De covidiota a infectadura: Las nuevas palabras que impuso la pandemia

Escribe: Germán Giacchero

Cuarentena ya no es el periodo posterior al parto en el que había que aguantarse las ganas, aislamiento social no refleja una patología mental, ni confinamiento estricto hace ya referencia a pautas legales o carcelarias.

La meseta ya no se estudia en Geografía y aplanar la curva no necesariamente indica un exceso en los límites del abdomen. El relajamiento ha adoptado un sentido más negativo y epidemiología e infectología ya casi pasaron a formar parte de la atención primaria de la salud.

Y, por supuesto, la llamada nueva normalidad, no tiene nada de normal.

Más allá del sentido del humor, la pandemia llegó para cambiarlo todo. Incluso la forma como nombramos la realidad que nos rodea. Ante la necesidad, claro, de encontrar nuevos términos para dar cuenta de fenómenos producidos en tiempos de covid generalizado.

De esta forma, la epidemia global hizo emerger una nueva terminología a la cual nos debimos adaptar. Y este vocabulario científico ha comenzado a usarse en ámbitos más coloquiales. Pero, a su vez, también surgieron transformaciones de esas nuevas palabras.  

Los llamados neologismos, las palabras nuevas que se incorporan a un idioma, sumaron alrededor de 300 en solo un año y algunos ya llegaron a ser “jerarquizados” por la Real Academia Española.

Covidiota (un término que marcó tendencias en las redes sociales), coronadivorcio y coronabebé, por ejemplo, ya gozan de estatus académico oficial. Pero, al mismo tiempo que ingresan al Olimpo lingüístico español, dejan de ser considerados neologismos, es decir, palabras novedosas.

Nombrar la realidad

“Una vez que se incorporan a un diccionario dejamos de hablar de neologismo. Pero, hay distintos criterios para que eso ocurra. Una palabra nueva se deja de considerar como tal cuando pasan diez años de su aparición”, explicó la profesora de Lengua y Literatura y becaria del CONICET, Bibiana Castillo.

La docente forma parte de un equipo de la Universidad Nacional de General Sarmiento (Los Polvorines, Buenos Aires), que, a su vez, integra la Red de Antenas Neológicas coordinada por la Universidad PompeuFabra (Barcelona).

“Nuestro equipo investigó y detectó unas 300 nuevas palabras. Algunas, quizás, vayan a quedarse, mientras otros van a ser olvidadas. No solo aparecen en la oralidad, mucho más en las redes sociales y los medios de prensa”, indicó la docente en diálogo con C20 Noticias.

Bibiana Castillo, en la entrevista con Canal 20 Noticias (Captura web).

Los vocablos de uso más reciente manifiestan las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas. Y la “nueva normalidad” acopió un amplio glosario de neologismos, muchos de los cuales utilizamos con frecuencia cada día.

“La misma palabra coronavirus comenzó a ser parte de nuestra cotidianidad. Covid, el acortamiento del nombre de la enfermedad también es considerado un neologismo. Es de las palabras que forman parte de nuestro vocabulario, y quién sabe si llegaron para quedarse”, expresó Castillo.

Sobran los ejemplos

“En un primer momento de la pandemia, comenzó a usarse mucho ‘infodemia’, la unión entre información y pandemia, para hacer referencia a la gran circulación de información falsa que generó muchas veces pánico social”, graficó la investigadora.

“Las lenguas se van renovando todo el tiempo sobre todo en el léxico, formando nuevas palabras, tomando de otras lenguas o con palabras que han adquirido nuevos significados, aclaró.

Al momento de generar nuevos términos, apuntó la profesora, “es muy común usar el proceso llamado acronimia, es decir, acortar palabras para unirlas”.

“Infectadura (infectólogos + dictadura), con el que algunos sectores creyeron que se recortaban libertades a partir de las nuevas reglas, es un caso”, ejemplificó.

“Aunque también hay algunos muy graciosos como covidivorcio (separación legal en tiempos de pandemia) o el famoso covidiota”, agregó.

Esta última ya fue reconocida por la Real Academia Española y alude a las “personas que se niegan a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid”.

Otra forma de incorporar neologismos es a través de los préstamos idiomáticos. “Muchos fueron tomados del inglés que se hicieron un calco en el español. Coronial (Coronavirus + millenial) o cuarentenal (cuarentena + millenial), haciendo referencia a los que nacieron o se criaron en este contexto”.

El uso de prefijos y sufijos también está a la orden para contribuir a alimentar el vocabulario cotidiano. “Con respecto a la prefijación están los famosos ‘anti’, antivacunas o anticuarentena. Con sufijos, cuarentenar, por ejemplo, y aplausazo, que hacía referencia a cuando en un horario determinado se salía afuera a aplaudir al personal de salud. En otros lados, se denominó aplauso sanitario”, expuso la profesional.

Entre los términos con significados renovados aparece barbijo. “Hoy es el accesorio pensado para ir a la calle, pero antes era exclusivo del ámbito médico. También aparecen sus variantes, como tapabocas y mascarilla, entre otros”, finalizó.

Por supuesto, los ejemplos sobran y cada uno ya debe tener alguno para dar.

¿Cuál es el tuyo?

Lenguaje inclusivo

Consultada respecto del denominado lenguaje inclusivo, Castillo remarcó que se trata de otra demostración más de la renovación del lenguaje, “no respecto a adquirir palabras nuevas sino a cambiar la morfología”.

“En el español siempre tuvimos dos géneros, y llega la necesidad de los hablantes de denominarse según como cada sujeto se autopercibe”, dijo.

“En este sentido, lo interesante de estudiarlo es eso. La capacidad permanente de innovar el lenguaje, estar en constante cambio, el famoso cambio lingüístico. Dependerá de los hablantes el futuro que tenga, de ser usado o no”, finalizó.

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