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8M: Hoy no se celebra, hoy se lucha
Escribe: Abogada Valeria Vanzetti
¿Feliz día?
No, hoy no se celebra, hoy se lucha.
No podemos celebrar cuando muchas familias aún esperan justicia porque un psicópata les arrebató a su hija, a su hermana, a su madre.
No podemos celebrar sabiendo que mañana va a ser todo igual y alguna de nosotras será asesinada.
No podemos celebrar sabiendo que nuestra mejor amiga vive en un infierno, teme por su vida, hizo denuncias y nunca nadie le dio una solución.
No podemos celebrar sabiendo que aún en muchas empresas, existe un favoritismo por nombrar a jefes masculinos.
No podemos celebrar cuando todavía es un insulto que te manden a lavar los platos.
No podemos celebrar.
Hoy tenemos que seguir luchando y acompañando a aquellas mujeres que no sólo son víctimas de violencia de género, sino también son víctimas de un sistema judicial lento, incomprensible y que otorga más beneficios al victimario que a la víctima.

Llegar a este final fatal, no se llega de la noche a la mañana. La violencia de género empieza de una manera muy sutil, como la historia de Carla y Esteban que les narro a continuación, que estaban muy enamorados, decidieron mudarse juntos y luego…
“Carla y Esteban se conocieron una noche en un bar y luego de unos meses de noviazgo, en donde todo parecía perfecto, decidieron mudarse juntos. Carla creyó haber encontrado a la persona indicada. Pero al pasar los días, Esteban empezó a cuestionar sus amistades, su forma de vestir, los lugares adónde iba.
Siempre hacía comentarios despectivos sobre las decisiones que Carla tomaba y cada vez que ella le contaba algo bueno que le pasaba, él le encontraba el defecto y aparecía nuevamente su crítica destructiva. Carla encontró un trabajo que le permitía solventar sus gastos y aportar algo de dinero para los gastos del hogar, relacionarse con otras personas, sentirse orgullosa de poder cumplir sus metas.
Pero a Esteban no le gustaban sus compañeros de trabajo, le decía que ganaba poco dinero y que por esa plata era preferible quedarse en su casa.
Una mañana Carla preparó el desayuno y olvidó ponerle azúcar al café de Esteban, y ahí fue cuando le dijo que ni un café con leche sabía preparar, “sos una inútil”.
Una noche, Esteban llegó del trabajo y la cena no estaba lista, Carla había trabajado horas extras y llegó tarde a casa. Él la cuestionó: “¿adónde estuviste todo el día que no llegaste a preparar la cena?” y después la insultó.
Carla se preparaba para salir a festejar el cumpleaños de una compañera de trabajo, “¿con esa ropa vas ir?, ¿no será demasiado?, no tomes alcohol y portate bien”. Cuando regresó la interrogó, la tironeo del brazo, la empujó y le pegó.
Esteban, llorando y de rodillas le pidió perdón, le juró amarla, le prometió que jamás volvería a pasar. Le dijo que no sabía qué le había pasado pero que estaba seguro que nunca más se repetiría.
Carla lo perdonó y le creyó.
Cayó en la trampa.
Siente miedo.
Carla le tiene miedo.
Tiene miedo de terminar la relación, tiene miedo de no poder seguir adelante sola, tiene miedo de morir”.
La crónica puede tener varios finales, Carla puede no hacer nada hasta su muerte; Carla pueda hacer miles de denuncias hasta su muerte; Carla puede tener la suerte de que antes de que la maten, alguien la escuche y la justicia actúe.
Si estás leyendo estas líneas y te encontrás en una situación similar, aún estás a tiempo, ¡¡GRITÁ!! Pedí ayuda, buscá una tribu de apoyo, contención y acompañamiento.
No tenés que soportar sus gritos, su maltrato, su control y sus insultos. Si las raíces de esa “mala hierba” no te deja huir, gritá, gritá fuerte.