El Paraje «Cuatro esquinas» de calle Buenos Aires: boliche, escuela y fábrica

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Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

Investigando sobre el tema de los almacenes, parajes y boliches que se fueron asentando en cercanías de Villa María, me permitió conocer un campo, donde además de contar con negocio de venta de comestibles y bebidas, se instaló una escuelita rural, en la que estudiaron los niños descendientes de inmigrantes, que a fines del siglo diecinueve y comienzo del veinte se asentaron por estos pagos.

La calle Buenos Aires, honda y angosta, se prolongaba hacia el norte y llegaba a La Playosa, y que, por expropiación mediante, pudo ser ensanchada y en un cruce de caminos se asentaron aquellos inmigrantes. Así nació el paraje “Las 4 esquinas de calle Buenos Aires”, distanciada unos 8 kilómetros de la céntrica Plaza Centenario de nuestra ciudad.

Según lo demuestran los archivos, por declaratoria de herederos del 18 de julio de 1938, labrada ante el escribano doctor Nicolás E. Hillar con estudios en esos momentos en calle San Martín 247, consta que el día 20 de enero de 1884, don L. Rivas les compró 2.333 hectáreas a los señores Bernardo Fernández y Alejandro Voglino.

Los comienzos

A principios del siglo veinte existía una línea férrea privada, de trocha angosta, que de los montes de Samuel Moyano y de Los Prados, transportaban leña para el ferrocarril hasta Ana Zumarán y de allí al depósito de Las Playas.

Además, el aserradero Bermúdez y Figueroa, aparte de sus propios montes, también proveía madera desde esa zona. Hace algunos años quedaban algunos restos de esa línea férrea.

En 1912, don Natalio González y su esposa, ambos españoles, abrieron un almacén en una de las esquinas, que con el correr de los años se convirtió en un comercio de Ramos Generales, que llegó a ser un emporio comercial, en el que había también un surtidor manual para la venta de combustible, ya que comenzó a ser importante el movimiento de automotores.

No había escuela oficial, pero daban clases maestras particulares contratadas por don Natalio, en su casa, para sus hijos y también concurrían niños de los colonos vecinos.

Primera bomba para extraer agua usada en el lugar.

La escuela

El doctor Alejandro Vernet, quien tenía campo allí, fue consultado sobre qué posibilidad habría para que se instalase una escuela oficial, quien sugirió que organizaran un gran asado gratuito, que él se encargaría de invitar a los políticos y autoridades de la provincia, a fin de comprometerlos para lograr el objetivo.

Don Julián Lorenzo colaboró con un novillo y Natalio González donó el terreno para la escuela, además de colaborar con el pan, vino y demás comestibles. Ese almuerzo se organizó en el año 1932 y en 1933 se inauguró la escuela “Cristóbal Colón” y su primera maestra fue la señorita Noemí Lagos Altamira. Se daba clase hasta segundo grado y con el tiempo se completó hasta sexto.

Además de la excelente enseñanza, los alumnos recibían clases de moral y buenas costumbres; de ella surgieron educadores, profesionales, empresarios, comerciantes y algunos llegaron a destacarse en diversos medios, desempeñando importantes cargos públicos.

Exalumnos de la escuela, en una imagen de hace unos años.

Trabajo y deportes

La forma de trabajar en esa colonia, por imperio de las circunstancias, se transformó de agrícola a ganadera. En el año 1943 se realizó allí “La Primera Fiesta Vasca” de la zona. Se abrió una fábrica de quesos que en 1947 se transformó en la “Cooperativa Las 4 Esquinas”, que ocupó a muchos obreros.

El movimiento fue intenso, dado que los tamberos al llevar la leche a la fábrica, por la mañana y por la tarde, aprovechaban los viajes para llevar y retirar a sus hijos de la escuela, realizar compras y jugar a los naipes y a las bochas. Se fundó el club de fútbol Independiente y se construyó una pista para realizar reuniones bailables.

Por las décadas de 1950/1960 se disputaban campeonatos de bochas a campo abierto, torneos de fútbol, desafíos a los naipes por el asado, la cuestión que era este un lugar de activa vida social.

En la década de 1970 llegó la electricidad, lo que produjo un cambio radical en la forma de trabajar y de vivir de los habitantes del lugar, además de la aparición en escena del transporte automotor.

Baile con el sol de noche como toda iluminación.

La fábrica

Hacia 1980, la fábrica produjo un cambio sustancial en la forma de recepción de la leche, ya que se decidió por el sistema de planchas, pasando a buscarla tambo por tambo, lo que redujo el movimiento de personas en toda la zona, que produjo una notoria emigración de sus pobladores.

Los recuerdos juegan en la memoria de quienes allí vivieron y que han colaborado para realizar esta nota, entre otros, la señora Gladys Tolosa y el señor “Lalo” Rivas (foto de portada), exalumnos de la escuela, con quienes tuve la oportunidad de asistir a una clase dictada por la maestra y directora en aquel momento, la señora Ana María Para.

El salón del almacén fue vendido por don Natalio a Chiavassa Hnos., quienes se lo transfirieron a don Manuel Tolosa, siguiendo con su explotación Rómulo Bagües, Alejandro Barrionuevo y Oscar Pedernera. Luego lo compraron los señores Miotti Hnos., que luego lo alquilaron.

En la esquina enfrente del almacén, en los principios de las “4 Esquinas”, don Juan Pintado había instalado una carnicería, que después la continuó don Remigio Foruria y la cerró y en ese lugar don Pedro Osler abrió una herrería.

Pasado un tiempo, los hermanos Gregorio y Miguel Tolosa reabrieron la venta de carnes, que fue después atendida por Eduardo Lorenzo y Federico Finelli, época en que este negocio fue trasladado a la esquina donde funcionaba el almacén y despacho de bebidas.

Nombres propios

Dieron vida a este nombrado e importante encuentro de laboriosas familias, entre otros, los colonos José Dellarrossa, Manuel Fernández, (dueño del monte Las Pichanas), Andrés Fernández, Estancia Garzón Agulla, Bartolo Primo, Juvenal Allende, Pablo Medrano, Brígido Albornoz, Datta Hnos., Hermán Hubelli, Domingo Nallino, Arnaldo Pochulú, Rogelio Rivas, Julián Lorenzo, Herminio y Alberto Russo, Romualdo Gadara, Rubén Decarli, Francisco Temporini, Manuel Lorenzo, “Lalo Rivas”, Fogliatti, Cafaratti, “Negro” Luque, los tamberos de Carlos Anselmo, Aníbal Delgado, Hermanos Mattar, hermanos Airas, hermanos Zavala, Eusebio, Norberto Oria y Walter Analino.

Es interesante destacar que los señores Perossi Hnos., de nuestra ciudad, también fueron clientes de la carnicería de las “4 Esquinas”, desde 1975 hasta el año 1980.

Fuente: Colaboraron, además de las personas ya nombradas en la nota, Mary Lorenzo y Alejandro Barrionuevo, a quienes les estoy muy agradecido.

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