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[VIDEO] Rugby en la cárcel de Villa María: Un tacle a la espera en prisión
Un grupo de unos 40 internos del Establecimiento Penitenciario Número 5 de nuestra ciudad realizan prácticas de rugby cada sábado. El denominado “Proyecto Fénix” busca incluir y mejorar la calidad de vida de los presos. La iniciativa se desarrolla con el apoyo de un grupo de profesores y exjugadores. Los creadores de la propuesta son el abogado Ignacio Blanc Codina y el deportista Kevin Bastos. El 14 de septiembre participarán por primera vez en un torneo intercarcelario en Bouwer.
Escribe: Germán Giacchero
Tras los muros, se oye ruidos.
Un tacle a la cárcel. O a la espera en prisión. O un tacle por la inclusión. O todo eso junto.
Fénix, como el Ave legendaria que se consumía por el fuego al final de su vida para luego renacer de sus propias cenizas. Con ese nombre se bautizó al primer equipo de rugby formado entre internos de la cárcel de Villa María.
Como una forma de resurgir entre tanta oscuridad, por el pasado y el presente de cada persona que sueña con la libertad perdida detrás de los muros y los barrotes de la penitenciaría.
Para reponerse de los momentos de crisis y de adversidad, para sembrar el germen de un futuro nuevo comienzo.
Aunque los errores del pasado no puedan borrarse a golpe de tacles y tries, una mueca de esperanza asoma cada sábado para ese conjunto de 40 presos que practican rugby durante un par de horas.
Puntapié inicial
Junto a ellos, un grupo de rugbiers, exjugadores y entrenadores que por voluntad propia se suman a la causa que lleva solo unos meses en vigencia, pero que tardó bastante tiempo más en hacerse realidad.
Es que el abogado Ignacio Blanc Codina y el deportista Kevin Bastos debieron batallar duro contra un sistema que les impedía desarrollar su idea. No se conocían entre sí, pero por separado tenían en mente el mismo plan.
“Luego de un año y medio casi de una intensa pesquisa buscando actores, puertas donde golpear, ver ventanas que se cerraban, pareció ser el puntapié inicial de una conexión de dos personas que estaban golpeando puertas de manera aislada y que no tenían grandes avances en lo que era la concreción de esta idea dentro de la cárcel”, explicó Blanc Codina a EL REGIONAL.

Y el puntapié llegó a mediados de mayo pasado: de los 95 internos que mostraron interés inicial, quedó poco menos de la mitad. “Por una cuestión de tamaño de la cancha, les hicimos saber que lamentablemente no íbamos a poder trabajar con todos, si lo queríamos hacer de manera sostenida y algo bien hecho”, aclaró el impulsor.
Además de las limitaciones del espacio, el filtro para armar la base siguió por las condiciones físicas y el comportamiento demostrado en los entrenamientos. Sobre un número de 45 personas se realizó un ajuste final de dos o tres más y ahí quedó el total que realiza las prácticas cada sábado.
Los entrenadores son voluntarios que aman este deporte de alto contacto físico y gran trabajo en equipo. “Están Nicolás, Ignacio, “Chino”, Mariana, Gonzalo, todos colaborando con distintas funciones dentro del grupo y permanentemente trayendo desde afuera otros coachs de clubes, exjugadores de rugby, como para que puedan nutrirse los internos, no solo de nuestra visión, sino también de los aportes que puedan tener y los conocimientos otros jugadores”.




“Esto nos llena el alma, realmente, porque vemos un compromiso fenomenal de parte de los jugadores. Vemos no solo compromiso, sino también una predisposición permanente a cumplir las instrucciones que les damos los coachs, no solo adentro de la cancha, sino también en pequeñas cosas que hacen a ir teniendo valores que tienden a fomentar cosas positivas en ese camino de reinserción que transitan los internos”, remarcó el profesional.
Para que esto sea realidad también contaron con el apoyo de autoridades del establecimiento carcelario, como su director Diego Taverna y el jefe de Operaciones Tácticas, César Cresimbeni; además del juez de Ejecución Penal, Arturo Ferreyra.
Presente y futuro
Los jugadores son todos condenados por distintos delitos y algunos tienen tras sus espaldas mochilas de largas sentencias por cumplir. “La particularidad con los internos que están desarrollando la práctica es que todos están alojados en pabellones donde hay buena conducta, pues es uno de los requisitos del Servicio Penitenciario para poder practicar el deporte”.
Si bien no se trata de un taller oficial en el organigrama del penal villamariense, sus creadores esperan que Fénix haya llegado para quedarse. “Queremos que tenga un tránsito institucional para hacerlo bien organizado, con estándares que permitan llevar a buen puerto la actividad”.
“No tenemos un plazo determinado. Esperamos, por supuesto, que los resultados muestren la utilidad de este proyecto y que las autoridades nos sigan acompañando, al igual que se hace en las distintas unidades de la provincia, donde hay proyectos que hace muchísimos años que están, porque se ve el fruto. Ese es nuestro anhelo”, manifestó.




Por lo pronto, el equipo local participará por primera vez en un torneo intercarcelario que se desarrollará en el penal de Bouwer el 14 de septiembre.
“Esto no solo es una enorme alegría para nosotros, sino también la responsabilidad de hacerles entender a nuestros jugadores el enorme compromiso que las 24 personas que van a viajar tienen, no solo para representar fielmente a sus compañeros que no van a poder viajar por una cuestión de espacio, de estructuras y todo lo demás, sino también con ellos mismos”, comentó.
“Porque el rugby supone plantarse frente a la adversidad en los momentos más difíciles. ¿Y cómo uno reacciona en esa adversidad? Bueno, veremos qué sucede en el momento de enfrentar a los rivales desconocidos, ver qué grado de madurez tiene nuestro grupo para sobrellevar esas situaciones, salir airosos, volver a levantarse y seguir adelante”, agregó.
Detrás de cada participante hay una historia de vida. “Uno de los testimonios que más me marcó, por lo menos a nivel personal y creo que a mis compañeros también, fue el uno de los jugadores que nos dijo que su mamá, después de muchos años sin hablarle, mucho menos sin visitarlo, lo había llamado para decirle que se sentía muy orgullosa de él porque había visto en los medios cómo él estaba practicando y abrazándose a través del rugby a un nuevo estilo de vida”.
“Esas son cosas muy fuertes que te marcan porque le ponen sentido y personifican ese proyecto que a veces puede parecer abstracto, pero que, llevado al cuerpo y la vida de una persona, es un testimonio real, cercano y verídico de una obra que hace mucho más de lo que uno piensa”, reflexionó Blanc Codina.
Para finalizar: “Cada sábado nos sentimos repletos, como si los jugadores nos dieran mucho más a nosotros de lo que nosotros podemos dejar en esas tres horas que entrenamos detrás de esos gruesos muros que tiene la unidad”.
Tras los muros, se oye ruidos.
Un tacle a la cárcel. O a la espera en prisión. O un tacle por la inclusión. O todo eso junto.
Lo que importa es que, aunque lejano, el sueño de libertad no deja de estar presente en esas almas rotas alguna vez, que recogen sus pedazos para volver a renacer cada sábado.