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Educación Privada o Pública. El rictus de la realidad, no perdona…
“A quién carajo se le ocurrió el implementar la matemática sin tablas de multiplicar o dividir o.…” El hijo de Oscar va a tercero. Su padre siempre se llevó dicha materia a marzo. Las tareas -antes le llamábamos deberes- ahora la maestra las envía vía WhatsApp u otra manera digital. Es lo que se está usando en tiempo de la “cuarentena”, como un procedimiento para que el niño siga aprendiendo – y los progenitores también-. No todos saben cómo desenvolverse. Una de las preguntas es ¿Sirven las tareas como para que el alumno aprenda? ¿Todos los alumnos tienen el mismo acceso a la tecnología? Un porcentaje de la sociedad cree que es solamente una buena excusa de parte del gobierno, como para decir que no se habrá perdido el año escolar a causa del aislamiento obligatorio y el cese de clases. En fin, la educación y su metodología nunca fue de opinión unánime. Menos lo va a ser ahora. Tal vez, el otro proceso de intensa dificultad que se deberá enfrentar, es cuando finalice la controvertida cuarentena. Allí se sabrán las duras consecuencias. Entre otras, cuántos progenitores ya no podrán ya no podrán enviar sus hijos a instituciones privadas. Pocos o muchos, pero inexorablemente los habrá. El hecho es que la complejidad de la economía actual, más la que nos dejará esta paralización de la matriz productiva del país y sus factores concomitantes, habrá destrozado infinidad de puestos laborales con su derivación en los bolsillos. Ergo, el costro de la formación del niño será una adversidad de alta diversidad. Complejidad que aún no forma parte de la preocupación del colectivo social. Todo lo que se haya planificado anteriormente, es decir, a principio de año, hallará en este nuevo contexto, infinidad de familias que deberán rever la continuidad o no de su niño en colegios privados, pagos. Los hay de cuotas de 2000 y otras hasta de 4000 pesos. Ni mencionar aquellas familias con más de un niño en edad escolar.
Disquisición de larga data, donde prima el bolsillo
Muy posiblemente, en los próximos días y, cuando la realidad nos choque de frente, se comiencen a despertar los papás-mamás y comprendan que, entre sus aspiraciones, en darle lo mejor, o lo que consideran de mayor relevancia formacional a sus descendientes, tengan que salir corriendo hacia las escuelas públicas en la búsqueda de un banco. Muchos, posiblemente olvidaron, o ni se enteraron que, primero, en su mayoría, dichos colegios están desbordadas de estudiantes. Superadas largamente su capacidad de contención. Otros, deberán asumir que sus críticas hacia la educación pública, quedará como un razonamiento del pasado. El escenario de la verdad, suele ser cruel. Lo es. Esta situación económica con cientos o miles de trabajadores en la banquina, por el momento, no parece tener en su agenda esta temática. La pregunta queda abierta ¿¡Tendrán lugar los colegios gratuitos para recibir a nuevos educandos!? O en todo caso, cómo actuarán los institutos privados con aquellos padres que no puedan afrontar la cuota. La mayoría de éstas, continuaron cobrando aún en esta recesión obligatoria. Tampoco en esta órbita, la educacional, la pandemia nos dejará indemnes. A muchos nada les modificará en sus bolsillos, el continuar con sus hijos en lo “privado” no acarreará inconveniente alguno. No sucederá lo mismo con aquellos a los que la impiadosa cuarentena lo condenó a la búsqueda urgente de un nuevo quehacer. Al menos por un tiempo, la impuesta disquisición, entre enseñanza Pública y Privada, será observada con la cara de la necesidad.
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