El Ángel de los Cautivos, el capitán Solano [Video]

Escribe: Julio A. Benítez (benitezjulioalberto@gmail.com)

Hubo una vez una persona que actuó entre los años 1855 y 1880, que hizo acciones únicas en la historia argentina. Conoció y trató personalmente con Urquiza, Mitre, arzobispo Aneiros (Padre de los indios), Alsina, Sarmiento, Roca y todos los ministros de Guerra del Gobierno Nacional.

De igual manera se relacionó con todos los Caciques, Caciquejos y Capitanejos de las pampas. Liberó cientos de cautivas, niños, prisioneros civiles, militares, todos ellos en poder de los indios.

Era muy bien recibido en la Casa de Gobierno Nacional, Ministerios o en el Arzobispado de Buenos Aires, como también lo era en las tolderías de Calfucurá, Namuncurá, Catriel, Pincén y de decenas de jefes indios.

Era poseedor de una entereza, valor, sangre fría y honestidad inigualable, comportamiento que le permitió gozar de prestigio y de la confianza de ambos grupos.  

El capitán Rufino Solano.

El último diplomático

Mediante su atinado manejo de críticas situaciones logró evitar mayores derramamientos de sangre y en este aspecto, con toda justicia se lo debe considerar como el máximo y último diplomático antes de desencadenarse la “Conquista del Desierto”, llevada a cabo por el General Julio Argentino Roca durante los años de 1880.

En tal sentido, acompañó a cuanta delegación de indios se acercó a Buenos Aires para parlamentar con las autoridades nacionales, tanto políticas como eclesiásticas. Llegaba con la delegación y se alojaba en el Hotel Hispano Argentino u otro de Buenos Aires, a veces en los cuarteles del Retiro.

Iba con ellos a las entrevistas y finalmente los acompañaba de regreso cabalgando nuevamente hacia la frontera. Existen fotografías en los diarios de aquella época que avalan todo lo dicho.

Durante sus servicios, efectuó travesías de miles de kilómetros a caballo, acompañado siempre por tres o cuatro soldados y en muchas situaciones se aventuraba solo; solía pasar varios días en las tolderías, logrando salvar su vida debido al enorme respeto y consideración que le tenían. Siempre regresaba con cautivas y otros prisioneros de los indios.

Actuó en los Fuertes Estomba, Blanca Grande y del Arroyo Azul, entre tantos otros. En el año 1873, en un multitudinario acto, le fue entregada por la Sociedad de Rosario, una medalla de oro, en premio a sus servicios rescatando prisioneros y cautivas de esa ciudad santafesina. (Toda figura en diarios de la época).

Solano, a la derecha, junto con caciques a la espera de ser recibidos por el gobierno.

Luego de finalizar la conquista, donde no llegó a actuar, los indios lo siguieron buscando para que los ayudara a conseguir tierras donde vivir y muchos de ellos las consiguieron gracias a su intervención, acompañándolos ante el mismísimo presidente de la República, General Julio A. Roca, a efectuar sus petitorios a Manuel Namuncurá y a la Reina de los Indios Catrieles Bibiana García, entre otros.

En esos territorios obtenidos, hoy están enclavadas las ciudades de Catriel, Valcheta y otros pueblos más del territorio de la provincia de Río Negro.

Figura honesta

Pero, cuando hubo que defender pueblos del ataque de maloneros que no respetaban ningún arreglo, él estuvo en su lugar de militar, como cuando fueron atacados Azul (su lugar de nacimiento y de su muerte), Olavarría, Tandil, Bolívar, Tres Arroyos, etc.

Y fue casualmente en Bolívar, cuando uno de los indios lo individualizó luchando en contra de ellos, y le gritó…  “¡Capitán, pásese para nuestro lado!” …  Por supuesto que siguió en su tarea.

Y lo notable del caso es que a los pocos días de este enfrentamiento se presentó en la toldería de Calfucurá, donde fue bien recibido. Este episodio es único en nuestra historia. El llamado también Soberano de las Pampas, sabiendo que estaba por morir, le dijo: “Trate de buscar a las cautivas que estén en mis tolderías y huya con ellas inmediatamente, pues apenas yo muera, usted y ellas serán lanceados hasta matarlos”.

Hacía poco tiempo de tal aviso, tal vez un día o dos, falleció Calfucurá y, efectivamente, partió un grupo de indios para recapturarlos, pero la ventaja era mucha y consiguió llegar a salvo con más cautivas liberadas.  Es de hacer notar que este militar habría sido el último cristiano que vio con vida al temible cacique.

La tumba del capitán en el cementerio de Azul.

