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Los relojes de sol, testigos del tiempo y espacios de la memoria
El reloj de sol más antiguo conocido fue encontrado en Egipto y data de la época de Tutmosis III, unos 1.500 años antes de Cristo.
Había dos bloques de piedra, una que servía de aguja y la otra donde se marcaban las horas. Después de este primer reloj solar conocido, debemos avanzar al año 750 AC.
El reloj de Sol se compone de dos partes fundamentalmente: el objeto que produce la sombra y que se llama gnomon, y el plano sobre el que se proyecta que se suele llamar plano horario.
Pueden ser ecuatorial, vertical, horizontal. Estos tres tipos se diferencian en la disposición del gnomon y del plano horario. Existe una variante del reloj de Sol vertical que se llama vertical declinante. Este es el que solemos ver colocado en las paredes de los edificios.
Parecidos, pero diferentes
- Los relojes de Sol no marcan la misma hora que nuestros relojes de pulsera, sino la hora solar. Para que un reloj de Sol nos sea de utilidad es necesario que conozcamos las correcciones que hay que hacer sobre la hora que nos marca la sombra del gnomon:La primera corrección es debida a que la hora civil está adelantada respecto a la hora solar para poder aprovechar mejor las horas de luz natural. En horario de invierno (del último domingo de octubre al último domingo de marzo) hay que sumar una hora y en horario de verano se suman dos horas.
- La segunda corrección es debida a la longitud del lugar en el que se encuentra el reloj se Sol. En los lugares al Oeste del meridiano de Greenwich la longitud es negativa. En este caso hay que multiplicar los grados de la longitud por 4 para obtener los minutos que hay que sumar a la hora leída en el reloj. En los lugares al Este del meridiano de Greenwich habría que restarlo.
- La tercera corrección se debe a la elipticidad de la órbita de la Tierra y a la inclinación de su eje de rotación. Esto hace que cada día el mediodía solar no se produzca en el mismo instante a lo largo del año. A esta corrección se la suele llamar “ecuación del tiempo” y se puede ilustrar en una tabla en la que aparecen los minutos que hay que sumar o restar para cada día del año.
El Reloj de Villa María
Desde 1993, Villa María cuenta con un monumento donde funciona un reloj de sol en memoria de los desaparecidos y víctimas locales de la dictadura militar iniciada en 1976.

Este grupo escultórico denominado “Memoria Sin Tiempo” fue inaugurado el 27 de febrero de 1993 en la Costanera de la ciudad. El escultor villanovense Armando Fabre fue el autor de la idea del nombre. El artista ciego es el creador también de obras como el Centinela Pampa en Chazón, la figura de Hipólito Yrigoyen en Villa Nueva y el monumento de San Martín en Ticino.
El grupo escultórico está integrado por siete piedras colocadas alrededor de un reloj de sol. Cada una representa a uno de los desaparecidos villarienses y lleva su nombre grabado.
Las piedras se extrajeron del río en La Calera, lugar elegido por una cuestión operativa: para poder llevar la grúa, ya que era un sitio firme donde apoyarla, y la cercanía de una ruta para luego trasladarlas.
La piedra más grande tiene unos tres metros de altura y pesa cerca de siete toneladas, el resto tienen similar tamaño, pero son muy distintas entre sí.
Una vez obtenidas las piedras, la Municipalidad donó un terreno y la construcción, el Concejo Deliberante aprobó, en 1992, su realización, y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos brindó su colaboración.
Al principio, los impulsores de la idea, pensaron que cada piedra debía tener el nombre completo, el año de nacimiento y la leyenda “desaparecido”, pero el tallador no llegó con los tiempos y sólo llevan el nombre de pila.

Más desaparecidos
En ese momento se sabía de siete desaparecidos villamarienses, por ello decidieron colocar esta cantidad de piedras, pero en los días siguientes aparecieron más familiares de personas a las que se llevaron y jamás volvieron. Gente que en trece años no se había atrevido a contarlo y a las que el monumento motivó para hacerlo.
En el año 2017 se incluyó la colocación de 19 mosaicos llamadas “baldosas de Memoria” con los nombres de las víctimas del terrorismo de Estado que en su momento no se registraron en las rocas que forman el conjunto.

Junto con el monumento, se dispuso un cartel con un texto de Roberto Fontanarrosa.
Allí, se lee: “Ojalá que la memoria colectiva haga de este reloj de sol un punto de encuentro, un lugar de juego y un indicador de citas, y ojalá también esa misma memoria logre que nunca más un reloj sirva tan solo, para contar las horas, los minutos y los segundos, en la angustiosa espera de los seres queridos que nunca volvieron”.
Colaboración: Hernán Allasia – Fuente: Villa María Educativa, Ente Deporte y Turismo.


