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[Argentinadas] Lo que mata es la inflación
Tiempos Locos
Escribe: Raquel Baratelli
A estas alturas de la vida, por estas latitudes donde las lluvias son escasas y la humedad se seca a puro viento, tendremos que agiornar hasta los dichos populares.
El clima está loco y asomarte a la calle sin ver el pronóstico del tiempo no es una opción, en un mismo día todos los climas pueden acaecer, pero hoy por hoy lo que verdaderamente mata es La Inflación; hasta los callos sienten el aumento diario de este índice que tiene a maltraer a economistas, gobernantes, comerciantes, empresarios, pero sobre todo a “doña Rosa” y “al ciudadano de a pie”, quienes vivencian la desflación de sus bolsillos en un abrir y cerrar de ojos.

Poco interesa el clima y el pronóstico extendido de soles y nubes, cuando las articulaciones de las rodillas se desgastan tanto caminar buscando precios y los analistas pronostican más degradación del peso y del salario presos de la crisis económica feroz que azota al país.
Vivimos tiempos locos, los ánimos están cada vez más desinflados ante las subas de precios
Vivimos tiempos locos, los ánimos están cada vez más desinflados ante las subas de precios, la invención de poco menos de veinte tipos de cambio dólar y el tormentoso clima político que hace prever ventarrones de inestabilidad prolongados.
Sin embargo, y a pesar de los pesares, el tema del clima y la sequía son culpa de la niña, que no debe ser nada bonita y que cíclicamente nos trae malas rachas; igual que la economía, sólo que a ésta no la levanta ni el niño, que llega después de la niña para traer agua y alivio.

Así las cosas, viejo, sabemos que cuando las cicatrices empiezan a picar, se viene el nubarrón de la devaluación y que hay que aguantar sin rascarse pase lo que pase porque “ya vendrán tiempos peores” y habrá que seguir rascando la olla hasta que arrecie la tormenta.
Nunca llegamos a tocar el fondo del fondo que nos permita salir fortalecidos para construir, juntos, tiempos mejores
Resulta que, por acá, chicos, vamos tormenta tras tormenta, crisis tras crisis, pero nunca llegamos a tocar el fondo del fondo que nos permita salir fortalecidos para construir, juntos, tiempos mejores.
A estas alturas está comprobado que entre políticos y funcionarios “la unión se hace a la fuerza” y que para un político argento no hay nada peor que otro político argento.
Al fin y al cabo, al mal tiempo cara de piedra, al tiempo loco aguante y al “climaterio” de la política paciencia, total últimamente “lo que mata es la inflación”.