El Parque Industrial, Logístico y Tecnológico (PILT) Villa María continúa...Leer más
Un hombre de 38 años fue detenido este martes al...Leer más
El barrio Las Quintas cuenta desde ahora con un renovado...Leer más
Las vacaciones de invierno siguen dejando números positivos para el...Leer más
La cuenta regresiva ya comenzó. El próximo domingo 13 de...Leer más
Tras quedarse con el subcampeonato del Mundial 2026 luego de...Leer más
[24 de Marzo – 45 años] Testimonio: “Mi viejo dio la vida por sus ideales”
Santiago Rüedi recuerda a su padre, víctima de la dictadura militar
El villamariense Teodoro Rüedi fue asesinado y desaparecido por la dictadura militar en mayo de 1977. Tras intensos reclamos de su familia, su cuerpo apareció dos años después. Hace 9 años, cuando se cumplían 36 del golpe, uno de sus hijos, Santiago, evocó su figura en el programa de radio “Uno por Semana”, co-conducido por quien esto escribe. Hoy, repasamos su testimonio.
Escribe: Germán Giacchero
“Chinino”. Así lo llamaban quienes más lo conocían. Pero su identificación arrojaba el nombre de Teodoro Rüedi. Padre de Carlos y Santiago. Esposo de “Bochi”, porque el apodo superó a Luisa.
Arquitecto egresado de la Universidad Nacional de Córdoba, empleado en la Municipalidad capitalina en la sección parques y paseos. Alguna vez estudiante destacado del Colegio Nacional, jugador de fútbol de Central Argentino y militante del Partido Obrero.
En mayo de 1977, las balas de la más sangrienta dictadura argentina apagaron su vida. Su cuerpo estuvo desaparecido, pero pudo ser recuperado dos años después de la lucha en soledad de “Bochi”, tras golpear puertas de siniestros funcionarios y cuarteles militares.
Hoy, una piedra del “Reloj de Sol”, el primer monumento en el país en homenaje a desaparecidos, le pertenece.

“Mi papá pasó a la clandestinidad antes del inicio de la dictadura. Empieza a ser perseguido en el año 1975. Se borra de Villa María por seguridad hacia nosotros, por lo que su comunicación se fue haciendo esporádica. Él decía que no podía dejar de participar en esto, estaba muy comprometido y realmente convencido de lo que hacía. En 1976, la persecución se intensifica y comenzó a ser mucho más abierta. Lo matan en un enfrentamiento en la avenida Caraffa, en Córdoba, en mayo de 1977”, comienza a narrar Santiago, quien tenía 12 años cuando ocurrió el asesinato.
¿Se pueden conocer algunas circunstancias del enfrentamiento?
“Él venía circulando en un automóvil y en un retén policial lo identifican, ya que lo estaban buscando. Allí lo matan. En realidad, hay pormenores que pueden resultar un poco chocantes. Tiene que ver un poco con la polémica de la cosa. Mi papá participaba en un grupo armado, estaba comprometido con el tema. Estaba en una situación de perseguido y estaba armado. Cuenta la crónica hablada que él se bajó del auto tirando. Una de las cosas que él siempre decía y mi mamá nos lo recordaba siempre, era: ‘A mí no me van a agarrar vivo, porque si me agarran vivo no voy a soportar que me torturen’”.
¿Tu mamá es la que sale a reclamar el cuerpo de tu padre?
“La historia de mi viejo es interesante, pero la historia de mi vieja buscándolo también. Las cosas que pasó mi mamá por su ignorancia del tema, los lugares donde se metió tratando de saber algo de él, es increíble. Entró en el Tercer Cuerpo del Ejército en ese momento a preguntar por un tipo que era perseguido político y salió. Tuvo suerte, un Dios aparte. El cuerpo de mi papá fue recuperado un año y medio o dos años después, a partir de la lucha de mi mamá. Empezó a tocar puertas, a mandar cartas, habló con la gente de la Fábrica de Pólvoras, incluso lo hizo antes de que él muriera tratando de pedir por él. Le decían que lo estaban buscando, que los tenía locos. Llegó a escribir una carta y está la contestación del general (Luciano Benjamín) Menéndez. Buscó información en la puerta del Tercer Cuerpo, en La Perla, con una ignorancia acerca de la dimensión de esta problemática. Si hubiera sabido la peligrosidad del caso, quizás no se hubiera arriesgado para no dejarnos solos a mi hermano y a mí”.

¿Qué significó en lo personal tener un papá asesinado por la dictadura? ¿Te preguntaste alguna vez “por qué a él”?
“En distintas épocas de la vida te va pegando de diferentes maneras. En ese momento, me tocó jugar con chicos y que me dijeran ‘vos no vengas a jugar con nosotros porque sos hijo de un guerrillero’. Mi vieja nunca nos ocultó nada dentro de la edad que teníamos. Cuando fui a Córdoba a estudiar Ciencias de la Información, comencé a participar en algunas organizaciones políticas de la incipiente democracia y ya era otra historia. Me invitaban a charlas como hijo de desaparecido, de un combatiente o de un luchador, como quieran llamarlo. En un momento fue bastante estigmatizante el tema, luego comenzó a descontracturarse la historia. Yo lo tomo como algo muy natural: mi viejo fue un combatiente en una época muy jodida, tenía sus ideales y llegó hasta las últimas consecuencias. Entregó su vida por ello. Polémico o no, lo hizo”.
¿En algún momento le planteaste algún reclamo?
“Sí, seguro. Te planteás reclamos con tu viejo teniéndolo cara a cara, imaginate si no lo vas a hacer no habiéndolo tenido. A veces, sentís la necesidad de tenerlo ahí, para poder hablar de lo que sea o solo para sentir que está presente. La imagen del papá ausente porque murió es fuerte; la imagen del papá ausente que murió en circunstancias especiales es más fuerte aun. A veces, uno siente la ausencia, la falta. En muchos momentos tuve reclamos para hacerle, pero como cualquier hijo le haría a su padre. Nada en particular, no me pesó por demás el tema de ser hijo de un desaparecido. Haberlo encontrado te ayuda a cerrar ciertas heridas. Por eso, yo reivindico y acompaño a quienes están en la búsqueda de sus padres, porque cerrar la historia es muy importante”.
Tu papá soñó un país distinto, hoy a 36 años, ¿creés que hubiera dicho “misión cumplida”?
“Creo que todos los sistemas y pensamientos son perfectibles, las épocas van cambiando al igual que las formas de pensar. Lo que se pensaba en los ’70 no se podría aplicar hoy por hoy, como así también creo que el gobierno que hoy tenemos ha hecho mucho. Hay otras cosas que yo critico, pero la democracia es la mejor forma de gobierno. Poder ejercer el voto es una manera de poner controles y cambiar la historia”.
¿Con qué palabras recordarías hoy a tu viejo?
“Creo que con tenacidad, ir hasta las últimas consecuencias con lo que uno piensa. Él podría haberse ido, tuvo la oportunidad, pero se quiso quedar”.
Si tuvieras la posibilidad de estar cinco minutos con él, ¿qué le dirías?
“Es difícil. Yo creo que no hablaría, hay cosas que la palabra no llega a manifestar. Es tu viejo, loco. Creo que no hablaríamos de política ni de nada de esto; hay muchas otras cosas que están por encima de eso”.