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La mentira del hacha…
Escribe: Miguel Andreis
El bosque estaba diezmado, se achicaba presurosamente, pero los árboles seguían votando por el hacha, porque esta les hizo creer que, por tener el mango de madera, era uno de ellos…
Desconozco su autoría, no obstante, pregunto, si esta metáfora no tiene algo o mucho que ver con nosotros, los que no dormimos de pie, los que nos suponemos racionales, pero que nos enseñan en creer en lo que no deberíamos. Algo no está bien. Somos un país donde todo se hizo en luna llena.
¡¡Malaya!! El acero del hacha es implacable. El mango, apenas, pero no solo apenas, es un instrumento transformado, es la conexión entre el frío acero y la mano del hombre que destruye con el fin de la sumisión. De la dominación. La centenaria madera, que vio pasar los años envuelta en una copa, observa inerte y acepta, que otra madera belicosa de filos rabiosos, la muerda hasta que el suelo reciba en silencio su mortal despedida. Allí el árbol. Allí el hombre. Allí el hacha.
Cuánto parecido con la realidad que nos envuelve. No solo el hacha mata. Lo hace el encierro, los tajos a los afectos; la distancia de sueños aislados. El sobrevivir de mendrugos. El miedo del árbol que no lo puede expresar. Nunca aprendió a llorar.
Los que hablan por todos, siguen el curso de la dominación. La copa se retuerce en la tierra, pensando, quizás, que un día volverá a nacer… y nuevamente, quizás, otra hacha le dirá que son del mismo palo del mango. Casi una hermandad de disfraces milenarios, ¿por qué resistirse entonces?
Hacha en golpes certeros. Árbol que muere, su cuerpo será papel, y el papel se transmutará en votos, sufragios que se volverán metal de filosa mirada. Involucionará la madera… y con ella el hombre.
Enseñémoles a los árboles que hacha y mango se vuelven herida mortal del sometimiento. Tampoco el hombre lo aprendió…