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[Desde Adentro] Ariel «Piquito»Alassia: “Puedo entrar a cualquier barrio y me reciben con un abrazo, no sé si todos los políticos pueden hacer lo mismo”
Ariel “Piquito Alassia, tiene 38 años. Su orgullo es su familia, sus padres y sus 13 hermanos. Padre de Maia (20), Enzo (15), Kaim (6) y Simón (1 año y medio). Trabaja en la recolección de residuos hace 12 años. Fue boxeador y nunca se alejó del fútbol. Creció en barrio Los Olmos y es reconocido en ambas villas por haber sido vendedor ambulante desde muy chico.
“Siempre me gustó recorrer la calle y charlar con la gente”. Lleva adelante actividades comunitarias y sociales junto a la organización del SURRBAC y apuesta por seguir colaborando con quienes más lo necesitan. Su padre fue su ejemplo y, los mates diarios con su madre son infaltables.
Entrevista: Carolina Durand
¿Cuáles son tus pasiones?
El boxeo y el fútbol. Y podría decir que las bochas también. Me gusta jugar en el campo con amigos y pasar horas allí.
Estuve a punto de irme a jugar a Independiente y una semana antes dejé para meterme en el boxeo a los 16 años. No pude ponerme la camiseta del León, pero uno de mis hijos, Enzo, me cumplió el sueño atajando en Alem. A Kaim lo tengo jugando en Malvinas así que la pasión por la pelota la continúan ellos y yo los acompaño a todos lados. Por mi parte, sigo jugando en AFUCO.
Si tuvieras 10 años, ¿qué estarías haciendo?
(Junto a su madre, María Rosa, se miran y ríen) Recorriendo bares, cantando. Con mi hermano Abel, nos llevamos 2 años, salíamos a recorrer bares, cantábamos y mi hermano pasaba la gorra.
Otras siestas buscábamos al “Pelusa” Casas, que era colectivero y, nos permitía limpiar el colectivo y lo que encontrábamos era nuestro, golosinas, monedas, nadie nunca reclamaba, pero, además tenía que cantarle dos canciones antes de subir al colectivo.
¿Cómo es el vínculo con tu mamá?
No se puede explicar con palabras. Todos los días necesito pasar a verla por su casa o día por medio, disfruto mucho estar con ella como lo hice con mi viejo en vida.

¿Tu papá fue ejemplo de…?
Perseverancia, lucha y solidaridad. Vivió cincuenta años para ayudar a los demás. Mi papá (José Mario Alassia), fue mi gran ejemplo a seguir. Él trabajó incansablemente para sacar chicos de la calle, ayudar a quienes tenían problemas de drogas o alcohol. Muchas veces sacaba dinero de su bolsillo para dar una mano.
¿A qué edad empezaste a vender? ¿Y por qué?
A los 8 años. Mi mamá nos daba plata para nosotros y con uno de mis hermanos íbamos a Villa María a Casa Arcor (frente a Plaza Centenario) comprábamos golosinas, obleas, turrones y alfajores y, nos poníamos a vender. Empecé con golosinas, después pastillas de baño, bolsas de residuos y muchos años incluso cuando me independicé, vendía medias.
Yo empecé a vender porque veía a mis hermanos que ganaban su propia plata así y yo quería hacer lo mismo. A pesar de que fuimos una familia muy numerosa nunca nos faltó un plato de comida en mi casa, mis viejos se ocuparon de darnos lo que necesitábamos. Tuvimos necesidades como todos, pero nunca salimos a vender para llevar comida a la casa.
Existe una anécdota en la familia que, con los años quedó dando vueltas… Una vez, del patio de mi casa le sacaron una campera a mi papá y, mi mamá salió a buscar al que se la sacó con dos perros. Cuando lo encuentra en la esquina, el tipo se asusta por los perros y cuando le devuelve la campera le dice: “Sus hijos van a salir caminantes como yo”, el hombre era vendedor ambulante y, la mayoría de mis hermanos hemos trabajado de la venta ambulante. Cosa de mandinga o profecía de gitano, pero, la cosa es que de chiquito siempre fui callejero en el buen sentido y me gusta charlar con la gente.
¿Es más difícil actualmente hacer ventas en la calle?
Está muy difícil. Por la inseguridad y por los controles policiales. En los pueblos se quedan con un porcentaje alto, el canon y, muchas veces es más lo que vale el permiso que las ventas que lográs en un día. Además, la inseguridad generó que la gente tenga miedo porque existen quienes usan la venta para marcar casas y eso corta la posibilidad a quienes viven de la venta ambulante.
Cuando ingresaste en COTRECO, ¿te imaginaste que llegarías a lograr hacer todo lo que hacen en materia social?
Ingresé a trabajar en 2010. En lo personal atravesaba un momento duro, sostenía a mi familia con la venta en la calle y al momento de fallecer mi exsuegra, también me hice cargo de los tres hermanos de mi exseñora. El ingreso no alcanzaba.
Gracias a un tío de mi exmujer, ingresé en la recolección en Villa María de “pique” (me llamaban cuando hacía falta) y, a partir de ahí, me esforcé para seguir progresando.
Me gustó el trabajo, a pesar de ser un trabajo físico muy sacrificado por el estado con el que hay que contar. Nos hemos convertido en una gran familia con SURRBAC.
Cuando se dio la posibilidad desde el gremio de contribuir con ayudas sociales a través de copas de leche me involucré y crecí en la organización mediante esfuerzo y trabajo. Conozco la calle, los barrios, las necesidades de la gente y pasamos con el tiempo a ofrecer ollas populares.
¿Qué actividades se encuentran realizando?
Comenzamos con copas de leche en barrio Las Acacias, La Calera, San Martín, Vallecito y Malvinas Argentinas. Por cuestiones de tiempo empezamos a reducir lugares, pero, ampliamos con ollas populares.
Cristian Cabral, delegado del gremio, nos preguntó qué nos parecía agregar comida ya que contábamos con los recursos, había que poner el esfuerzo y el tiempo para que en nuestros horarios libres podamos concretar la iniciativa. Estuvimos de acuerdo, somos 65 compañeros y nos largamos a cocinar.
Además, entregamos bolsones de mercadería no perecedera, bolsones de frutas y verduras, vamos por la 6° edición de “Navidad Verde” y la entrega de bicicletas reparadas.
Recibimos ayuda del municipio de Villa María una vez al mes para armar algunos de los bolsones y cada compañero hace un aporte mensual para contar con un fondo para gastos de lo que va surgiendo para ayudar a quienes más necesitan una mano. Además, organizamos polladas, ventas de locro y diferentes eventos para reunir dinero.
¿Té o mate cocido?
Té.
¿Anotás cosas en la heladera?
No, todo en mi cabeza.
¿Sos amigo de la tecnología?
Sí, un poco. Con el celular mayormente.

Una habilidad
Soy carismático, me resulta muy fácil empatizar y entablar charla con la gente enseguida, aunque no los conozca.
¿Con cuál canal de noticias te informás?
No miro noticieros, me informo por redes sociales.
En el 2017, te postulaste a diputado suplente por el kirchnerismo y rompiste tu relación con Graglia. ¿Cómo está esa relación actualmente?
No tengo relación ni trato personal con Natalio.
¿Vas a incursionar en la política?
Creería que no. Me siento tan bien ayudando desde afuera por medio de nuestra organización sin banderas políticas que, no me hace falta aportar a la sociedad desde ese lugar.
Cuando vas por afuera de un partido es más fácil la colaboración de la gente porque ellos saben dónde va la plata. Puedo entrar a cualquier barrio y me reciben con un abrazo, no sé si todos los políticos pueden hacer lo mismo.
Mi papá me dijo una vez en un acto de ATE, “si yo te veo usar la política o el sindicalismo para beneficio tuyo, te lo voy a hace saber” y eso me quedó grabado para siempre.
¿Tenés relación con Martín Gill?
