[Tiempo Loco] ¿Por qué las heladas no siempre ocurren en los días más fríos?

Cuando se habla de heladas, suele pensarse que se producen simplemente porque la temperatura desciende mucho. Sin embargo, desde el punto de vista meteorológico y agropecuario, la realidad es más compleja: la formación de una helada depende de una combinación de factores atmosféricos y no solamente del valor mínimo que marque un termómetro.

Escribe: Mag. Hernán Allasia

Una helada ocurre cuando la temperatura del aire cercana al suelo, o la temperatura de la superficie terrestre, desciende hasta valores iguales o inferiores a 0 °C. Para que esto suceda con intensidad suelen combinarse cielo despejado, escaso viento, aire relativamente seco y pérdida rápida de calor durante la noche.

Las noches despejadas son clave. Durante ellas, la superficie terrestre libera hacia la atmósfera gran parte del calor acumulado durante el día mediante radiación terrestre. Cuando no hay nubes, esa energía se pierde con mayor facilidad y el suelo se enfría rápidamente.

En cambio, una noche con abundante nubosidad puede registrar temperaturas bajas y aun así no producir heladas. Las nubes actúan como una manta térmica natural que devuelve parte del calor emitido por la superficie y reduce el enfriamiento nocturno.

El viento también es decisivo. Si el aire permanece calmo, el aire frío se acumula cerca del suelo. Si hay viento moderado, las capas de aire se mezclan y se dificulta la formación de escarcha. Por eso, una noche de 2 °C con cielo despejado y viento en calma puede generar una helada más notoria que otra de 0 °C con nubosidad y viento.

En la región central de Argentina, las heladas radiativas son las más frecuentes durante otoño e invierno. Tienen impacto sobre cultivos extensivos, frutales, huertas y pasturas, por lo que conviene observar no sólo la temperatura mínima, sino también nubosidad, humedad, viento y duración del período frío.

🌾 DATO AGROPECUARIO: Las heladas radiativas son las más frecuentes en Córdoba y suelen producirse durante noches despejadas, secas y con poco viento. Son relevantes para cultivos sensibles, pasturas y producciones hortícolas.

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