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El discurso del presidente Fernández. ¿¡Qué se nos está ocultando!?
Cuando los relojes marcaban las 20.34 minutos, el presidente de la Nación, acompañado de Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, dio comienzo a su discurso. Desde lo estético pareció más logrado, más seductor, prolijo, en lo conceptual; no obstante, nos permite observar que continúa empantanado en una disposición cuasi victoriosa. Posiblemente tal cerrazón no les permita captar lo que siente la gente que habita nuestro país.
“Quiero explicar donde estamos parados. Hemos logrado quitarle movilidad -movimiento- a los casos”. Y expuso sus condolencias a los familiares de los fallecidos. “Está ocurriendo como lo venimos planeando hemos sido estrictos en todo el país. Claro que el mayor mérito se lo llevan los ciudadanos que de un modo magnífico demostraron un comportamiento cívico elogioso”
“Argentina evoluciona controladamente. Hemos tenido éxitos frenando la pandemia”. En el mismo tenor, sin perder el intento de seducción, remarcó la frase de uno de los investigadores que lo acompaña: “No debemos perder de vista que el virus no nos busca, nosotros lo buscamos.”
El caso sueco
“Argentina tiene 6 fallecidos por cada millón de habitantes. Hemos aplastado la curva”. Y en referencia a algo que se habló mucho en los últimos días, como es el caso sueco, ingresó en los números, llevando a la comparación entre Suecia y un país vecino, Noruega. El primero no hizo cuarentena ni paró su producción, y tuvo 14 veces más muertos que el segundo que sí hizo cuarentena y frenó su economía”. Y Fernández refirió a una comparación, tomada sesgadamente, ya que el país en cuestión tiene reservas como para soportar que su nación permanezca sin producir por 12 meses sin que la economía sufra ningún deterioro. Y afirmó siempre desde una perspectiva de verdad absoluta, que “si Argentina hubiese seguido dicha metodología, hoy tendríamos 14 mil muertos”. Esta estrategia que aplicamos desde el gobierno nos demuestra que hemos estado acertados”
En realidad, fue un discurso para los porteños- bonaerenses, más que para quienes continuamos aislados y controlados por los uniformados, en el interior del país, viendo desde hace rato, que, por suerte, se mantiene en número de infectados.
Fernández expuso que en la denominada AMBA, que ha tenido un crecimiento de casos, debido a la densidad de habitantes que tiene: “para habilitar comercios o industrias hay que pedirle permiso al Poder Ejecutivo Nacional. Sigue estando prohibido el transporte Inter seccional, salvo para quienes hacen los trabajos esenciales”.
Remarcando que en el resto del país quedan las decisiones en manos de los gobernadores e Intendentes “por lo tanto las empresas o industrias que quieran reabrirse deberán ocuparse del traslado de sus trabajadores por cuenta de la firma, hasta el lugar del trabajo. No podrán movilizarse por transporte público”.
Sumando: “Nosotros hemos sido muy estrictos en este tiempo. También el reconocimiento a la sociedad argentina, que ha escuchado nuestro pedido de cuidarse y de cuidar a los otros. Tenemos un enorme orgullo del comportamiento de nuestros ciudadanos y ciudadanas. Vemos que por esa actitud estamos logrando los objetivos”.
Lo concreto es que, si bien la pandemia no alcanzó los números que se barajaron inicialmente desde el mismo gobierno, la desesperación de una gran parte de la población pasa por la angustia de no poder trabajar. El ver cómo las empresas y comercios se cierran. La asfixiante incertidumbre de un futuro incierto y dramático.
Las comparaciones
“Si uno mira cómo evoluciona Argentina, nos damos cuenta que es una situación bastante controlada. No tiene sentido que repare sobre los números. Si se compara con la situación de otros países del continente, como Ecuador, Brasil y Chile, uno ahí puede mostrar el éxito que tuvimos como sociedad controlando la pandemia”, agregó.
Ha quedado en claro varias cosas, una de ellas, que, si bien el contexto es básicamente en superficie la salud comunitaria, las heridas mortales de la economía se sigue tapando. Los intereses del silencio oficial son marcadamente obvios. Millones de desocupados más. Miles de empresas que cerrarán. Una cuarentena exacerbada. Una ciudadanía que debe moverse como si estuviésemos en un estado de sitio.
El Gobierno nacional sigue mirando con un solo ojo la realidad. Las medidas que se toman, en muchísimas de ellas pueden percibirse más rasgos políticos que técnicos. En todo caso, si quienes están más en riesgo son los que se concentran en AMBA, que continúen con las disposiciones allá. No es criterioso que se aplique el mismo “antídoto” a un lugar superpoblado como Buenos Aires que con otros puntos donde lo demográfico nos aísla naturalmente. Muy pocas provincias se han animado a adoptar una federal decisión como lo hizo Jujuy. Flexibilización racional e intentar poner la maquinaria productiva nuevamente en acción.
En este laberinto de frases, parecen no recordar ni él primer mandatario ni quienes lo secundan, que no hace demasiadas semanas amucharon a más de un millón de personas, denominados de riesgo, para que cobraran una jubilación. Mayor desatino que eso imposible. De esas alocadas decisiones, no se habla.
Están buscando que, ante el hecho de caer en un enorme cráter social, millones de personas dejen la cuarentena de lado. O es que no reparan que va mermando despaciosamente el uso del cubre boca o barbijos. Va desapareciendo el miedo a los uniformados, estrictos con las órdenes propias de un estado autoritario e hipoacúsico. Seguramente de a poco y sin leyes que así se lo permitan, abrirán sus negocios o empresas sin importarles las consecuencias, que nunca serán mayor que el bajar las persianas. Ya no le alcanzará al gobierno, en tales actos discursivos, desplegar cifras que, para una pandemia, que felizmente, son insignificantes. Lo que no es ni será insignificante, es el gris panorama que se viene y que intentan esconder tras un festival del pánico.
Pregunto ¿Todas las muertes que tenemos en el país son por coronavirus? Nadie fallece por otras causas… Curiosa disposición, sospecho, para esconder otros planes muchos más perversos que la misma pandemia.
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