[Historias] Francois Cevert y la tragedia en la Fórmula 1: Cuando el destino está marcado

Albert François Cevert Goldenberg fue un piloto de automovilismo francés. Disputó 4 temporadas en Fórmula 1, desde 1970 hasta su muerte, con el equipo Tyrrell. En dicha categoría logró una victoria en trece podios y finalizó tercero en el campeonato 1971. Su destino trágico, quizás, ya estaba marcado.

Escribe: Roberto Alassia

En 1966 una muchacha llamada Nanou Van Melderen consultó a una clarividente parisina.

“Tu novio va a tener mucho éxito -le dijo la quiromántica-, pero su trabajo los va a separar”.

Nanou relató a su novio lo que había sucedido y este, un piloto escéptico llamado Albert Francoice Cevert, decidió ir a ver a la bruja por su cuenta sin decir quién era. 

La clarividente le expuso la misma visión, pero agregó un detalle: – No puedo ver tu 30° cumpleaños, repuso.

– No importa, replicó Cevert siempre reacio. “Seré campeón mundial antes de eso”.

En 1970 Cevert llegó a la Fórmula 1. Al año siguiente formó parte del equipo Tyrrell y ganó su primer Grand Prix.

En 1973 consiguió muchos segundos puestos, especialmente detrás de su coequiper, el escocés Jackie Stewart que lideraba el mundial.

– Te está yendo muy bien le alentaba su madre, Huguette.

– Sí, pero no voy a ser campeón este año.

– Bueno, será el próximo, lo consolaba ella.

El 6 de octubre de 1973, en la clasificación del Grand Prix de los Estados Unidos, Cevert salió de los boxes asegurando: “Voy a poner este auto en la Pole Position y regreso”.

Nunca volvió.

En la tercera vuelta y después de que desde boxes le avisaran que tenía el mejor registro, sufrió un despiste mortal. No tuvo la más mínima chance. Había vivido 29 años y algunos meses.

Al año siguiente, Huguette, su madre, supo de la historia de la clarividente contada por Nanou en un Libro sobre Francois, y decidió ir a verla.  Llevó una foto de su hijo cuando tenía 12 años.

– Hábleme de él…pidió.

La mujer puso su mano sobre la foto, cerró los ojos…

– Veo mucho éxito, muchas cosas, será fantástico, será admirado por las mujeres y lo conocerá todo el país…

Pero, de pronto enmudeció.

Abrió los ojos, miró a Huguette.

 -Y está muerto.

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En el receso entre dos fechas de aquella temporada Stewart y Cevert volaron a Bermuda para disfrutar en familia esos momentos de vida en los que se apagan los motores y simplemente hay disfrute y relaje.

Había un restaurante muy fino en aquel lujoso hotel en el que se alojaron, y cada noche a la hora de cenar se vestían de saco y corbata. La atmósfera era magnífica, la comida excelente y cuando servían el café, Francois iba caminando hacia el piano, se sentaba y tocaba la Sonata N°8 en C Menor para piano de Beethoven, comúnmente conocida como la Patética.

Era su tema favorito y, mientras sus dedos bailaban sobre el teclado, todos los asistentes, y en modo especial las mujeres lo contemplaban completamente encantados.

A siete semanas del luctuoso accidente, los Stewart fueron a pasar la Navidad en su mansión de Begnins en Suiza.

El matrimonio se sintió sorprendido cuando Mark su pequeño hijo preguntó si podía tener algún dinero porque quería comprarles un regalo para la Navidad.

Tenía solo cinco años así que Helen lo llevó a Nyon. Mientras caminaban se detuvo el niño en una Disquería, pidió entrar y requirió que Helen se quedara afuera.

El niño caminaba y apenas era alto para alcanzar los estantes donde estaban los discos en exposición, eventualmente eligió un álbum al azar solo porque le gustó la tapa brillante.

Lo llevó al mostrador, se lo envolvieron para regalo, lo pagó con el dinero que llevaba y salió apretando el paquete de manera de que su madre no pudiera ver cuál era el presente

Francois Cevert había sido extremadamente cercano a Helen y le había contado que, si alguna vez algo llegaba a pasarle a él, donde sea que estuviera se las arreglaría para de alguna manera enviarles un mensaje o alguna clase de signo para hacerles saber que estaba bien.

A la hora de los regalos rompieron el envoltorio del regalo de Mark y se encontraron con un álbum discográfico completamente al azar elegido por el niño.

Era un Disco de la Sonata número 8 en C menor de Beethoven, conocida como la Patética.

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