¡¡ Lo que vendría detrás de la cuarentena!!

Camino a la ceguera masiva

Escribe: Miguel Andreis

La frase, se dice, es tan vieja como el país: “Siempre hay que andar con los zapatos lustrados, aunque los pantalones estén rotos, dan una presencia distinta”. Más cerca en el tiempo cobra vigencia otra expresión: “Así el auto esté sucio, limpiále los vidrios, todos miramos hacía allí porque nos interesa saber quién viaja adentro”. Somos una sociedad de apariencias, aunque la desechamos y la imitamos a la vez…

Aún caminando hacia ninguna parte, estamos transitando hacia algún lado, posiblemente ese algún lado, sea mucho peor que la “posta”, donde por el momento estamos parados y solo se ve el desierto.

En un momento el General Julio A. Roca se perdió con su tropa en medio del desierto. Uno de sus cuatro guías, ya viejo, comenzó a desvariar. Él, como conductor tenía la obligación de aparentar que todo estaba en orden. En su interior sabían que iban hacia territorio del cacique Mariano Rozas y sus chuzas bravas. Llamó aparte a Ludovico Carbonillas –su baqueano preferido e interpeló-. El hombre no estaba en sus cabales. Pensó en quién de sus otros tres guías podía convertirse en el responsable del camino a seguir. El viento y el frío se volvían tan riesgosos como los “crenchudos”. Algo había cambiado en la topografía, médanos que tapaban árboles, y postas que no aparecían. Los tres expertos dudaron. Solo uno intentó aparentar que conocía el lugar dónde estaban. Fue él, quien comenzó a galopar al lado del comandante. Roca sabía que unos años antes a Alsina le había pasado algo similar y que terminó costándole varias vidas. ¿Qué hacer?

El ahora referente, Ramón Pedernera, mulato criado en el sur bonaerense, tenía unos cuarenta años, era bajo y locuaz. Precisamente esa condición – la de locuaz- le preocupaba a Roca. Dos días después divisaron dos indios “bomberos”. Los alaridos les llegaron de golpe. Combatieron a pleno sol. Si bien salieron victoriosos, tuvieron una veintena de soldados de baja.

La idea original del militar era pasar por un territorio alejado de los caciquejos.

Muy molesto llamó a Pedernera para reprenderlo. ¿¡No me dijo usted que sabía adónde íbamos!? ¿¡Tiene idea del costo en vidas que tuvimos!?

El baqueano sin levantar la vista respondió: “mi comandante, en apariencia íbamos por el camino correcto. Usted podría haber optado también por el de los otros guías…”

Pedernera tenía razón, si alguien se deja guiar por las apariencias, sabiendo que es solo eso, apariencias, la responsabilidad pasa a ser compartida, porque se ve solamente lo que se quiere…”

Nuestro país es un enorme muestrario

de apariencias y con postas imaginarias

Creer que el presidente Alberto Fernández es el hermano menor de Satanás, no es otra cosa que intentar ver con los ojos llenos de arena. Pedernera veía lo que Roca le permitía ver. 

Poco se sabe de la reciente reunión en Olivos con CFK. Lo trascendido es irrelevante. Lo que quizás o, seguramente, no lo sea, es sobre que dialogaron. Ambos saben que la más cruda realidad llegará una vez que finalice la “Cuarentena”. No pocos sospechan que se quedarían vivir con ella. Lo matemática de los muertos desnudaron una realidad que desfiguraron de un principio. La sobre exacerbación en una pandemia riesgosa, pero lejos de la hipotética mortalidad que nos prometieron. Afortunadamente no fue como nos contaron con anticipación. Claro que igualmente se confinó a una población con el mismo grado de estado de sitio. Impusieron el temor y la obediencia debida, como si se tratará de los pecados capitales con los que las religiones someten a lo pueblos.  Ahora vendrá la radiografía de una economía comatosa y sus graves consecuencias. Pocos, muy pocos saldremos ilesos ¿Cuántos cientos de miles se sumarán a los millones de desocupados? ¿Cuántos negocios ya no volverán abrir sus puertas? Nada de eso será gratuito. Lo sospechado, en carácter de estrategia por el mismo gobierno, dan cuenta podría verse en las próximas semanas o meses.

  Alfiles o caballos, nunca peones. Importantes, pero no fundamentales.

