Matrimonios y algo más: ¿Qué es el débito sexual?

Escribe: Lic. Noelia Benedetto (*)

En el contexto del matrimonio, existe un concepto que es el Débitum. Significa el deber de avenirse a las relaciones sexuales en una relación formalizada. Es válido para todas las partes, aunque su razón de ser dirigido más a la socializada mujer, en el contexto patriarcal, para evitar su negativa a cumplir con el contrato matrimonial en cuestiones sexuales.

En la Biblia (Corintios 7) se habla de este contrato conyugal: “Que el esposo rinda el débito a su esposa, y la esposa de igual manera al esposo. La esposa no tiene poder sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Y de igual manera el esposo tampoco tiene poder sobre su propio cuerpo, sino su esposa”.

Deber y derechos mutuos, pues, que regulan normativamente aspectos que hoy en día consideraríamos más propios del ámbito del deseo, del juego sexual, y del placer.

Muy a menudo, acabamos considerando las relaciones sexuales como un deber, como algo que se tiene que hacer con una mínima regularidad.

Es bastante frecuente que los deseos de cada miembro no concuerden, tengan ritmos diferentes. Ahí entra la capacidad del vínculo de acordar un contrato sexual en función del deseo sexual, atracción y disponibilidad.

Cuando consideramos las relaciones sexuales en términos de deber conyugal, y forzamos una frecuencia de relaciones «normal», la atracción sexual o disponibilidad puede inhibirse. Las relaciones sexuales no son un deber, ni tampoco una necesidad que tenga que ser satisfecha.

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Freixas dice que para quienes han sido educadas en una sexualidad complaciente esto conlleva la superación de determinadas obligaciones ligadas al débito sexual/conyugal, que han sido la cruz de la erótica de muchas de las mujeres: imposición, jerarquización, falta de libertad, independencia y espacio propio.

Aunque también implica el deseo de amor, vínculo y cariño que Nicola Gavey define como la «economía del sexo», según el cual las mujeres socializadas intercambiamos sexo por intimidad, amor y compromiso, e incluso para restablecer la paz en las relaciones.

Hemos recibido una educación retorcida que nos lleva a implicarnos en la actividad sexual por múltiples razones, entre las que se incluyen el cuidado y el sostenimiento de la relación afectiva, lo cual no hace más que perpetuar la sumisión y la dominación, limitando nuestra capacidad de Gestión.

La complacencia femenina está normalizada «en nombre del amor», por lo que acomodarse a una sexualidad no deseada es una conducta esperable en las mujeres socializadas para con sus vínculos.

Muchos socializados varones parten de la presunción de que se da un consentimiento implícito por parte de las mujeres, por lo que la relación sexual no es algo que tengan que negociar o ganarse, sino que en todo caso ellas serán quienes tendrán que hacerse violencia para oponerse a algo que se supone que va en el paquete del trato, algo que durante siglos se ha entendido como el débito matrimonial (nombre que ya de por sí lo dice todo).

(*) Psicóloga y sexóloga

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