[Opinión] Argentina, modelo para armar

Escribe: Cristina Pablos 

Desde 1904 en adelante y hasta que comenzaron los golpes militares en 1930 con la caída de Hipólito Yrigoyen, la Argentina acababa de comenzar un nuevo siglo orgullosa y con bastantes progresos, liderando las grandes potencias mundiales. La filosofía positivista conllevaba la preocupación educativa como mecanismo de progreso social.

“Nos queda mucho por hacer y aprender. Nos falta determinar y dar temple al carácter nacional, formar nuestras costumbres constitucionales, purificar la vida política, animar el espíritu público, aprender a gestionar nuestros propios negocios y a gobernarnos por nosotros mismos; en una palabra, nos falta completarnos; pero con todas estas deficiencias podemos esperar con serenidad los días que vendrán, porque, en verdad, ninguna nación ha hecho más en menos tiempo para merecer vivir en los tiempos y ser feliz”, así se expresó Bartolomé Mitre, ante la multitud frente a su domicilio, al cumplir los 80 años en 1901.

No hay racionalidad en la clase política ni un atisbo de grandeza

De ahí en más Argentina, un país con una de las mayores extensiones de tierras, la mayoría fértiles para distintos tipos de producción agro-ganadera, se vino abajo. Con una riqueza ictícola inmensa aún sin explotar, la misma riqueza en todo tipo de minerales. Ni qué hablar de ser- sino el único- el país que, a lo largo de toda su superficie tiene todos los climas y todos los paisajes, lo que lo hace potencialmente uno de los puntos turísticos por excelencia.

¿Qué nos pasó con el oro y los pesos que rebosaban el Banco Central? Pasó que, en 1945, con el peronismo, aterrizó el populismo y así nos dejó: como estamos ahora; con una clase política mediocre, con 30 o más tipos de dólares, con una inflación sin freno, con mafias de toda clase fuera y dentro del poder, con gente sin sueños, con jóvenes (y no tanto) talentos diseminados por todo el mundo porque Argentina es un país que los expulsa.

Argentina es como un rompecabezas con todas sus partes desparramadas

No hay racionalidad en la clase política ni un atisbo de grandeza. Una parte de los argentinos están sicopateados por líderes mesiánicos que dicen vienen a salvarlos.  ¡Y les creen!

Un líder políticamente correcto aburre, parece que nos gusta transitar la cornisa. La política es un tema serio, pero los políticos se lo toman en solfa.

Tenemos una vice corrupta que, en vez de defenderse con pruebas, en su juicio por corrupción, trata a los jueces como a “un pelotón de fusilamiento”, comparándolos con la última dictadura militar. ¡It´s too much, CFK!

Argentina es como un rompecabezas con todas sus partes desparramadas. Esperemos aparezca algún dirigente al que podamos ayudarlo a encajar las piezas y armar un país en el que nos haga feliz vivir.

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