CFK y su séquito con apetito de poder de un obeso insaciable van manoteando todo lo que encuentran a su paso. Cargos públicos y parcelas de poder. Dulce o salado les viene bien. Tal vez presuman que no es demasiado el tiempo que les queda al beso de las buenas noches que se dan con Alberto. Nadie sabrá, por el momento, si sueñan con la misma sintonía. Hay actos del primer mandatario que llevan a sospechar que van por la misma senda y otros, que ella ya no se conforma con la vicepresidencia. Quiere el trono. La impunidad de ellas y sus fuerzas ya la logró. Normativizó la corrupción.

Ni el extravío logra aunar criterios

Sigue habiendo opositores, no oposición. Muchos “baqueanos” que no acuerdan en el mismo camino y una ciudadanía vacía de voces que los guíen.  Aparentan que no hay desesperación, pero en su intimidad saben que la desesperación está. ¿Cómo llegar a la posta que pretenden?

Da la impresión que el caballo del poder se ha desbocado y la “cautiva” puede cabalgar parada. También sabe ella, que el gran costo, del bombardeo apócrifo que cayó sobre el país, lo deberá pagar su socio Alberto. En sus manos tiene los últimos sondeos de opinión. Así como creció su imagen presidencial con el inicio de la pandemia, se le fue derrumbando cuando la oscuridad de la cuarentena inmovilizaba todo rasgo de productividad.

El cacique ya no cuenta con las prebendas a granel que podía repartir (aguardiente, sal, charqui, y también mujeres para los más sublevados). Se les acortan los tiempos de las apariencias. Van perdiendo lanzas en la huida hacia adelante. Aún a los trancos, desconociendo el horizonte, se transita en la búsqueda de algo. Huir siempre es algo, claro que más digno que huir es dar batalla…

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Roca hizo armar su carpa de campaña y sacó un banco de madera que llevaba expresamente con la intención de observar el firmamento. La Cruz del Sur; Las Tres Marías; Centauro, era el mismo cielo “meridional”. Por más que intentó nunca pudo leerlo como los baqueanos. No lo logró. Ya era tarde.

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Curiosamente ya nadie habla de urnas. El temor que subyace es que caciquejos del poder vayan por la construcción de un nuevo país, con otros paradigmas, para lo que, deberán romper todo atisbo de democracia, de constitucionalidad, parecerían que van por la suma de los poderes públicos, el silencio de los divergentes y varios etc. Varios de esos objetivos ya lo lograron, pero lo más profundo es como van desnudando su inexistente apego por el republicanismo. Para eso se han lustrado los zapatos e intentan que los vidrios no tengan barro. Aún precisan que los vean. Espían el sótano y descubren que las provisiones ya no llenan las estanterías como en otros tiempos. Comenzará a escasear el aguardiente, la sal y el charque. No les será fácil conducir a los lanceros…

Opositores quieren aparentar que van camino a ser oposición

Hasta el momento solo aparentan. Ninguno se atreve, por eso de las apariencias, a presagiar que el caballo desbocado de la “cautiva” del cacique no reviente antes de alcanzar la meta, el dominio de una sociedad desconocida hasta el momento. El animal no tiene riendas. Y galopa hacia la nada. Medanales y profundas cortadas están en el camino. Se puede aparentar que no hay riesgo alguno. Pero el riesgo está. Y es un trance hacia lo desconocido.

Roca echó de sus filas a Ramón Pedernera. Lo condenó al más indigno de los regresos: sin caballo. Con el tiempo se enteró que Pedernera hacía tiempo que estaba casi ciego. Que no lo dijo por temor a que lo separaran. Aquel aparentar le había costado más de 20 vidas y una expedición fracasada. Roca debió saberlo antes. Para eso era el comandante…

Mientras que como sociedad o estructuras políticas sigamos convencidos que lo importante son los zapatos lustrados y los vidrios de los autos impecables –aunque abajo el barro los apeste- seguirán los que pretenden una sociedad, como otras que se vieron en el mundo anteriormente. Quienes afirman que de esto no se sale sin una dura confrontación social, donde todo vale, pueden estar equivocados o muy equivocados, claro con que acierten solamente, en una pequeña parte, descuidar el futuro como ciudadanos, no sería otra cosa que la alegoría de los extraviados. Tal vez los argentinos tengamos que atravesar la metáfora de Pedernera, dejar que los ciegos nos guíen.

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