No. Con su gabinete sí porque nos ayudan en los barrios con nuestro trabajo social, pero, personalmente con él, no.
¿Escribís con lápiz o lapicera?
Lapicera.
¿De niño querías ser…?
Quería ser cantante. Hice el cierre durante tres años consecutivos en las fiestas de fin de año del colegio Mitre. Con show completo, cantando, coreografía incluida y vestuario. Era un personaje. Con el paso del tiempo me fui para otro lado.
En materia deportiva, primero jugué al fútbol en Malvinas desde los 7 años. Pasé por Los Olmos y seguí en Española en cancha grande. Jugué dos partidos con 15 años y no llegué a Alem porque me habían convocado para otro club.
Un 9 de enero del 2001 me iba a Buenos Aires a jugar en Independiente. A finales del 2000 me echaron en la semifinal con Hipólito Yrigoyen de Tío Pujio y me sacaron roja.
Una semana antes de viajar en una fiesta de fin de año, les dije a mis viejos que dejaba el fútbol e iba a empezar a boxear. Al principio no me creyeron. Empecé a entrenar y en julio del 2002 tuve mi primera pelea en General Deheza. En el 2013 hice la última.
Dejé porque me cansé de entrenar. Cuando noté que me faltaban ganas para correr, saltar la piola y golpear la bolsa, me di cuenta que ya había cumplido un ciclo y me dediqué a ayudar a mi viejo en su escuela de boxeo.
¿Tuviste una historia de amor con el boxeo?
Jugaba al fútbol y pensaba en el boxeo. Acompañaba a mi papá en las peleas y me quedaba hipnotizado en ese mundo. Mis hermanos fueron boxeadores y siempre estuvo presente la idea. Jugaba a la pelota porque todos lo hacían. Sin embargo, también lo disfruté y dejé que los tiempos fueran marcando cada etapa.

¿Lluvia o sol?
Sol.
¿Sos celoso?
No.
¿Tenes alguna enfermedad o alergia?
No.
¿Un proyecto?
Una escuela de boxeo en barrio Los Olmos. La voy a hacer. Estoy trabajando en ello. Hay seis barrios a la redonda y me interesa poder llevar al mundo del deporte a muchos chicos que no estudian y están en la calle.
Es una forma de contenerlos, darles una taza de café y hacerles sentir que su vida es importante y tienen que animarse a salir de los malos pasos y quererse más.
Así lo hizo mi viejo y voy a seguir sus pasos. Lo hizo hasta el último día su vida. Actualmente me cruzo con 10, 15 pibes que reconocen que, gracias a mi papá pudieron salir adelante, solo necesitaban una oportunidad y que les den una mano.
¿Creés en la reencarnación?
Nunca me puse a pensar en eso. No lo sé.
Si golpea la puerta el presidente Fernández, ¿qué le dirías?
Por donde empezamos. Le preguntaría si puede dormir tranquilo de noche él y todo su gabinete, cobrando tanta plata y habiendo millones de niños con hambre que se acuestan a dormir sin comer.
El susto más grande de tu vida…
Hace 5 años, a mi hijo Karim lo mordió un perro y le tuvieron que hacer 50 puntos en la cara, lo desfiguró totalmente. En ese momento no podía creer cómo le había quedado el rostro, hoy en día el que lo ve no cree lo que le ocurrió, porque hicieron un trabajo impecable con una cirugía estética reconstructiva, los doctores Pablo Lucarelli y Alejandro Surro.
Te criaste en barrio Los Olmos… ¿Cómo está la situación en materia de seguridad?
Hay muchas juntas en el barrio que antes no estaban, pero, no lo veo más inseguro que antes. O será que los conozco de toda la vida. Además, parece de día todo el tiempo porque la iluminación actualmente llega a casi todo el barrio.
En la última década, ¿cuál fue el cambio más significativo que hubo en Villa Nueva?
El crecimiento en obras públicas. Si bien falta desarrollar muchos sectores, pero, se ven las obras y mucha gente se mudó a vivir a Villa Nueva.