de La Playosa que, poco se dijo, tenía una enfermedad preexistente.

Nos hicieron creer que se venía el fin del mundo. Mientras tanto nos fuimos olvidando de los olvidados, el miedo nos entorpece; bloquea, nos hace creer que todo lo que viene del poder en cualquiera de sus órdenes es real.

Y digo esto, parapetado en un pensamiento, casi la mitad de la ciudad no cumplió PORQUE NO PUEDE, con la cuarentena, es decir que eso de que el municipio nos cuida, es absolutamente relativo. Y en esto sería de necios que el COVID 19 NO mata. En algunos pocos casos es letal;  claro que nunca nos explican las estadísticas fehacientes. Hay 800 veces más posibilidades de fallecer en un accidente de tránsito que de coronavirus.

Si unos cumplieron o cumplimos con el aislamiento y gran parte no, (¡¡cuidado, en la misma ciudad!!), algo no queda en claro. Deberíamos estar todos contagiados. (Afortunadamente no) O hubo una exacerbación de las medidas o existe un parte que no se nos contó. No solo eso, también en esto han metido la grieta de los que consideran que está bien continuar encerrados y otros que indefectiblemente tienen que saber que el hambre es más dañino.

Recién estamos viendo una parte de lo que está sucediendo. Sería fantástico que este escrito fuera ridiculizado con cifras concretas por aquellos que piensan que todo lo que nos bajan de las usinas del poder,  forma parte de la más sincera verdad. Lo que nos indican las casuísticas que el nivel de muertes en el mundo, 7.500 millones de personas, es de 0,023 %. En principio se habló que como mínimo llegarías a un 1,80%.  En Argentina, donde hacen todo perfecto, pero un día sin protección alguna y  largan 2 millones de jubilados a que estén 12 horas juntos y sin ningún tipo de protección, las cifras son aún -por suerte- más bajas.. Eso lo hizo el gobierno no la rebelión de la gente.

Lo absoluto es que Villa María está en zona roja, por lo que nos siguen restringiendo la libertad de salir a caminar 30 minutos, algunas elementales medidas,  el estar encerrado enloquece, en otros casos, como los de Claudio, es imposible porque la realidad del comer así se lo manda. No sé si alguna vez alguien les pedirá a los gobernantes que rindan cuentas. Posiblemente muchos nos hayan querido cuidar, pero dejen que la gente se cuide sola, por lo visto hay más sentido común en el llano que en la cúspide de donde se disparan las órdenes.

Cierro indicándoles que, les guste o no, algunos nunca cumplieron con la cuarentena y otros, muy posiblemente, ante los hechos, ya, con razón o sin ella, comenzaron a romperla …

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1 comentario en “La realidad que no se muestra….”

  1. Miguel excelente este artículo, tienes mucha razón, y eso no solamente ocurre en mi querida Villa María, también en todo el País.
    Abrazo a la distancia

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