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El Obispo contra las restricciones: «Pido que se restituye la libertad de culto»
El Obispo de la Diócesis de Villa María, Samuel Jofré, expresó su desacuerdo con las restricciones vigentes en el marco del aislamiento social, preventivo y obligatorio.
«Hoy manifiesto mi desacuerdo con las presentes prohibiciones y pido se restituya cuanto antes la libertad religiosa conculcada», sostuvo en una carta enviada a los medios periodísticos.
La autoridad eclesiástica sostuvo que «la práctica de la fe no es una ‘actividad esencial’, sino una necesidad vital».
«No parece se haya evaluado adecuadamente el culto religioso como peligro de contagios. Los creyentes decimos ‘sí a las medidas sanitarias, no a la pérdida de libertades públicas'», remarcó.
Acompañar a los enfermos
«No solicitamos ningún privilegio ni nada que ponga en riesgo la salud de nuestra gente, sino sólo que no se nos impida, bajo los correspondientes protocolos sanitarios ya aprobados, poder reunirnos en nuestros templos para la oración, para honrar al Dios de la vida e interceder por el bien de todos, inspirándonos para asumir mejor el compromiso de cuidarnos los unos a los otros, especialmente a los más frágiles», argumentó Jofré.
En este sentido, llamó a los fieles religiosos a «ejercer el derecho y a cumplir el deber de básica humanidad» relacionado con acompañar a los enfermos graves (de Covid o no) para que reciban así el auxilio religioso que pidan.
«En estos meses, lamentablemente se ha dejado morir mucha gente sola, sin el afecto de su familia y sin el oportuno auxilio religioso. Felizmente, nuestro presidente, en el art. 27 de su último decreto, ha reconocido el derecho», destacó el obispo.
- La carta completa
A continuación se transcribe el texto completo enviado a nuestra Redacción desde el Obispado de Villa María:
Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
Queridos hermanos:
Ante la prohibición del culto público que, en estos días, el presidente, el gobernador y algunos intendentes decretaron para gran parte de nuestro territorio, no debo dejar de expresar públicamente mi parecer.
Los valores espirituales y trascendentes de la persona forman parte del entramado más profundo de la vida de nuestro pueblo y se expresan en creencias, prácticas de culto y ritos sagrados de los distintos credos. Para la mayoría de los argentinos, su estado emocional depende también de su relación personal y comunitaria con Dios. La práctica de la fe no es una “actividad esencial”, sino una necesidad vital. Las convicciones espirituales del pueblo son tan importantes como la vida misma y son la principal fuerza frente a las adversidades como la pandemia.
En nuestra patria la libertad religiosa está garantizada por la constitución nacional que, en su preámbulo, invoca a Dios como fuente de toda razón y justicia. Si mantenemos cerrada esa fuente, a no dudar, perderemos más aun la razón y la justicia. Es muy necesario para nosotros y para todos los argentinos que, en este tiempo, podamos elevar nuestras oraciones e interceder, en nuestros lugares de oración, por el fin de esta pandemia, por el consuelo de quienes la padecemos, por el personal de la salud y de seguridad, para “no sembrar pánico sino corresponsabilidad” (Papa Francisco).
Todos comprendemos la incertidumbre de los primeros días de cuarentena, ante un virus desconocido. Pero hoy manifiesto mi desacuerdo con las presentes prohibiciones y pido se restituya cuanto antes la libertad religiosa conculcada.
No parece se haya evaluado adecuadamente el culto religioso como peligro de contagios. Los creyentes decimos “sí a las medidas sanitarias, no a la pérdida de libertades públicas”. No solicitamos ningún privilegio ni nada que ponga en riesgo la salud de nuestra gente, sino sólo que no se nos impida, bajo los correspondientes protocolos sanitarios ya aprobados, poder reunirnos en nuestros templos para la oración, para honrar al Dios de la vida e interceder por el bien de todos, inspirándonos para asumir mejor el compromiso de cuidarnos los unos a los otros, especialmente a los más frágiles.
En estos meses, lamentablemente se ha dejado morir mucha gente sola, sin el afecto de su familia y sin el oportuno auxilio religioso. Felizmente, nuestro presidente, en el art. 27 de su último decreto, ha reconocido el derecho a que los enfermos graves (de Covid o no) estén acompañados y reciban así el auxilio religioso que pidan, por sí o por sus familiares. Los aliento a ejercer este derecho y a cumplir este deber de básica humanidad.
El rezo del Santo Rosario se ha mostrado eficacísimo, en tantas circunstancias de nuestra historia, para alcanzar misericordia y obtener de Dios las gracias imploradas. No dejemos de rezarlo personalmente y en familia.
“Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostén a aquellos que, angustiados, no pueden estar cerca de las personas queridas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto por las consecuencias en la economía y el trabajo. Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz.
En la sede episcopal de Villa María, 14 de octubre de 2020.
Foto de archivo