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[Historias de Boliche] “El Palo”, el almacén y la escuelita
Escribe: julio a. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
Don Aníbal Veronese (ya fallecido), a quien visité oportunamente, acompañado por Juan Carlos “Titi” Masiero, me había comentado la siguiente historia.
“Las tierras del conocido “Monte los Lazos”, con una superficie de 300 hectáreas, ubicadas al sur de las vías del ex Ferrocarril Central Argentino (actual F. B. Mitre) hasta el río eran de propiedad de unos chilenos que tenían como capataz a don Luis Valenzuela y se dedicaban a la compra, en gran escala, de hacienda mular en el norte argentino. ellos mismos herraban en grandes galpones construidos especialmente, para vender luego en la vecina República de Chile.
Cuando el negocio comenzó a declinar, vendieron en fracciones de 50, 60, 80, 100 hectáreas, adquiridas, entre otros, por mi padre Ángel Veronese, Patricio Presencio, Antonio Maggi, José Bonetto, Elvio Pérez, Villasuso Hnos. y Juan Masiero.
Con el paso del tiempo llegaron otros vecinos, inmigrantes italianos y españoles, Carpené, Garzino, García, Terenti, Trevisán, Varela, Gigante, Beltramo. Bersan y Bianchi, que se dedicaron especialmente a la agricultura.
Como quedaba de paso vi nacer y crecer la Fábrica de Pólvoras y tuve oportunidad de conversar con los capataces y obreros. Mi sobrino Pedro Veronese construyó, a pocos metros de la entrada de ese establecimiento (actual avenida Raúl Borrás), seis habitaciones para hospedar a los capataces, de las cuales aún quedan tres piezas, donde vive una familia de nacionalidad boliviana.
Al palo
En un campo, ubicado al norte de las vías del ferrocarril, estaba el boliche, fundado a fines del siglo diecinueve por Martín Sun, inmigrante de origen ruso, quien, cuando los parroquianos se trenzaban en peleas, solucionaba el asunto repartiendo golpes con un elemento de madera dura, hasta imponer el orden. De allí su nombre, “Boliche El Palo”.
Ese bar fue adquirido por los españoles don Patricio Presencio y su esposa doña Pascuala, al que anexaron la venta de comestibles, bebidas, combustibles, mercaderías en general, que el personal del ex F.C.C.A., les descargaba, en el paso a nivel, directamente en la puerta del que ya se había transformado en un almacén rural de ramos generales.
El matrimonio Presencio donó media hectárea para que se construyera, al lado del citado boliche, la “Escuela Nacional Nº 184”, actual “Escuela Julio A. Roca” que ya funcionaba con sede provisoria en casa de mis padres desde el año 1928, siendo su primera maestra doña Braulia Menéndez de Vijande.

El curandero
Cerca de mi casa, don Juan González se dedicó, desde mediados de la década de 1930, hasta aproximadamente 1955, a curar todos los dolores físicos. De palabra, primero, luego entregaba una botella de agua con sal y al terminar el contenido, el “paciente” debía regresar para informar el resultado.
Nunca atendió por el mal de amores, historias de celos, novias/esposas o novios/maridos infieles o chismes de males que el diablo podría haber ingresado en sus mentes y en sus cuerpos. Era muy milagroso.
En ese lugar, muy bien cuidado, crecieron plantas frutales que resultaron de muy buena calidad. Era importante la cantidad de gente que visitaba al curandero, que llegaba a pie, en sulky, en jardineras, otros en auto. Venían de todas partes, hasta de otras provincias. En cierta oportunidad llegó una señora, que nadie supo el porqué, don Juan la hizo su socia. Después se distanciaron y el asunto fue, que, de esa “exsociedad”, quedó una deuda importante.

Él enfermó, lo atendía el doctor Novillo, conocido profesional de la ciudad de Villa María, quien lo visitaba en su casa, hasta que se produjo el fallecimiento del curandero más famoso de aquellos pagos y de la deuda se hizo cargo el constructor Venosta, vecino de Villa Nueva. Luego, ese terreno fue adquirido por un señor Rolando, quien realizó varias modificaciones e instaló una arenera.
Cambio de lugar
Cuando la familia Presencio se trasladó a Villa María, el boliche fue comprado por don Alfredo Bersan, quien después de varios años decidió trasladarlo a la ruta 9, en un terreno que compró al señor Cismondi.


Allí construyó una pista de baile con palco para la orquesta. Esas fiestas contaron con la actuación de famosos conjuntos musicales de la ciudad de Córdoba, con una gran concurrencia de público de la zona y de otros pueblos vecinos.

El “Boliche El Palo” de la ruta 9 tuvo intensa actividad bailable hasta el fallecimiento de don Alfredo, en 1990. Continuó al frente su hija Nancy por un determinado tiempo, quien actualmente vive allí y alquila un salón donde funciona una despensa y verdulería, en la que se proveen los vecinos y los dueños y peones de los hornos de ladrillos de la zona”.
“In Memoriam de don Aníbal Veronese”

