[Música e Historia] De tesoros, piratas «y una botella de ron» (VIDEO)

 “El diablo y la bebida hicieron el resto”

Escribe: Leo Muñoz

La Isla del Tesoro

“La Isla del Tesoro” escrita por Robert Louis Stevenson fue publicada como libro por primera vez en 1883, ya que entre 1881 y 1882 apareció en una serie de entregas periódicas en una revista infantil.

Puede afirmarse que es la mejor novela sobre piratas escrita en la historia, devorada por generaciones que soñaban con la posada del “Almirante Benbow”, el joven Jim, Billy Bones, Black Dog, John Silver y su loro, Ben Gunn, el doctor Livesey, Trelawney.

Una serie de personajes creados por Stevenson con el aporte de su propia familia, para inmortalizar a los navegantes de “La Hispaniola” que enfrentarían todo tipo de peripecias en el mar y en la famosa isla.

Apenas iniciado el primer capítulo el viejo marino Bones canturrea borracho en la posada “Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto. Son quince, ¡oh, oh, oh!, son quince ¡viva el ron!”.

De piratas, bucaneros y filibusteros

La piratería es una actividad extendida en “los sietes mares”, desde la antigüedad. Pero en el relato de Stevenson la isla buscada está en las Antillas, algunos registros indican que la isla se ubicaría en las Islas Vírgenes Británicas, donde existe incluso la “Isla del Cofre del Hombre Muerto”.

La posada de la familia de Jim en Bristol también es reclamada por varios locales que se proponen como inspiración. La piratería en los mares consiste en apoderarse por la fuerza de riquezas mediante el abordaje de del navío de las víctimas de turno.

En tiempo en que la corona española enviaba enormes cantidades de oro, plata y piedras preciosas desde las Antillas en América, la piratería era intensa en el Caribe. La palabra bucanero originalmente se refería a los habitantes de la isla La Española, hoy Haití y República Dominicana, los cuales al practicar la piratería convirtieron la palabra en sinónimo de pirata. Otra palabra usada como tal es filibustero.

Corsarios argentinos

La patente de corso permitía a un barco piratear contra barcos de bandera enemiga de la nación que les daba este reconocimiento, de modo que de caer prisioneros no eran juzgados y ejecutados prontamente como piratas.

Los corsarios fueron muy importantes durante nuestra Guerra de Independencia, causando pérdidas notables a los buques españoles. Los puertos de referencia eran Buenos Aires y la costa Este de Estados Unidos, con patente de corso y bandera de las Provincias Unidas.

Podemos mencionar a Guillermo Brown en 1815 y 1816, David Jewett entre 1815 y 1817, Tomás Taylor en 1815 e Hipólito Bouchard desde 1817.

Durante la Guerra contra el Imperio del Brasil volvieron a la actividad los corsarios argentinos, causando cuantiosas pérdidas a los brasileños, en campañas lanzadas o conducidas por Brown, César Fournier, Tomás Espora y Leonardo Rosales.

En la actualidad son decenas los ataques piratas en los mares, especialmente contra cargueros y buques de lujo, y esto no es literatura.

Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto,

Son quince, ¡oh, oh, oh!, son quince ¡viva el ron!

El diablo y la bebida hicieron el resto,

El diablo, ¡oh, oh, oh!, el diablo, ¡viva el ron!

Quince hombres sobre el cofre del muerto,

¡Yo, ho, ho! ¡Y una botella de ron!

La bebida y el diablo se encargaron del resto,

¡Yo, ho, ho! ¡Y una botella de ron!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *