Estados Unidos, al borde del ataque de nervios

Escribe: Marcelo MontesDr. en Relaciones Internacionales (UNR), Profesor de Política Internacional (UNVM) e integrante del CARI.

Mientras Pence no puede ocultar su decepción por la actitud confrontativa de Trump; Twitter censura definitivamente a éste; los demócratas y algunos republicanos analizan, pero descartan la posibilidad del juicio político en aras de la paz social y arrestado el excéntrico líder de la toma del Capitolio, Jake Angeli, semejante triste espectáculo del miércoles pasado, merece algunas reflexiones de fondo sobre el presente y futuro de la democracia norteamericana.

Nos referimos al país más poderoso de la Tierra y al que ha alardeado, con alguna justicia, sobre su papel de “faro” liberal del mundo.

Es que cobran relevancia los significados y las interpretaciones acerca del estado de situación de la democracia liberal americana. Aquí los kirchneristas y no poca gente en el mundo, se alegraron por visualizar el asalto del miércoles como una muestra más de la normalización y por qué no, hasta de la latinoamericanización de la democracia de Washington.

Del otro lado del espectro ideológico, no pocos liberales se plantaron ante el episodio tomando partido por el trumpismo, justificando su accionar, sus denuncias de fraude y hasta advirtiendo, de modo bastante absurdo, la posibilidad de una gran “entente pro-comunista”de Biden, Harris, China, los medios y ahora, las redes sociales.   

Quizás, una mirada alternativa sea la más apropiada. Desde hace demasiado tiempo, la democracia estadounidense, con ex Presidentes que han mentido como Nixon, Reagan, Clinton y Bush (hijo), al borde del juicio político y el último (Trump) que ha desafiado reglas institucionales y al propio establishment, generando un clima de grieta nunca visto, se exhibe débil e ilegítima.

Esto revela la fragilidad sistémica de la que no está exenta nadie: incluso los “Padres Fundadores” de la Constitución americana habían advertido contra los males de la facciosidad, la anarquía y el personalismo.

En problemas

El problema más grave es que Estados Unidos es una superpotencia mundial que ya no podrá jactarse de su “poder suave” democratizador en un contexto de pandemia, donde la nada democrática China le ha sacado ventaja geopolítica, tecnológica y financieramente. Esa no es una buena noticia para quienes pelean por sus libertades asimétricamente contra regímenes despóticos desde Hong Kong hasta Pyongyang pasando por Caracas.

¿Habrá posibilidad de recuperación institucional? Dependerá en gran medida, de la capacidad de liderazgo y renovación de la propia elite americana. En caso de que no responda a la demanda social que sí explotó Trump al máximo, las dificultades continuarán y se agudizarán, incluso con la posibilidad dramática del secesionismo estadual.

Biden no ofrece señales de vitalidad, pero bien puede acordar con los republicanos más sensatos que instalen una transición razonable, perdonando o castigando a Trump.

Entre el bloqueo y la irracionalidad cuasi golpista, superado el impacto emocional, siempre existe la oportunidad de la redención institucional. Pero depende como siempre de los políticos, no de los ángeles, como bien reflexionaban Hamilton, Jay y Madison.

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