Sabía hablar correctamente el idioma indígena al expresarse ante ellos, lo mismo que dominaba el español para dirigirse a sus superiores, tanto militares como del Gobierno Nacional, para conseguir acuerdos equitativos y que finalmente se cumplieran.

Esta honestidad en su conducta le permitió ser bien recibido en las tolderías, para lograr siempre salvar nuevas vidas.

En una oportunidad, durante sus recorridas, acompañado por un grupo de soldados, se vio acorralado sorpresivamente por centenares de indios. Los soldados, muy asustados sacaron sus armas, dispuestos a retirarse rápidamente, pero les dio la voz de alto, dado que si huían iban a ser “chuceados” por la espalda.

Rápidamente pidió hablar con quien parecía el jefe y después de una conversación en su idioma… ¡Sabrá Dios que le dijo!…  se dirigieron todos a la toldería y luego de un par de días, pudieron regresar con cautivas liberadas y, además, un grupo de indios les hicieron custodia hasta llegar al primer fuerte ubicado en la frontera sur de aquellos momentos.

Tolderías y frontera

Para entender mejor estas situaciones, es necesario ubicarse en el contexto y en al paisaje de la época. Por esos días la frontera era igual que pararse en la orilla del mar, no se veía nada más que la línea del horizonte en el que de manera recóndita acechaba el peligro, los indios, la muerte, la cautividad.

No había árboles ni nada que interrumpiera la visión, se debía pernoctar en medio de esa inmensidad, sin nada para protegerse, solo cielo y tierra. Nada para guarecerse del frío, de la lluvia, del viento o del calor. Las travesías duraban días, hasta semanas enteras, había que llevar provisiones y caballos para el recambio.

Los indios brotaban de la tierra como por arte de magia. El espectáculo de una toldería india era inimaginable, las cautivas y prisioneros vivían en un infierno. Si alguien lograba escapar, seguramente moría en el desierto.

Monumento a la cautiva con sus hijos.

Las mujeres indias, por celos, hostigaban continuamente a las cautivas y les daban las sobras como comida, como si fueran perros. Para que no escaparan, a los prisioneros les despellejaban las plantas de los pies, lo que les obligaba a trasladarse, arrastrándose; vestían harapos, el hedor era insoportable.

Las escenas y el ambiente eran ciertamente escalofriantes y la situación de los cristianos en los fortines y poblados que se iban formando a su alrededor no era muy diferente de lo que se vivía en las tolderías.

Ciertamente, esta singular persona hizo algo más y distinto por nuestra historia, ya que se trata de acciones dotadas de una audacia y corajes incomparables. Si alguien de la época le hubiera preguntado si lo narrado era posible de realizar, seguramente hubiera contestado que no.

Sin embargo, existió alguien capaz de hacerlo. Es necesario que ahora se debiera hacer algo por él, ya que no existe en la Historia Argentina ni de otro país, persona alguna que se haya destacado por este tipo de acciones, más aún… de por sí su vida fue tan original que, a pesar de la casi inexistente difusión, todavía subsiste.

El padre del hombre que realizó estas increíbles hazañas, fue un Teniente de Patricios, que se destacó durante las invasiones inglesas, acompañó a Manuel Belgrano durante las campañas al Paraguay y a la del Norte y fue uno de los fundadores de Azul.

Este ejemplar ser humano nació en Azul en 1837, viviendo en su pueblo natal hasta su muerte ocurrida en 1913, pobre, viejo y olvidado.

Fue Capitán del Ejército Argentino. Su nombre, Don Rufino Solano, que en algún lugar está esperando poder ser rescatado de su olvidada historia.

  • Mirá el video:
Una canción que rescata la figura de Don Rufino (Héctor del Valle, cantor surero).

Fuente: Omar Alcántara – Sobrino bisnieto de don Rufino.

Fotos de la Hemeroteca Ronco – Azul.

 http://www.hemerotecadeazul.com.ar y Archivo Militar de la Nación.

3 comentarios en “El Ángel de los Cautivos, el capitán Solano [Video]”

  1. ASI SOMOS LOS ARGENTOS ??? MONUMENTOS PARA KIRCHNER, MARADONA, RODRIGO BUENO, PERO A LOS QUE HICIERON ESTE PAÍS, NI SIQUIERA UNA MENCION
    ¡¡¡¡ASI NOS VA !!!!!

  2. Impecable relato Julio A. Benítez, gracias por compartirlo. lástima que en estos últimos años, y en política, justicia, y clero, nombrar la palabra «honestidad», suena como a «inexistente»
    Triste realidad que se a perpetuado…

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